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Mensajepor Oraculo » 25 Jun 2009, 15:47

Otra contra de la Vanguardia.

Benjamin Barber, politólogo de Demos: asesoró a Clinton sobre el voluntariado civil"A quien no ha ido a votar habría que multarlo"LLUÍS AMIGUET - 25/06/2009

Tengo 69 años que tuve la suerte de vivir de país en país. La ciudadanía supera a la tribu: naces en tu tribu por azar, pero tu ciudadanía la eliges. Creo en una religión civil: soy demócrata de religión. Soy estadounidense eurófilo y ciudadano sin fronteras. Ciudadanos: ¡Asociaos!

Poco antes de la caída del Muro di una conferencia en la Universidad de Leipzig, entonces en la comunista RDA, que acabó entre gritos de... ¡democracia! y ¡libertad!

La Stasi debió tomar nota.

Luego, los estudiantes demócratas me enseñaron la ciudad y vi montañas de basura en los parques: Amigos - les dije-,¿por qué no os organizáis y limpiáis vuestros parques?

Una pregunta perversa, profesor.

Me miraron indignados y contestaron: "Limpiar las calles es deber del Estado" y después pusieron al Estado comunista de vuelta y media por su ineficacia.

¿Usted qué dijo?

Que la democracia es asumir que las calles son tuyas - no de ningún funcionario-y si la persona en que has delegado esa tarea no la hace, la sustituyes en las próximas elecciones, pero, de momento, debes limpiar tú.

¡Vaya políticos si tengo que limpiar yo!

Son nuestros representantes: ¡tan buenos o malos como nosotros mismos que los elegimos! La democracia no es un partido de fútbol en el que eres espectador, eres jugador: ¡es tu gobierno: no puedes limitarte a votar, ir a casa y luego quejarte del resultado! Es cierto que los partidos nos enfrentan y ponen sus intereses por encima de los de todos. Jefferson sentenció: "Los partidos sólo trabajan para sus intereses y de esa forma degradan la pureza de la democracia"...

¿Lo ve, profesor?

... Pero cuando un país tiene 40 millones de habitantes o 300 como el mío o 1.000 como India, me temo que son el único modo de articular una democracia representativa. Por cierto, Jefferson diez años después de decir eso, fundó el Partido Demócrata.

Un ejemplo más de coherencia política.

Los partidos no son buenos ni malos, son inevitables, pero debemos contrarrestar su perversa deriva partidista.

¿Cómo?

De abajo arriba: con una sociedad civil articulada y proactiva, organizada en asociaciones para velar por la calidad de los colegios, la sanidad, los barrios. Esas asociaciones deben fiscalizar y guiar al gobierno día a día.

¿Eso es política: asociar vecinos?

Es la política: el capital social de un país, el índice de su calidad democrática que no depende de sus líderes, sino de su ciudadanía.

No podría citarle un sólo líder político suizo, pero ¡qué pequeño gran país!

Esos países con gran calidad de vida tienen ciudadanías organizadas que ya no necesitan grandes líderes con carisma, porque cada ciudadano participa a través de sus asociaciones en la gestión pública. Aquí deberíamos empezar por que el liderazgo político fuera más allá del puro partidismo.

Eso dicen todos en campaña.

A eso ayuda no haber sido elegido a dedo candidato por el aparato de tecnócratas de un partido que te coloca en una lista, sino haber sido votado directamente por ciudadanos en asociaciones de electores.

Al final el electo deviene otro político.


Es la ley de hierro de la oligarquía: los elegidos para defendernos acaban olvidándonos y sirven a su nuevo club. Si no lo fiscalizamos - nosotros, no sólo su partido-el diputado del pueblo acaba sirviendo a sus nuevos amigos de Washington o Madrid.

Medio censo no votó en las últimas.

Por eso he propuesto que se multe al elector que se abstenga sin justificación.

Abstenerse es una opción legítima.

Decir que soy libre para no votar es admitir que eres libre para rechazar la democracia que te hace libre. No puedes usar la libertad para renunciar a ella. A quien no ha ido a votar habría que multarle.

Sólo es su opinión.

La democracia no es un partido televisado cada cuatro años. No puedes silbar a tus políticos sin implicarte en la gestión: ¡milita, da alternativas, entérate de la gestión de un área y entonces podrás criticar! Las elecciones democráticas ni se ganan ni se pierden.

¿Ah, no?

¡No! En los fascismos o ganas o te fusilan... O fusilas tú a quien te ha ganado. En democracia, las elecciones son para debatir cómo gobernarnos mejor entre todos así que uno tiene más votos que otro, pero nadie pierde. Luego la oposición debe servir al país y no sólo a su estrategia de derribar al gobierno.

Suena sólo a buenos deseos.

Es una fe: una religión civil en EE. UU. - Obama es su último profeta-con sus libros sagrados (la Constitución, la declaración de Independencia...); sus santos (Lincoln, Luther King) y que abraza a todo el que crea en ella. A la Unión Europea le falta de eso.

Si sólo le faltara de eso...

Esa religión civil evita que las demás religiones nos dividan y nos permite superar el tribalismo de etnias y territorios. El progreso de un país es inverso a su tribalismo: las sociedades más tribales son las menos democráticas. Si la ciudadanía en vez de mezclarse, se tribaliza, sucede lo de los Balcanes.

¿Su religión tiene una peregrinación?

El voluntariado: implicarnos. Se nos dice que nacemos libres y con derechos y es falso: no nacemos libres, la libertad hay que ganársela educándose y la democracia exige servicio. Todos somos nuestros líderes.

Obama repite que votarle no basta.

Ha ganado gracias al voluntariado no sólo al electorado y sólo cambiará el país si mantiene activos a sus voluntarios defendiendo reforma por reforma en cada asociación de padres y vecinos.


Lo que me ha gustado de este hombre es el asociacionismo y las primeras sentencias, lo de que no votes y te quejes si no lo hacen ellos cambialos pero de momento hazlo tu.
Cada vez mas prefiero construir que destruir.
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Mensajepor ANDALU REVOLUSIONARIO » 25 Jun 2009, 16:59

Pues yo me quedo con su concepto de libertad y su asociación con la democracia... No puede haber dos términos más ambiguos y maleables en el diccionario y los coge y los pone en el plano de lo que no es discutible...


Medio censo no votó en las últimas.

Por eso he propuesto que se multe al elector que se abstenga sin justificación.

Abstenerse es una opción legítima.

Decir que soy libre para no votar es admitir que eres libre para rechazar la democracia que te hace libre. No puedes usar la libertad para renunciar a ella. A quien no ha ido a votar habría que multarle.



Wala! "Eres libre para rechazar la democracia que te hace libre..." No sé quien es éste hombre, pero creo que o tiene demencia senil o es 62134 veces más totalitario que aquellos a los que seguramente llamará totalitarios... xD
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Mensajepor Oraculo » 25 Jun 2009, 18:17

ANDALU REVOLUSIONARIO escribió:Pues yo me quedo con su concepto de libertad y su asociación con la democracia... No puede haber dos términos más ambiguos y maleables en el diccionario y los coge y los pone en el plano de lo que no es discutible...


Medio censo no votó en las últimas.

Por eso he propuesto que se multe al elector que se abstenga sin justificación.

Abstenerse es una opción legítima.

Decir que soy libre para no votar es admitir que eres libre para rechazar la democracia que te hace libre. No puedes usar la libertad para renunciar a ella. A quien no ha ido a votar habría que multarle.



Wala! "Eres libre para rechazar la democracia que te hace libre..." No sé quien es éste hombre, pero creo que o tiene demencia senil o es 62134 veces más totalitario que aquellos a los que seguramente llamará totalitarios... xD

Si ese era el trozo mas radical y el que menos me convencia de la entrevista. XD
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Obelix
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Mensajepor Obelix » 10 Jul 2009, 20:10

Colocando unos papeles ha aparecido este artículo del cual no me acordaba. Y me ha parecido que alguien podría encontrarle sentido.

