Fragmentos...

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JuLiEtTE_87
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Mensajepor JuLiEtTE_87 » 26 Sep 2008, 11:38

Le disgustaba el no comprender bien lo que era la política y el no saber dónde terminaba el universo. Se sentía pequeño y débil. ¿Cuándo sería él como los mayores que estudiaban retórica y poética? Tenían unos vozarrones fuertes y unas botas muy grandes y estudiaban trigonometría. Eso no estaba muy lejos. Primero venían las vacaciones y luego el siguiente trimestre, y luego vacación otra vez y luego otro trimestre y luego otra vez vacación. Era como un tren entrando en túneles y saliendo de ellos y como el ruido de los chicos al comer en el refectorio, si uno se tapa los oídos y se lo destapa luego. Trimestre, vacación; túnel, y salir del túnel; ruido y silencio. ¡Qué lejos estaba! Lo mejor era irse a la cama y dormir. Sólo las oraciones en la capilla y, luego, la cama. Sintió un escalofrío y bostezó. ¡Qué bien se estaría en la cama cuando las sábanas comenzaran a ponerse calientes! Primero, al meterse, estaban muy frías. Le dio un escalofrío al pensar lo frías que estaban al principio. Pero luego se ponían calientes y uno se dormía. ¡Qué gusto daba estar cansado! Bostezó otra vez, las oraciones de la noche y luego la cama: sintió un escalofrío y le dieron ganas de bostezar. ¡Qué bien se iba a estar dentro de unos minutos! Sintió un calor reconfortante que se iba deslizando por las sábanas frías, cada vez más caliente, más caliente, hasta que todo estaba caliente. ¡Caliente, caliente!; y sin embargo, aún tiritaba un poco y seguía sintiendo ganas de bostezar.

Retrato del Artista Adolescente, James Joyce


Ains, todo lo que estoy leyendo últimamente me gusta :D
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AIDA_cantasaetas
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Mensajepor AIDA_cantasaetas » 29 Sep 2008, 02:38

Varios fragmentos sublimes de La insoportable levedad del ser (prometo que me he contenido :roll: )


Nuestra vida cotidiana es bombardeada por casualidades, más exactamente por encuentros casuales de personas y acontecimientos que se llaman coincidencias. Coincidencia significa que dos acontecimientos inesperados ocurren al mismo tiempo, que se encuentran: Tomás aparece en el restaurante y al mismo tiempo suena la música de Beethoven. La gente no se percata de la inmensa mayoría de estas coincidencias. Si en el restaurante hubiera estado el carnicero en lugar de Tomás, Teresa no se hubiera dado cuenta de que en la radio sonaba Beethoven (aunque el encuentro entre un carnicero y Beethoven es también una interesante coincidencia)


[...]


Aquello no era un suspiro, no era un gemido, era realmente un grito. Gritaba tanto que Tomás separó la cabeza de su cara. Creía que la voz que sonaba justo al lado de su oído le iba a romper el tímpano. Aquel grito no era una expresión de sensualidad. La sensualidad es la máxima movilización de los sentidos: una persona observa atentamente a la otra y escucha cada uno de los sonidos que produce. En cambio su grito pretendía aturdir a los sentidos para que no vieran ni oyeran. Quien gritaba era el propio idealismo ingenuo de su amor, que quería ser la superación de todas las contradicciones, la superación de la dualidad entre el cuerpo y el alma y quién sabe si la superación del tiempo.


[...]


Aquél que quiere permanentemente "llegar más alto" tiene que contar con que algún día le invadirá el vértigo. Qué es el vértigo? El miedo a la caída? Pero, por qué también tenemos vértigo en un mirador provisto de una valla segura? El vértigo es algo diferente del miedo a la caída. El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados.


[...]


TRAICIÓN: Desde pequeñitos el padre y el maestro nos decían que es lo peor que puede imaginarse. Pero qué es la traición? Traición significa abandonar las propias filas. Traición significa abandonar las propias filas e ir hacia lo desconocido. Sabina no conoce nada más bello que ir hacia lo desconocido.


[...]


Un drama vital siempre puede expresarse mediante una metáfora referida al peso. Decimos que sobre la persona cae el peso de los acontecimientos. La persona soporta esa carga o no la soporta, cae bajo su peso, gana o pierde. Pero qué le sucedió a Sabina? Nada. Había abandonado a un hombre porque quería abandonarlo. La persiguió él? Se vengó? No. Su drama no era el drama del pso, sino el de la levedad. Lo que había caído sobre Sabina no era una carga, sino la insoportable levedad del ser.


[...]


Tomás siempre ha pretendido convencerla de que el amor y la sexualidad son dos cosas distintas. Nunca quiso entenderlo. Ahora está rodeada de hombres por los que no siente la menor simpatía. Qué pasaría si hiciese el amor con ellos? Tiene ganas de hacer la prueba, al menos en esa forma de promesa sin garantías a la que se llama coquetería.