El culo de las señoras


Vade retro. Cuidado con esas alegrías y esos sobos. También está mal visto tocarles el culo a las señoras, incluida la propia. Hace unos días, las feministas galopantes se subieron por las paredes a causa de un anuncio publicado en la prensa –«La puerta de atrás del cine», decía el texto– donde una foto de espaldas de la pareja formada por un presentador y una actriz, posando frente a los fotógrafos, mostraba la mano de él situada sobre el trasero de ella. Pese a que la imagen –publicada en El País– fue elegida por un equipo de marketing compuesto por ocho mujeres y dos hombres, todos por debajo de los cuarenta años de edad, las furiosas críticas hablaron de atentado contra la dignidad de la mujer, de incitación a la violación, de «dar por supuesto que las mujeres están para satisfacción sexual de los varones», y de publicidad ilícita por utilizar el cuerpo femenino, o parte del mismo, «como mero objeto desvinculado del producto que se pretende promocionar». Tela. Cómo sería la cosa, que incluso la directora general del Instituto de la Mujer tomó cartas en el asunto, asegurando que la imagen de ese anuncio era «vejatoria para las mujeres», y las reducía «a un simple objeto sexual al servicio de los hombres, claramente ofensivo para las lectoras». Por supuesto, el apabullado diario en cuestión, por tecla de su defensor del lector, dio en el acto la razón a las feministas y pidió disculpas. No era nuestra intención. Cielo santo. No volverá a ocurrir, etcétera. Y las niñas de la matraca se apuntaron otra. Así van ellas de crecidas. Que se salen.

A ver si nos aclaramos. Una cosa es que las erizas, cabreadas con motivo y en legítimo ejercicio de autodefensa, marquen con claridad las reglas del juego: intolerancia absoluta frente a machismo y violencia sexual. Eso es lógico y deseable, y ningún varón decente puede oponerse a ello. Por lo menos, yo no puedo. Ni quiero. Pero otra cosa es que, jaleadas por demagogos oportunistas, acatadas sin rechistar sus exigencias por quienes no desean buscarse problemas, una peña de radicales enloquecidas mezclen de continuo las churras con las merinas, empeñadas en someternos a la dictadura de lo socialmente correcto, retorciendo el idioma para adaptarlo a sus atravesados puntos de vista, chantajeándonos con victimismo desaforado, acorralando el sentido común hasta el límite de la más flagrante gilipollez. Y al final conseguirán que retrocedamos en el tiempo, que no se distinga socialmente el acoso sexual del simple ligoteo de toda la vida, que un amante se convierta en violador y deba avergonzarse de sus gestos en público, y que todo cuanto tiene que ver con la belleza de los cuerpos y la deliberada, consentida, gratificante y necesaria relación física entre hombres y mujeres, produzca recelo y se rodee de un ambiente sórdido y clandestino. Esa panda de tontas de la pepitilla va a lograr que todo parezca malo y obsceno otra vez, y que a los críos se los eduque de nuevo en la hipocresía de hace cuarenta años, cuando en los cines se censuraban escotes, faldas cortas y escenas de besos, y los obispos de turno –también diciendo velar por la dignidad de la mujer– le ponían a todo la etiqueta del pecado.

Respecto a los culos de señoras en concreto, qué quieren que les diga. Que me fusilen las talibanes de género y génera, pero he puesto la mano en alguno, como todo el mundo. Y creo recordar que no sólo la mano. La verdad es que nunca se me quejó nadie. Incluso, puestos a echarnos flores, lo que también hicieron algunas señoras fue poner la mano en el mío, con perdón, sin que nadie las obligara. En el mío como en el de cualquier varón normalmente constituido que les apetezca, supongo, y con el que exista la intimidad adecuada para el caso. Porque afortunadamente –y que no decaiga, vive Dios– también ellas se las traen, cuando quieren traérselas. Además, no sé por qué diablos dan por supuesto las integristas de los huevos que todas las mujeres se sienten, como ellas, ofendidas cuando un hombre les pone la mano en el culo. Sobre todo si ese hombre lo hace seguro del terreno que pisa, y con consentimiento expreso o tácito del culo en cuestión. El sexo es una calle de doble sentido, y ahí precisamente radica la maravilla del asunto. En el toma y daca. A ver qué tiene que ver el culo con las témporas. Coño.


Arturo Pérez - Reverte
XL Semanal nº 940
http://eslafelicidadloquehoylamento.blogspot.com/

la sonrisa despeinada de ir en contra de los vientos

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Mensajepor Rojitas » 17 Jul 2009, 20:57

La doble moral de los medios

Vicenç Navarro

Uno de los mayores problemas que tiene la democracia española es la muy limitada diversidad ideológica que existe en los medios de información de mayor tiraje del país. Y ello es fácil de demostrar. Si miramos, por ejemplo, el número de artículos críticos hacia el presidente Chávez y su Gobierno en Venezuela que se han escrito en los últimos doce meses en los cinco diarios de mayor difusión en España, vemos que se han publicado nada menos que 72. Si buscamos, en cambio, artículos favorables al presidente Chávez o a su Gobierno, no encontrarán ni uno (sí, leen bien, ni uno). Esta falta de diversidad contrasta con la existente en el país criticado –Venezuela–, donde pueden leerse, en la prensa venezolana de mayor tiraje, artículos críticos del presidente y de su Gobierno, así como artículos favorables. Lo mismo ocurre en los medios televisivos. En realidad es mucho más fácil encontrar artículos críticos sobre Chávez en los mayores medios venezolanos, que favorables a tal dirigente venezolano en los medios de mayor difusión en España. De tal hecho, fácilmente contrastable, puede deducirse que hay mayor diversidad ideológica y libertad de prensa en Venezuela que en España. Por mera coherencia ideológica, uno esperaría que las mismas voces liberales que están alarmadas por lo que consideran como un peligro para la democracia venezolana –la disminución de voces críticas en aquel país– estarían escribiendo artículos críticos de la extraordinaria limitación a la diversidad ideológica que existe en España. Pues no, permanecen callados. En realidad, son los mismos autores y editorialistas que denuncian alarmados la situación de Venezuela (preocupados por las limitaciones democráticas en los medios de aquel país), los que son responsables de la falta de diversidad ideológica en el nuestro. La doble moral de aquellos medios, en su supuesto compromiso con la libertad de expresión, es notoria y fácilmente demostrable.

Este asfixiante sesgo de aquellos medios de información y persuasión liberales tiene dos consecuencias. Una de ellas es que constantemente se está proveyendo opinión como si fuera información, la cual se convierte rápidamente en la sabiduría convencional del momento, al no poder ser contrastada con puntos críticos, que son excluidos de tales medios. Así, el colaborador de El País Antonio Elorza escribía un artículo titulado “Eclipse de la democracia” (27-02-09) en el que, además de homologar a Hugo Chávez y a Evo Morales con Berlusconi, señalaba “el caos de la política económica llevada a cabo por el Gobierno de Chávez” sin citar ningún dato o referencia que avalara tal conclusión. En realidad, la evidencia empírica publicada por instituciones que gozan de alta credibilidad como el prestigioso Center for Economic and Policy Research de Washington, o la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe, no apoyan tal opinión. El Gobierno de Chávez ha sido uno de los pocos gobiernos que ha conseguido sobrepasar el objetivo del programa de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas (de reducir la pobreza extrema a la mitad), disminuyéndola de un 25% de la población en el año 2003 a un 7,6% en 2007. Ha sido también uno de los países de América Latina que: 1) ha reducido más las desigualdades y el desempleo; 2) ha incrementado más el número de beneficiarios de la Seguridad Social, doblándolo; 3) ha reducido su deuda pública más extensamente, pasando de un 30% del PIB a un 14%; y 4) ha tenido un mayor crecimiento económico, una tasa promedio del 10,4% durante los últimos 20 trimestres, habiendo aumentado su PIB de 99.000 millones de dólares en 1999 a 227.000 en 2007.

Ninguno de estos datos ha aparecido en aquellos medios, donde la demonización de Chávez es una constante. De ahí la sorprendente noticia de que, según una encuesta reciente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), Chávez es el dirigente internacional menos valorado por la población en España, menos incluso que el presidente Bush de EEUU, valoración negativa que fue ampliamente citada por tales medios. No se citó, en cambio, que según la misma encuesta realizada en la mayoría de países de América Latina, la población venezolana era la que indicaba, en mayores porcentajes en aquel continente, que “su Gobierno actuaba para el bien de la población”, y que expresaba mayor satisfacción con la situación económica y social del país. Y era el segundo país de América Latina que creía que “la democracia funcionaba bien en su país”.

Tal negativismo hacia Chávez contrasta con el positivismo hacia el presidente Uribe de Colombia, uno de los gobiernos de América Latina donde los derechos humanos son más vulnerados. El Gobierno utiliza su campaña contra la guerrilla para reprimir a las fuerzas de izquierda, incluyendo partidos políticos, sindicatos y movimientos sociales que no tienen ninguna relación con la guerrilla. El 60% de los sindicalistas asesinados en el mundo lo han sido en Colombia, tal como documentó la Confederación Sindical Internacional el pasado 10 de Junio en París. Sólo en 2008 fueron asesinados 46 dirigentes sindicales. La conexión entre el Gobierno y los paramilitares es bien conocida y documentada, siendo estos últimos conocidos por su campaña de terror contra las fuerzas progresistas. Muy pocas de estas noticias han aparecido en aquellos medios.

Una última observación. Este artículo no es sobre Chávez o sobre Uribe. No es mi objetivo ni defender a Chávez (con quien tengo acuerdos y también muchos desacuerdos) ni denunciar a Uribe (labor que otros han hecho, más elocuentemente de lo que yo pueda hacerlo). Este artículo es sobre la falta de diversidad ideológica en los medios mayoritarios de nuestro país, que debiera ofender a cualquier persona demócrata que, independientemente de sus simpatías o antipatías hacia aquellos dirigentes, debiera
preocuparle lo que está ocurriendo en aquellos medios, que son más de persuasión que de información.

Vicenç Navarro es Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra
y profesor de ‘Policy Studies’ en The Johns Hopkins University
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Mensajepor DELETED » 17 Jul 2009, 23:38

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Mensajepor Rojitas » 23 Jul 2009, 21:19

Más interesantes los comentarios que el artículo en sí:

Izquierda social y abstención

Carlos Taibo

Transcurrido un mes y medio desde las elecciones al Parlamento de la UE, no parece amainar la discusión que, en lo que a la izquierda resistente se refiere, afecta a los resultados de aquellas. Al calor de esa discusión se olvida –parece– un hecho importante: dados los porcentajes, muy altos, de abstención, es obligado concluir que las elecciones configuran un termómetro poco adecuado para evaluar lo que ocurre en el mundo que ahora nos ocupa.
La abstención electoral, en cualquier caso, tiene mala prensa. De siempre se ha dicho que quienes se inclinan por no votar ofrecen un mal ejemplo y de siempre se ha dado por supuesto que no hay razones que justifiquen su conducta. Desde bastante tiempo atrás sabemos, aun así, que existe una bolsa, importante, de abstencionistas de izquierda. Parece servida la conclusión de que los partidos o listas emplazados a la izquierda del PSOE no han sido capaces de seducir a muchas de estas gentes, que se abstienen, claro, por algo. Digámoslo de otra manera: aunque antes de las elecciones del 7 de junio se apuntó, con un argumento respetable, que no era saludable que a aquellas concurriese media docena de listas diferentes en el terreno que nos interesa, mayor peso corresponde, sin duda, al hecho de que ninguna de esas listas acababa de convencer a la mayoría de las gentes de las que hablo.

Procuremos alguna explicación para lo anterior y anotemos, por lo pronto, que a menudo las opciones que concurren a las elecciones lo hacen, en franca renuncia de muchas de las convicciones que dicen ser suyas, de tal manera que acaban templando su discurso para no dañar eventuales expectativas. Se ha dicho, y vaya un ejemplo sonoro, que el gran fracaso de Izquierda Unida en esas elecciones fue su incapacidad para arrebatar votos que tradicionalmente han ido al PSOE. Sospecho que el análisis yerra y que, pese las apariencias, IU sí arañó votos socialistas. Ojo que la conclusión es delicada: Izquierda Unida sigue perdiendo apoyos entre su electorado leal y ello de resultas, en buena medida, de la anómala condición que la coalición exhibe. Receptora de votos socialdemócratas desencantados con la inanidad de las políticas del Gobierno central, IU pretende estar a todas, y unas veces lanza señales a ese electorado –ahí está su lamentable negativa a entrar en confrontación con las cúpulas de los sindicatos mayoritarios– y otras asume proyectos que, emplazados inequívocamente en la contestación del desorden existente, siguen yendo por detrás de lo que reclaman las redes sociales más activas.

Al final, dentro de IU como fuera de ella, las componendas no faltan. Si unos rehuyen promover lo que muchos entendemos que es una exigencia en el momento presente –el decrecimiento–, acaso por temor a una lapidación electoral que al final se produce igual, otros –ahí están algunos de los nacionalismos de izquierda– no dudan en mostrar su arrobo por la alta velocidad ferroviaria y el plan Bolonia. Claro que en algún caso el remedio es tan malo como la enfermedad, en la forma entonces de apuestas por cosmovisiones ideológicas –la centralidad abusiva de la cuestión nacional, el trotskismo o una suerte de tardoestalinismo– que al parecer el elector tiene que aceptar como normales y saludables.

Otro de los lastres que provocan el recelo ante partidos y listas es la frecuente presencia, en unos y otras, de liberados, burócratas y profesionales de la política, casi siempre alejados, desde los despachos de las sedes, desde los ayuntamientos o desde los parlamentos, de las luchas reales. Semejante separación, dramática, obliga a concluir que muchas de esas gentes sólo se representan a sí mismas, al tiempo que, no sin paradoja, mueven el carro de un singularísimo voto útil: reciben votos no porque quienes entregan el suyo, con la nariz tapada, se sientan representados, sino, simplemente, porque, emplazados ante el pecado de la abstención, muchos ciudadanos interpretan que no hay otra alternativa. En la trastienda salta a la vista que las opciones que se nos ofrecen siguen a menudo apegadas a los profesionales de la política, y con ellos, al control abrumador de los partidos, en detrimento de activistas y movimientos que, plurales y omnipresentes, son permanentemente ignorados.

No está de más agregar que una queja frecuente en la izquierda que concurre a las elecciones es la que subraya el maltrato que las opciones correspondientes reciben de los medios de incomunicación del sistema. Aunque no hay motivo mayor para negar que ello es así, lo hay en cambio para preguntarse si la queja no es, sibilinamente, un reconocimiento dramático de carencias propias: cuando una opción que se precia de su condición emancipadora y transformadora depende de otros para llegar a los ciudadanos, algo nos está diciendo en lo que respecta a su presencia, liviana y alicaída, en la realidad cotidiana de las gentes. Por cierto que, para que nada falte, la asunción de las reglas del juego imperantes es tan sólida en las iniciativas que me ocupan que, a manera de lo que hacen los grandes partidos, no hay lugar para autocrítica alguna. Todos han hecho lo que debían al calor de las elecciones –nadie ha encarado estas, como se merecen, con una irónica distancia– y todos han obtenido resultados más que aceptables…

Con mimbres como los descritos, parece claro por qué tantas personas –abstencionistas por respetable convicción o por coyuntural decepción– que mantienen una actitud de digna repulsa ante el orden existente, y a menudo una venturosa vocación de rebeldía, se quedaron en casa el 7 de junio. Las disonancias cognitivas y emocionales entre la izquierda social y la izquierda política siguen siendo, en otras palabras, muy grandes. Y eso que –antes de que alguien me lo reproche– en la primera de esas izquierdas tampoco hay motivo para lanzar cohetes.