Para que no haya confusiones: no pretende tomarse la revancha con Tomás. Lo que quiere es encontrar una salida al laberinto. Sabe que se ha convertido en una carga para él: se toma las cosas demasiado en serio, de cualquier cosa hace una tragedia, no es capaz de comprender la levedad y la divertida intrascendencia del amor físico. Quisiera aprender a ser leve!
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Obelix
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Mensajepor Obelix » 09 Oct 2008, 17:33

Después de sortear la escueta aportación de Aïda para intentar leer el libro en papel y no en el ordenador :roll: :P ... porque tiene buena pinta y creo que será una adquisición futura, colaboro con un pequeño fragmento de El lobo estepario, con el que finalmente me he atrevido y que comentaré cuando lo termine. Sólo decir que me está pasando como con La tregua, no puedo poner todo lo que me gusta porque serían páginas enteras, pero cuelgo este fragmento porque me ha hecho sonreír en un libro más bien oscuro. Ahí va de una vez:

En su salón, con los hermosos cuadros y muebles de los abuelos, me sirvieron té, y charlamos un poco; la amable señora se enteró, realmente sin preguntarlo, de éstas y las otras cosas de mi vida y de mis pensamientos, y ponía atención con esa mezcla de respeto y de indulgencia maternal que tienen las mujeres inteligentes para las complicaciones de los hombres.

(Herman Hesse: El lobo estepario)
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Mensajepor AIDA_cantasaetas » 10 Oct 2008, 10:03

Obelix escribió:Después de sortear la escueta aportación de Aïda para intentar leer el libro en papel y no en el ordenador :roll: :P


Pero si me he contenido... :roll: :P

Por cierto, me apunto El lobo estepario y agradezco (casi suplico xD) toda recomendación, que algunos de los mejores libros que he leído este verano han sido por culpa tuya :P



Yo venía a dejar aquí un fragmento de libro que es, a su vez, un pedazo de mi vida:


Cuando subo el camino del faro, el paisaje sufre una transformación. La sierra se desploma verticalmente sobre el mar y las olas descarnan el acantilado con furia.

A medida que cobra altura la carretera, el horizonte también se ensancha. El sol brilla, pero ya no da calor. Las corrientes marinas forman hileros que cebrean la masa azul inmóvil y los farallones de la costa emergen como morsas, festoneados de espuma.

La sierra es ocre, desértica. Su vegetación se reduce al palmito, que los almerienses emplean para fabricar escobas y esteras, y cuyo cogollo, blanco y sabroso, se consume, importado de África, en todos los países de Europa, donde es más estimado que el espárrago.

Media hora de camino por curvas cerradas y el faro de la Testa del Cabo aparece de pronto, uno de los más hermosos faros del mundo, sin duda. Las montañas lo aíslan enteramente de tierra y, batido día y noche por el mar, se yergue, solitario y agreste, atalayando la costa del moro, vigía fiel, hoy de tempestades y naugrafios, ayer, de desembarcos berberiscos.

Uno piensa con tristeza que un sitio así debería ser baza turística importante y contempla melancólicamente la carretera estrecha, polvorienta y sinuosa, por la que apenas cabe un automóvil, y cuyo acceso, para colmo de la ironía, está prohibido a los coches particulares - lo leí en un cartel - no dispongan previamente de permiso.

Hoy por hoy, sus únicos habitantes, fuera del torrero y su familia, son los guardias civiles que rondan frente a la playa y una pareja de suecos desgalichados que desembarcó allí hace meses, en un taxi, con un niño rubio de ojos azules, una tienda de campaña de lona y una máquina de coser.

["Campos de Níjar"; J.Goytisolo]




Al final, se cumplió el deseo del autor, Cabo de Gata se convirtió en zona turística y nunca ha vuelto a ser lo mismo.


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Mensajepor AIDA_cantasaetas » 07 Nov 2008, 15:56

FLORÍN

Qué te propones? Qué vas a hacer aquí?

RICARDO.-

Es algo complicado. Por lo pronto voy a fundar una república

FLORÍN.

Muy platónico.

RICARDO.

Una república de hombres solos donde no exista el sentido común.

FLORÍN.

Admirable! Y para cuántos días?

RICARDO.

Para siempre.

FLORÍN.

Demasiado; ya serán unos días menos.

RICARDO.

Le estoy hablando en serio. Encuentro que la vida es aburrida y estúpida por falta de imaginación. Demasiada razón, demasiada disciplina en todo. Y he pensado que en cualquier rincón hay media docena de hombres interesantes, con fantasía y sin sentido, que se están pudriendo entre los demás. Pues bien: yo voy a reunirlos en mi casa, libres y disparatados. A inventar una vida nueva, a soñar imposibles. Y todos conmigo, en esta casa: un asilo para huérfanos de sentido común.

FLORÍN.

Buen programa; como para proponérselo a tu tía Águeda. Y crees que encontrarás esos hombres?

RICARDO.

Allá veremos. (Por Daniel.) Por lo pronto ya somos dos y hace unos días era yo solo. Ve usted? Ese hombre, que es capaz de vivir a oscuras porque le aburren los colores, ese es de los míos.