Carlos Taibo es Profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de Madrid.
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Mensajepor Rojitas » 23 Jul 2009, 22:49

Las falsedades sobre Honduras

Vicenç Navarro

A raíz del golpe de Estado ocurrido en Honduras, las derechas –tanto en España como en el extranjero– se han movilizado para explicar (y frecuentemente justificar) tal golpe con el argumento de que, en realidad, casi nadie en Honduras quería al depuesto presidente Zelaya y que muy pocos desean ahora su vuelta a la Presidencia de aquel país. Tal mensaje ha sido ampliamente promovido por autores y medios conservadores y liberales, expresándose en narrativas distintas y con matices diversos con un mensaje prácticamente idéntico. Así, J. Ibarz escribió en La Vanguardia (16-07-09) que “los hondureños no parecen desear el retorno de Zelaya”. La Vanguardia también publicó una entrevista con el cardenal Óscar Rodríguez Madariaga, arzobispo de Tegucigalpa, en la cual defendía el golpe militar refiriéndose a la falta de apoyo al presidente depuesto que había violado –según él– la Constitución hondureña (12-07-09). Mario Vargas Llosa se refirió también a esta falta de apoyo popular al presidente depuesto en su artículo publicado en El País (12-07-09), en el que criticaba el golpe militar por haber hecho del presidente depuesto un mártir para la opinión internacional, aunque no en la hondureña, donde Zelaya era muy poco popular, con poca gente deseando su regreso.

A nivel internacional, el liberal The Economist (que apoyó la elección de los candidatos republicanos a la Presidencia de EEUU en las últimas cuatro elecciones estadounidenses) promovió la misma visión de los hechos en Honduras, subrayando que el apoyo internacional al presidente depuesto no se reflejaba en la propia Honduras, donde no había habido una protesta por su deposición (04-06-09).Y en EEUU, The Wall Street Journal (cercano a la ultraderecha republicana de EEUU) publicó un artículo en el que, por primera vez, se cuantificaba esta falta de apoyo al presidente Zelaya haciendo referencia a una encuesta Gallup realizada en Honduras que señalaba que nada menos que el 41% de los hondureños estaban a favor del golpe que depuso al presidente Zelaya y sólo un 28% se opuso (10-07-09). Esta información fue distribuida por la agencia Reuters y puesto que esta era la única noticia en la que estadísticamente se podía mostrar el grado de apoyo al golpe y desafecto con el presidente, se convirtió en la referencia utilizada por todos aquellos que deseaban promover tal visión de falta de apoyo popular que explicaba (cuando no justificaba) tal golpe militar. En España, estamos familiarizados con este tipo de argumentos, pues también los utilizaron los golpistas de 1936.

El único problema de esta explicación es que es falsa y los números son erróneos. En realidad, los números eran precisamente contrarios a lo que todos aquellos individuos y agencias habían indicado. El presidente de la compañía de encuestas Gallup, en una entrevista que dio a Voice of America (09-07-09), mostró los datos reales. Indicó que la encuesta realizada por su agencia mostraba que el 46% se oponía al golpe militar que depuso al presidente y sólo un 28% lo apoyó, precisamente al revés de lo que las derechas han citado. The New York Times (10-07-09) sí que publicó aquellas cifras correctamente, como también lo hizo The Associated Press. Hasta hoy, ninguno de los autores, medios o agencias que informaron incorrectamente de los resultados de aquella encuesta ha pedido disculpas por aquel error (o manipulación), ni tampoco han clarificado que era un error. Tampoco es cierto que el presidente Zelaya fuera impopular antes del golpe, tal como han indicado aquellas voces de derechas. Según una encuesta Gallup realizada el 8 de febrero, el 53% de los hondureños tenía una opinión favorable del presidente Zelaya y sólo un 23% la tenía favorable de Micheletti, que lideraba, en la práctica, la oposición al presidente.

Hoy, la mejor prueba de que hay oposición al golpe militar es el propio estado de sitio, enormemente represivo, con completa anulación de las libertades elementales en una democracia, incluida la libertad de prensa. Si hubiera tal apoyo generalizado al gobierno golpista de Micheletti, no se necesitaría tal brutal represión.

Otra justificación que se le ha dado al golpe militar es la necesidad del golpe para impedir la continuación de Zelaya como presidente, lo cual hubiera ocurrido de hacerse el referéndum. Aquí, de nuevo, la falta de veracidad es la norma. En primer lugar, lo que se llama referéndum no era tal. Era una encuesta (la Encuesta de Opinión Pública, Convocatoria de Asamblea Constituyente), que estaba gestionada por el Instituto Nacional de Estadística (INE). El presidente tenía plena autoridad, según la Ley de Participación Ciudadana de 2006, de pedir al INE que realizara tal encuesta. En tal pregunta de la encuesta, no se hacía ninguna referencia a la reelección del presidente. Se pedía a la ciudadanía su opinión sobre la conveniencia de que la Asamblea, que la población elegiría el día de las próximas elecciones en noviembre, se encargaría de escribir una nueva Constitución. La versión actual de la Constitución fue escrita en 1981 y fue aprobada al término de la dictadura militar (que tuteló su preparación), que impuso toda una serie de cláusulas que protegen el enorme poder económico y político de la oligarquía que rige el país, así como de los intereses extranjeros, predominantemente estadounidenses, que han tenido una enorme influencia en la vida económica y política de aquel país (la expresión “república bananera”, utilizada para referirse a un país gobernado en la práctica por una compañía bananera, se utilizó precisamente para definir a Honduras).

La enorme hostilidad de la oligarquía hondureña a que se modificaran tales privilegios garantizados en aquella Constitución fue la causa real del golpe militar. En cuanto a la continuidad de Zelaya en su mandato, el calendario –incluso si se hubiera iniciado el proceso constituyente– impediría que Zelaya continuara, pues el proceso constituyente no es un proceso inmediato y el mandato terminaría cuando se eligiera una nueva Asamblea. Este hecho, como otros, es ignorado en la constante manipulación derechista.

Vicenç Navarro es Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y profesor de ‘Policy Studies’ en The Johns Hopkins University.
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Mensajepor Oraculo » 23 Jul 2009, 23:03

Estoy un poco espeso para buscar, pero ayer (creo que era ayer), salia una entrevista de un premio Nobel de la paz de los 80 que estaba por España de visita, poniendo a parir al Presidente Golpista.
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Mensajepor Obelix » 24 Jul 2009, 01:24

Rojitas escribió:Más interesantes los comentarios que el artículo en sí:

Izquierda social y abstención

Carlos Taibo


Ya dije por aquí que este tío me parece que hay que tenerle muy en cuenta.

Todo lo que leo de él me parece muy acertado.
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Mensajepor Obelix » 11 Sep 2009, 15:32

Articulito más bien

Música adulta

La conversación surgió con un amigo. "Llega un momento en la vida", me comentó, "en el que hay que dejar de escuchar música nueva. Todo te parecen refritos de cosas que ya has escuchado y ya no te aportan nada. Es mejor centrarse en los orígenes".

Parece evidente que al llegar a cierta edad ya no se vibra de la misma manera con cierto tipo de bandas. Y así, poco a poco, abrimos nuestras orejas a estilos que, años antes, ni siquiera hubiéramos imaginado que nos gustarían. Incluso no pocas veces nos sorpendemos disfrutando de los discos de nuestros padres. Y de la misma forma, tendemos a criticar ferozmente muchas novedades que nos parecen pastiches prefabricados. Es la edad. Porque la percepción de que, en la música, cualquier tiempo pasado fue mejor es generacional y cíclica. Pero a veces también errónea. Porque hay grandes novedades que descubrir y cientos de bandas de las que disfrutar de entre las muchas que surgen hoy día. A pesar de que ya no las disfrutemos como si tuvieramos 10, 20 o 30 años menos.


Dani Cabezas
20 minutos. 10/09/09
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Mensajepor Obelix » 17 Ene 2010, 17:29

Nada que no sepamos. Espero, porque empiezo a pensar que cierta vergüenza es lo único que nos queda.

Haitíes

CUANDO Haití vuelva, si vuelve, a la normalidad previa al terremoto, cuando los muertos sean enterrados y los heridos reciban mal que bien sus curas, cuando regresen el agua y la electricidad, cuando los escombros se retiren y los edificios hundidos se reconstruyan, cuando se marchen las fuerzas de socorro y sólo se queden las oenegés que ya estaban allí antes de la tragedia, cuando la confortable sociedad biempensante relegue la catástrofe porque deje de verla en los telediarios, ese pequeño país antillano tornará en el mejor de los casos a la demoledora realidad social que vivía antes de que la tierra temblase en Puerto Príncipe: un euro diario de renta per cápita, un sistema político corrompido, un tejido educativo inexistente, un producto interior irrelevante, una cultura de supersticiones premodernas, una miseria estructural enquistada en una historia de subdesarrollo extremo y de pobreza sin alivio. Allí, al lado mismo de la Romana de las vacaciones todo incluido. Eso es lo que era Haití antes de que Occidente se conmoviese ante la hecatombe sísmica, como tantas otras naciones y territorios que sólo surgen en el mapa de nuestra conciencia moral cuando una calamidad desproporcionada o una guerra particularmente atroz los traen por unos días al primer plano de unas sobremesas atribuladas por la caída de la Bolsa o las dificultades del crédito hipotecario.

Por eso de nada servirá toda esta bienintencionada sacudida solidaria, esa sincera generosidad anónima del parado o del mileurista que dona unos euros que no le sobran, si no cuaja en un estado de opinión pública estable que empuje a abordar en serio la reconstrucción de un país que apenas si existía como tal antes de que comenzase a importarnos. Si todo ese emotivo caudal de ayuda no se canaliza en la planificación de un Estado decente. Si el egoísmo de la alta política se enreda en pulsos de influencias y liderazgo. Si los contritos jefes de Estado y Gobierno que ahora aparecen promoviendo conferencias de socorro con expresión sombría olvidan su repentina conmoción cuando decaigan las encuestas. Si se desvanece tan pronto como de costumbre la volátil preocupación que estas tragedias siembran en nuestra mala conciencia de privilegios en crisis.

Es una bonita, tranquilizadora virtud la de la solidaridad. Y evita preguntas incómodas porque las catástrofes no se comentan: se socorren. Pero esos desheredados que parecen interpelarnos como espectros entre las ruinas y cascotes de sus casas, esos haitianos harapientos a los que anhelamos enviar ayuda sanitaria nos molestan sobremanera cuando buscan vivienda junto a la nuestra o toman turno antes que nosotros en el ambulatorio de zona. Y sin resolver esa severa contradicción interior no servirá de mucho esta súbita, urgente cosquilla de lejana fraternidad angustiada que nos ayuda a olvidar los haitíes que rodean nuestras propias casas.


IGNACIO CAMACHO
ABC 17-01-10
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Mensajepor FERPOLLA » 18 Ene 2010, 17:30

Estados Unidos no lucha contra al Qaeda en Yemen, sino contra la democracia

Un pantalón se incendia cerca de Detroit y llueven misiles en Yemen: ¿efecto mariposa? Para Mohamed Hassan la amenaza terrorista es sólo un pretexto. En este nuevo capítulo de nuestra serie «Comprender el mundo musulmán» nuestro especialista nos explica el verdadero reto de Yemen: luchar contra la democracia en el Golfo para conservar el control del petróleo.

Yemen ha saltado a las portadas de los periódico desde el atentado fallido del avión Amsterdam-Detroit: es ahí donde se habría adiestrado al joven terrorista nigeriano. ¿Cómo este país, aliado de Estados Unidos, se ha podido convertir en un refugio para al Qaeda?

En primer lugar debemos observar este fenómeno que se repite: cada vez que un régimen apoyado por Estados Unidos está amenazado aparecen terroristas. En el caso de los países musulmanes, esto recae sobre al Qaeda. Este grupo fantasma aparece ahí donde unos movimientos nacionalistas o antiimperialistas hacen tambalearse a gobiernos títeres apoyados por Estados Unidos. Es lo que ocurre hoy en Yemen. Este país está dirigido por un régimen corrupto aliado de Washington. Pero está amenazado por unos movimientos de resistencia.

Y de pronto aparece este joven nigeriano que embarca con explosivos en un avión con destino a Detroit. No tiene sentido. Este supuesto terrorista estaba en las listas de vigilancia desde que su padre previno a las autoridades estadounidenses. Además, Estados Unidos dispone de importantes dispositivos de seguridad y de material puntero: ¡con sus satélites podrían decir si uno come un bocadillo de atún o de pollo! Esta historia de terrorismo parece una cuestión interna que muestra que a Estados Unidos se le escapa la situación de Yemen y que sus intereses están en peligro.

¿Por qué Yemen se ha vuelto tan importante para Estados Unidos?

El presidente de Yemen, Ali Abdullah Saleh, lleva treinta años en el poder. Su régimen es corrupto, pero está alineado con la política de Estados Unidos. Un grupo de resistentes en el norte del país y de separatistas en el sur amenazan la estabilidad del país. Si un movimiento revolucionario derroca a Saleh, esto podría tener un impacto en toda la región y animar a los resistentes que luchan dentro de los Estados pro-imperialistas de la región, particularmente contra el régimen feudal de Arabia Saudí.

Además, cuando en Yemen estallaron los combates contra los resistentes del norte la Liga Árabe dirigida por Egipto condenó inmediatamente a los rebeldes y dio su apoyo al gobierno yemení. Todavía estoy esperando que esta misma Liga condene las agresiones de Israel contra Líbano y la franja de Gaza. El Consejo de Cooperación del Golfo, una organización consagrada a los intereses occidentales que agrupa a algunos países productores de petróleo, también condenó a los resistentes de Yemen. Para Estados Unidos, que está en plena recesión, su colonia saudí no puede ser amenazada por movimientos de resistencia. En efecto, Arabia Saudí proporciona una parte importante de petróleo a Washington y constituye un precioso aliado en el Golfo. Si la región se volviera inestable, esto tendría graves consecuencias para Estados Unidos.

¿Quiénes son estos resistentes del norte del país?¿Cuáles son sus reivindicaciones?

Desde hace varios años el gobierno se enfrenta en el norte de país a la resistencia armada de hutis, que toman su nombre del fundador de este movimiento, Hussein al-Huti. Murió en combate hace cuatro años y su hermano tomó el relevo. Al igual que la mayoría de los yemeníes en el norte los hutis son zayditas. El Islam se divide en varias corrientes como el sunnismo o el chiísmo. A su vez estas corrientes se despliegan en diferentes ramas y el zaydismo es una rama del chiísmo.

El propio presidente Saleh es zaydita, pero los hutis no reconocen su autoridad. El hecho es que Yemen es un país muy pobre: su economía descansa principalmente en una agricultura en declive, algunas rentas petrolíferas, un poco de pesca así como en la ayuda internacional y el dinero enviado por los trabajadores en el extranjero. Con todo esto, sólo un puñado de personas del entorno del presidente se beneficia de las pocas riquezas del país mientras que la población es cada vez más pobre. La mayoría de los yemeníes tienen menos de treinta años pero ninguna perspectiva de futuro: en 2009 el paro llegaba al 40%. Por lo tanto, los hutis interpelaron al gobierno acerca del subdesarrollo de la región, de la falta de agua y de los problemas de infraestructuras. Pero el presidente Saleh no respondió a sus llamamientos. Después los hutis emprendieron una lucha armada. Su bastión es la ciudad de Saada, lo cual es muy simbólico: en esta ciudad se instaló hace más de diez siglos el fundador del zaydismo yemení.

Los combates cerca de Saada causan estragos. Hay varios miles de refugiados y el gobierno acusa a Irán de apoyar a los rebeldes …

Esta acusación es falsa. Irán es un país de mayoría chií, pero los zayditas de Yemen, por su manera de rezar y por muchas otras cosas, en realidad son más cercanos de los sunníes. Si la resistencia yemení tiene suficientes armas para seguir el combate durante los próximos diez años es porque se beneficia de la ayuda de una parte del ejército yemení. En efecto, muchos de los soldados y oficiales también son zayditas. Los combates en la región ya han causado más de 150.000 refugiados y los militares zayditas ven que sus hermanos sufren. Algunos incluso se unen a la resistencia.

Por consiguiente, el presidente Saleh tiene que movilizar a sunníes oportunistas en el seno del ejército para luchar contra la resistencia en el norte, lo que no deja de tener consecuencias: este presidente zaydita, que ya utilizó sus convicciones religiosas para movilizar a la población y al ejército, hoy apela a unos sunníes para luchar contra otros zayditas. Saleh está perdiendo todo el apoyo que le quedaba en el norte del país.
¡Y el sur pide la secesión! Verdaderamente parece que el presidente está en una mala posición…

La historia de Yemen es esencial para entender lo que ocurre hoy. En su configuración actual el país nació de la fusión en 1990 de la República Democrática Popular de Yemen del Sur y de la República Árabe de Yemen del Norte. Estos dos Estados tuvieron recorridos diferentes…

La creación del norte se remonta a más de diez siglos antes de la llegada de los zayditas a Saada. Pero en 1962 estalla una revolución para derrocar al régimen feudal e instalar un república. Nasser, el presidente egipcio defensor de la independencia árabe, apoya al movimiento revolucionario. Por su parte, Estados Unidos, Gran Bretaña, Arabia Saudí y el sha de Irán envían mercenarios para socorrer a los elementos reaccionarios del antiguo régimen feudal y debilitar a Nasser. El conflicto desemboca en una guerra horrible en la que pierden la vida más de diez mil soldados egipcios. Finalmente el gobierno republicano no es derrotado pero sale muy debilitado del conflicto. No tiene medios para iniciar una revolución cultural, para democratizar completamente al país ni para industrializarlo. Aunque el imán-rey que dirigía el país huyó a Arabia Saudí, una gran parte de Yemen del Norte continúa en una situación feudal.

¿Y en el sur?

Yemen del Sur tuvo un recorrido diferente. Lo colonizaron los británicos para bloquear la expansión de los franceses, que se habían apropiado de Djibouti, y de los rusos, que se extendían hasta Asia central. Pero también se trataba de mantener el dominio británico en el Golfo Arábigo y en el paso estratégico de Hormuz. Gran Bretaña fue quien construyó la ciudad portuaria de Adén en Yemen del Sur. Esta ciudad se volvió muy importante para el imperio Británico. Se podría decir que era el Hong Kong o el Macao de la época. Igualmente se envió a muchos extranjeros a la región.

La pirámide social estaba compuesta de la siguiente manera en esta sociedad colonial: los británicos presidían en la cima y a continuación venían las comunidades somalíes e indias que constituían una especie de tampón con la última clase, los yemeníes. Era una estrategia clásica de los colonos británicos: utilizar a un grupo de individuos contra otro para preservarse a ellos mismos. Al hacerlo, todas la personas a las que Gran Bretaña consideraba peligrosas en su colonia india (como los nacionalistas o los comunistas) eran enviados al exilio en Adén.

Como hemos visto para Somalia, ¿estos presos políticos van a influenciar en curso de la historia en la región?

Completamente. En 1967 unos movimientos independentistas hacen huir a los colonos británicos y dos años después nace la República Democrática Popular de Yemen. La gobierna el Partido Socialista Yemení, una coalición de diversos elementos progresistas en parte heredados de los presos de Adén. En ella hay comunistas, nacionalistas, liberales, baathistas procedentes de Siria o Iraq… Todos estos actores se encuentran reunidos bajo la insignia del Partido Socialista.

Yemen del Sur se convierte entonces en el Estado árabe más progresista de la región y conoce sus mejores años con una reforma agraria, igualdad entre los sexos, etc. Sin embargo, el Partido Socialista sigue estando compuesto de muchos elementos con orígenes diversos. Los comunistas enmarcan el partido y mantienen una cierta cohesión, pero cada vez que hay que hacer frente a un reto importante las contradicciones estallan claramente. A causa de una falta de base industrial y del carácter pequeño burgués de la coalición, estas contradicciones desembocan en asesinatos, ¡literalmente, sus miembros se matan entre sí! El partido conocerá entonces tres sangrientas revoluciones internas y la última le será fatal. La mayoría de los cuadros ideológicos que dirigían el partido son asesinados y el ala liberal se pone a la cabeza del movimiento. Por consiguiente, es un partido Socialista muy débil el que gobierna Yemen del Sur cuando se lleva a cabo la reunificación de ambos Yemen en 1990. Aunque las partes norte y sur del país tuvieran unos recorridos relativamente diferentes, siempre habían inscrito en sus agendas respectivas al unificación del país.

Entonces, ¿por qué hay que esperar hasta 1990 para que se unan el norte y el sur?

En el norte el Estado era muy débil desde la guerra. Estaba dirigido por unos liberales desprovistos de ideas verdaderamente revolucionarias y controlados por los países del Golfo, sobre todo, Arabia Saudí. En efecto, el vecino saudí proporcionaba armas y dinero a la clase feudal para debilitar al gobierno central. Para Arabia Saudi, un Yemen del Norte tribalizado era más fácil de controlar. El sur, en cambio, se había convertido en un bastión de las ideas progresistas. En plena Guerra Fría era considerado un enemigo de la región y había que situarlo en cuarentena.

Pero en 1990 las cosas habían cambiando. Para empezar, la Unión Soviética se había desmoronado y la Guerra Fría había acabado. Además, el Partido Socialista Yemení ya no representaba una gran amenaza. En efecto, sus dirigentes ideológicos habían sido suprimidos durante al tercera revolución interna del país. Por consiguiente, la reunificación de Yemen ya no presentaba un gran peligro para los países de la región y para los intereses estratégicos de los occidentales. Ali Abdullah Saleh, que ya era presidente de la República Árabe de Yemen desde 1978, dirigió el país. Hoy continúa en el poder.

En 1990 Yemen es el único país junto con Cuba que se opone a la guerra en Iraq. Veinte años después, si bien Castro se sigue enfrentado a los «yankees », Saleh, por su parte, se ha situado al lado de Estados Unidos en su guerra contra el terrorismo. ¿Cómo explica usted este cambio?

La oposición a la guerra de Iraq no fue fruto de la política de Saleh, sino de los miembros del Partido Socialista Yemení que ocupaban algunos puestos clave en el nuevo gobierno. Sin embargo, aunque el Partido Socialista siempre había deseado la unificación de Yemen sobre una base progresista, estaba demasiado debilitado por sus revoluciones internas para hacer pasar completamente su política. Además Arabia Saudí, fiel aliado de Estados Unidos, hizo pagar muy caro a Yemen esta toma de postura contra la guerra en Iraq. En efecto, el reino saudí expulsó a un millón de trabajadores yemeníes que se beneficiaban de un estatuto especial para trabajar libremente al otro lado de la frontera. Esto provocó una grave crisis económica en Yemen al tiempo que enviaba una señal al presidente Saleh. Éste revisó su política para convertirse gradualmente en la marioneta del imperialismo estadounidense que conocemos hoy.

¿Y los elementos progresistas del sur dejaron hacer?

La reunificación supuso una gran decepción para los dirigentes del sur. Se lanzaron a este proceso sin una verdadera estrategia. Y, como hemos visto, el Partido Socialista estaba muy débil. Por consiguiente, el centro de poder gravitaba al norte en tormo al presidente Saleh. El régimen estaba corrompido, la expulsión de los yemeníes que trabajaban en Arabia Saudí provocó una importante crisis y la situación económica se deterioró.

Todos estos factores llevaron al sur a pedir la secesión. Los separatistas estaban apoyados por Arabia Saudí que por varias razones prefería ver un vecino dividido y débil. En primer lugar, porque mantenía discusiones con su vecino sobre el trazado de la frontera: en efecto Yemen reclamaba unos terrenos situados en Arabia Saudí. A continuación, porque un Yemen unido con unos buenos dirigentes podría traer problemas a las clases feudales de los países del Golfo como Arabia Saudí.

Finalmente estas tensiones entre el norte y el sur desembocaron en un conflicto. El presidente de confesión zaydita movilizó a la población del norte y a una gran franja del ejército en torno a sus convicciones religiosas para luchar contra el sur de mayoría sunní. Los separatistas fueron vencidos lo que debilitó aún más a los antiguos miembros del Partido Socialista en el seno del gobierno yemení. Finalmente esta guerra ofreció al norte y a Saleh la ocasión de asentar su dominio en los planos militar y político.

Quince años después el sur vuelve a pedir la separación. ¿Cree usted que esta vez el presidente Saleh saldrá tan bien parado?

No, evidentemente. Saleh tiene que hacer frente a problemas por todas partes. El sur vuelve a reclamar un reparto equitativo del poder después de que este gobierno corrupto prácticamente haya devuelto al país a un estado feudal. La situación no es aceptable para los yemeníes del sur que tienen un pasado progresista. Pero tampoco lo es para los hutis al norte. Y en este caso el presidente Saleh ya no puede movilizar a una gran parte de la población y del ejército en torno a sus convicciones religiosas, ¡los hutis también son zayditas! De hecho, la resistencia hutista ha permitido poner al desnudo la verdadera política de este gobierno como no habría podido hacerlo ninguna estrategia en tan poco tiempo. La población descubre lo que ocurre verdaderamente y el descontento cada vez es mayor.

¿Cuáles son las razones de la cólera del pueblo yemení?

En primer lugar, la situación social y económica. Mientras que el régimen se beneficia de riquezas, el pueblo es cada vez más pobre. También está el hecho de que Yemen se haya convertido en un bastión del imperialismo estadounidense y que Saleh se haya puesto al lado de Washington en su guerra contra el terrorismo. Los yemeníes ven lo que ocurre en Afganistán, Pakistán e Iraq. Para ellos es una guerra contra los musulmanes. Por mucho que Barack Hussein Obama tenga un nombre musulmán y haga todos los discursos que quiera, no hay otras palabras para definir esta guerra.

Además, el gobierno yemení ni siquiera es capaz de proteger a sus propios ciudadanos. Después de los atentados del 11 de septiembre, algunos fueron raptados y secuestrados sin motivo. Es lo que le ocurrió a un eminente jefe religioso yemení. Cuando se dirigía a Estados Unidos para ver a su hijo, fue detenido y enviado a Guantánamo sin un motivo válido. Fue finalmente liberado tras seis años de detención, pero falleció tres semanas más tarde porque su detención le había hecho enfermar. ¡Verdaderamente, esta guerra contra el terrorismo no cuenta con la aprobación de todos en el seno del pueblo yemení!

Por último, Saleh reconoció las fronteras de Arabia Saudí en la disputa que oponía a ambos países. También autorizó a los bombarderos saudíes para bombardear la región donde están establecidos los rebeldes hutis. Esta situación es inaceptable para los yemeníes. Por ello [Saleh] necesita el apoyo de Estados Unidos que agita el fantasma de al Qaeda para poder actuar libremente en el país.

Entonces, ¿Yemen se va a convertir en el tercer frente de Estados Unidos tras Afganistán e Iraq?

Creo que ya lo es. El ejército estadounidense ya ha enviado misiles y grupos especiales al lugar. También proporciona mucho material a Yemen, pero buena parte de éste pasa a manos de los resistentes debido a los vínculos que mantienen con los zayditas del ejército yemení. Hace seis meses que Saleh lanzó una importante ofensiva contra los hutis. También pidió refuerzos a los ejércitos saudí y estadounidense. No me extrañaría que dentro de poco Israel se uniera a la partida. Pero, a pesar de todo, no logran acabar con la resistencia hutista. Ésta se alberga en una región montañosa, como los talibán. Es conocida toda la dificultad que tiene luchar contra los rebeldes en este tipo de terreno. Además, lo hutis disponen de suficientes armas para luchar todavía durante mucho tiempo.

¿Un nuevo fracaso a la vista para Estados Unidos?

La historia parece repetirse para Estados Unidos. Por mucho que este país esté dirigido ahora por un ex musulmán, su política no ha cambiado. Además, el discurso de Obama puede ser muy parecido al de Georges W. Bush: promete perseguir a los terroristas ahí donde estén. ¿Washington agita el fantasma de al Qaeda para luchar contra los rebeldes escondidos en las montañas de Yemen? Bush hizo lo mismo hace más de ocho años con Afganistán y esta guerra todavía no ha terminado.

La cuestión es saber cuánto tiempo va a durar esto todavía. El historiador Paul Kennedy reveló que el desfase entre la base económica y la expansión militar era uno de los principales factores de declive de los grandes imperios. Si la economía de una gran potencia pierde velocidad pero aumentan sus gastos militares, esta gran potencia está condenada a hundirse y a volverse muy débil. Ésta es la situación de Estados Unidos.

Mohamed Hassan especialista en geopolítica y en el mundo árabe. Nació en Addis Abeba (Etiopía) y participó en los movimientos de estudiantes en el marco de la revolución socialista de 1974 en su país. Estudió ciencias políticas en Egipto antes de especializarse en administración pública en Bruselas. Diplomático de su país de origen en los años noventa, trabajó en Washington, Pekín y Bruselas. Es coautor de L’Irak sous l’occupation (EPO, 2003) y también ha participado en diversas obras sobre el nacionalismo árabe y los movimientos islámicos, y sobre el nacionalismo flamenco. Es uno de los mejores conocedores contemporáneos del mundo árabe y musulmán.

Fuente: Investig`Action
"No es ateo el que desprecia a los dioses del vulgo, sino quien abraza las ideas del vulgo acerca de los dioses".

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Mensajepor Obelix » 16 Jun 2010, 20:05

Me ha gustado lo de la edad de los jugadores... :roll:

El fútbol como la vida

La literatura es un juego de palabras que semeja a la vida y a la muerte. El fútbol, ya lo contó Albert Camus, es un juego, antes que un deporte, que muestra más de la moral humana que muchas de las facetas entendidas como trascendentes. Pero el fútbol es, también, un ajedrez de signos y de sentimientos; un ballet con música invisible; una plástica en movimiento azaroso; una épica incruenta; un genio errático. Literatura y fútbol son, para más de los que se piensa, una hermandad ungida por el dramatismo, sin drama no hay ni vida, ni literatura, ni fútbol; ungida por la emoción y por el sentimiento. Así lo cuenta Javier Marías en la reedición, corregida, y notablemente aumentada de su enciclopedia futbolística «Salvajes y sentimentales. Letras de fútbol» (Alfaguara, 2010); así se lee en la amenísima edición de Pablo Nacach, «Libro del fútbol» (451 Editores, 2010) y en el número de la revista «Leer», correspondiente a junio, entre tantas publicaciones aparecidas estos días de vino, rosas y fútbol.

Uno, lo advertía Manuel Vázquez Montalbán, y lo recuerda Marías, puede cambiar de mujer, de nacionalidad, de voto, de casa, de coche, de gustos literarios y cinematográficos, pero nunca cambiará de equipo, es el «patriotismo oblicuo» que apunta Paul Ingendaay en el prólogo al libro de Marías. Cuando los escritores hablan de este deporte «de caballeros jugado por plebeyos» ?a diferencia del rugby, deporte de «plebeyos jugado por caballeros»? añaden una perspectiva exótica y reflexiva, amplían el campo. Alberti, Neruda, Horacio Quiroga, Nabokov (portero en Cambridge), Camus (portero en el Racing Universitaire de Argel), Delibes, Benedetti (portero en su perdido Uruguay), Gonzalo Suárez, uno de los mejores cronistas y «ojeadores», son ejemplos de esa amplitud, de esa voluntad; Peter Handke, Milan Kundera, Kenzaburo Oé, Vargas Llosa, Bryce Echenique, Armas Marcelo, Galeano, Hornby, Carlin, Villoro.

Pablo Nacach desentraña la genealogía de los juegos de la pelota, y de la pelota misma, incorpora un soberano texto de Roberto Fontanarrosa sobre Wilmar Everton Cardona, el mítico 5 del Peñarol de Montevideo, y hace viajar al lector hasta Homero, Calderón de la Barca, los clásicos chinos y Shakespeare para indagar en los complejos laberintos de cuando el fútbol no sabía lo que era. Después, Lewis Carroll, Fernández Flórez, el citado Nabokov, Cela, de nuevo Vázquez Montalbán o el desternillante Arnold Bennett, entre tantos otros. Javier Huerta en «Leer» hace un divertidísimo recorrido sobre «Los versos del fútbol» y recupera de las viejas y recientes hemerotecas los poemas de Fernando Villalón, Pedro Garfias, Gabriel Celaya, Miguel Hernández, Federico Muelas, José García Nieto, José María Pemán, Manuel Mantero, Leopoldo de Luis, Luis Antonio de Villena, Luis García Montero o Elena Medel, esta última «autora de unos versos imbuidos de hedonismo clásico» dedicados a Iker Casillas. Sí, del fútbol ?qué bien cuenta Marías la vergüenza de algunos escritores e intelectuales al ser descubierta su afición al fútbol en tiempos en que parecía una ordinariez franquista? y la literatura baste decir que, de acuerdo a esa máxima de unos de los profesores de Mourinho, «sólo sabe de fútbol quien sabe de algo más que de fútbol». Y se nota.

El volumen de Javier Marías es pródigo en ingenio, pasión, melancolía, poesía; son notas autobiográficas teñidas de un saber escondido, secreto, privado. Escritas a lo largo de casi dos décadas (1992-2010). Epifanías compartidas con los que tienes al lado en el estadio, tan efímeras, así lo confiesa, como los noventa minutos de un partido. Un oasis, como el cine de los sábados de la infancia. Un retorno a los felices días del ensueño. La fascinación por el fútbol es la fascinación por aquel tiempo de entonces, por eso, los jugadores siempre parecen gente mayor que uno, y da igual la edad que uno tenga, y las celebraciones de un gol son las más inverosímiles abrazados a los tipos más inverosímiles, el fútbol propicia los encuentros dispares, las amistades fugaces, los himnos añejos (esa letra que suena a «Historias de la Radio» del himno madridista): «La memoria futbolística es confusa, pero muy selectiva, y lo que escoge lo ve con claridad para siempre» (Javier Marías). Por ejemplo, a San Di Stéfano, las chapas, los cromos, los goles admirables, como el surgido de la naturaleza «azarosa, improvisada, inesperada» de Zidane en la final de la Champions; por ejemplo, en el hecho, de que millones de personas ?estos días volverá a ocurrir?, como recuerda Marías, «salten a la vez de alegría, en los estadios y en sus casa, por algo en lo que de hecho no han tenido participación ?un gol? y que en modo alguno va a afectarlos, para bien ni para mal, en sus vidas y problemas personales (...) Algo que lo asemeja a la literatura, al cine, a la música, que también son capaces de hacer reír, exaltarse, apiadarse, lamentarse y hasta llorar por historias y personajes y acordes que nada cambian de nuestra realidad, una vez que se cierra el libro o se encienden las luces o se hace el silencio». Como a los buenos jugadores, también a los «letraheridos» del fútbol les anima un solitario, único anhelo: que los partidos no terminen nunca. Como la vida.

ABC Domingo 13 junio 2010
Fernando R. Lafuente
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Mensajepor Obelix » 09 Dic 2010, 15:21

POR QUÉ ME GUSTAN LOS MALOS

Me gusta leer las bases de los concursos literarios. Me recuerda mis ya lejanos comienzos cuando me presentaba a los premios que convocaban las distintas diputaciones o ayuntamientos con ilusión y esperanza y luego la gran alegría al ganar alguno de ellos. No han cambiado demasiado dichas bases (salvo en la dotación económica, que, afortunadamente, es más sustanciosa), pero muchos de ellos han introducido una cláusula que desde luego antes no existía y es ésta: «Puntuará favorablemente que la obra tenga un sentido positivo y unos personajes con valores». Me llama la atención esta cláusula, porque de alguna manera viene a corroborar algo que observo desde hace tiempo: la forma en que lo políticamente correcto nos ha comido el coco a todos hasta hacernos confundir los buenos sentimientos con la buena literatura o el buen cine. En efecto, si uno ve la cartelera u ojea la mesa de novedades de una librería, se da cuenta de que rezuma buenos sentimientos por todas partes: «Una historia entrañable de amor y superación», reza el reclamo de una película en la que Gérard Depardieu se hace amigo de una viejecita. «Me ha robado el corazón. Un relato inolvidable sobre la libertad y la diferencia», proclama la carátula de un super-best seller y otro (una novela, no un libro de autoayuda) alardea: «Con la fuerza del corazón podemos cambiar el mundo y nuestro destino». Lejos, muy lejos, quedan ya los tiempos en los que un lúcido y también algo cínico André Gide sostenía que con buenos sentimientos no se hace buena literatura. Ahora todos, incluidos los autores de prestigio, han sucumbido a la tentación del buenismo y quien más quien menos mete en sus películas o en sus novelas un niño Down, un emigrante abnegado y ejemplar o una madre coraje.

A mí, todo esto me hace recordar la literatura de mi infancia. A Edmundo de Amicis y su pequeño vigía lombardo que moría en combate por la gloria de la nueva Italia, o a Marco, que buscaba a su mamá de los Apeninos a los Andes. Sólo que entonces nadie se equivocaba y pensaba que aquello era literatura de primer rango. Personalmente, cada vez me siento más sapo de otro pozo porque detesto la literatura y el cine de buenos sentimientos. Primero porque, a diferencia de lo que parece ocurrirle a muchas personas, no me hace sentir más buena leer sobre personajes buenos. Y segundo, porque no me interesan en lo más mínimo. Al contrario, lo que yo busco en un libro o en una película no es que me conmuevan y me hagan sentir sensible y delicada porque suelto dos lagrimitas con las desventuras de tal o cual personaje. No necesito que me pasen la mano por el lomo y me digan qué buena eres. Lo que necesito es que me ayuden a comprender a los demás y, mejor aún, a mí misma. Y, les guste o no a los autores de esos libros chorreantes de buenos sentimientos, el ser humano está hecho de luces y de sombras. Por eso prefiero las obras que me conmuevan. Pero no con simplezas balsámicas y autocomplacientes, sino cuestionando nuestras debilidades, nuestras flaquezas, nuestras contradicciones. Porque, si se fijan, los grandes personajes de la literatura y del cine no son el bueno de Marco que busca a su mamá; eso queda para los niños y adolescentes. Los grandes personajes universales son dubitativos e irresolutos como Hamlet, frívolos y absurdos como Madame Bovary o Scarlett O'Hara, o ambiciosos y faltos de escrúpulos como Macbeth o Ciudadano Kane. En otras palabras, no son planos, sino poliédricos, con aristas, rincones y sombras, como lo somos todos nosotros. He ahí precisamente lo que los hace grandiosos. Porque en sus errores vemos los nuestros; en sus dudas, nuestras muchas debilidades; y en sus carencias, las que tanto nos gustaría poder conjurar. Lo demás, lo de sentirse bien por ver una película de niños Down, de mujeres maltratadas o de perritos abandonados no es más que esconder la cabeza en la arena como los avestruces. Claro que, ahora que lo pienso, abundan bastante los avestruces que creen que lo que no se ve no existe. Debe de ser otro síntoma de nuestro tiempo.


Carmen Posadas
XL Semanal nº 1198
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la sonrisa despeinada de ir en contra de los vientos


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