[La sirena varada; Alejandro Casona]
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Mensajepor Obelix » 15 Dic 2008, 22:00

De mi lectura actual:

Cuanto mayor era mi atonía, más intenso era en mí el deseo de hallarme allí donde la vida se agita más febrilmente. Para quien se siente desasido de todo, la apasionada inquietud de los otros produce una sacudida en los nervios, como el teatro o la música.

(Stefan Zweig: Veinticuatro horas de la vida de una mujer)
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Mensajepor JuLiEtTE_87 » 06 Feb 2009, 14:35

Robert Jordan levantó la manta que tapaba la entrada de la cueva y al salir respiró a fondo el fresco aire de la noche. La niebla se había disipado y brillaban las estrellas. No hacía viento y, lejos del aire viciado de la cueva, cargado del humo del tabaco y del fogón; liberado del olor a arroz, a carne, a azafrán, a pimientos y a aceite frito; del olor a vino del gran pellejo colgado del cuello junto a la entrada, con las cuatro patas extendidas, por una de las cuales se sacaba el líquido que quedaba goteando cada vez que se hacía y levantaba el olor a polvo del suelo; liberado del olor de las distintas hierbas cuyos nombres ni siquiera conocía, que colgaban en manojos del techo, al lado de largas ristras de ajos; libre del olor a perra gorda, vino tinto y ajos, mezclado con el sudor equino y el sudor de hombre secado bajo la ropa (acre y cansado el olor del hombre, dulce y enfermizo el olor del caballo, olor de piel recién cepillada); libre de todos esos olores, Jordan respiró profundamente el aire limpio de la noche, el aire de las montañas que olía a pinos y a rocío, al rocío depositado sobre la hierba de la pradera al pie del arroyo. El rocío había ido cayendo con abundancia desde que se había calmado el viento; pero al día siguiente, pensó Jordan, respirando con delicia, sería escarcha.


***

María le sirvió una taza de vino.
—Beba esto –le dijo–; le hará verme más guapa. Hay que beber mucho paraverme guapa.
—Entonces vale más que no beba –dijo Jordan–. Me pareces ya guapa, y más
que guapa –dijo tuteándola abiertamente.
—Así se habla –dijo la mujer–. Tú hablas como los buenos de verdad. ¿Qué
más tienes que decir de ella?
—Que es inteligente –respondió Jordan, de una manera vacilante. María
dejó escapar una risita y la mujer movió la cabeza lúgubremente.
—¡Qué bien había usted empezado y qué mal acaba, don Roberto!
—No me llames don Roberto.
—Es una broma. Aquí decimos en broma don Pablo y decimos en broma
señorita María.
—No me gusta esa clase de bromas –dijo Jordan–. Camarada es el modo como
debiéramos llamarnos todos en esta guerra. Cuando se bromea tanto, las
cosas comienzan a estropearse.
—Eres muy místico tú con tu política –dijo la mujer, burlándose de él–.
¿No te gustan las bromas?
—Sí, me gustan mucho, pero no con los nombres. El nombre es como una
bandera.
—A mí me gusta reírme de las banderas. De cualquier bandera –dijo la
mujer, echándose a reír–. Para mí, cualquiera puede bromear sobre
cualquier cosa. A la vieja bandera roja y gualda la llamábamos pus y
sangre. A la bandera de la República, con su franja morada, la llamábamos
sangre, pus y permanganato. Y era una broma.
—El es comunista –aseguró María–, y los comunistas son gente muy seria.
—¿Eres comunista?
—No. Yo soy antifascista.
—¿Desde hace mucho tiempo?
—Desde que comprendí lo que era ser fascista.



Por Quién Doblan las Campanas, Ernest Hemingway
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Mensajepor BeSo_DeL_iNfIeRnO » 01 Jun 2009, 01:41

Recién llegado a Tokio, cuando empecé una nueva vida en la residencia, tenía un único propósito: tratar de no tomarme las cosas a pecho, mantener la debida distancia con el mundo. Nada más. Y decidí olvidar por completo la mesa de billar forrada de fieltro verde, el N-360 rojo y las flores blancas sobre el pupitre, la columna de humo alzándose desde la alta chimenea del crematorio, el pisapapeles con forma achaparrada en la sala de interrogatorios. Al principio, pensé que iba a lograrlo. Sin embargo, por más que intentase olvidarlo, en mi interior permanecía una especie de masa de aire de contornos imprecisos. Con el paso del tiempo, esta masa empezó a definirse. Ahora puedo traducirla en las siguientes palabras: «La muerte no existe en contraposición a la vida sino como parte de ella».

Expresado en palabras, suena a tópico, pero yo en ese momento lo sentía como una masa de aire en mi interior. La muerte estaba presente en el pisapapeles, en las cuatro bolas rojas y blancas alineadas sobre la mesa de billar. Y nosotros vivimos respirándola, y va adentrándose en nuestros pulmones como un polvo fino.

Hasta entonces había concebido la muerte como una existencia independiente, separada por completo de la vida. «Algún día la muerte nos tomará de la mano. Pero hasta el día en que nos atrape nos veremos libres de ella.» Yo pensaba así. Me parecía un razonamiento lógico. La vida está en esta orilla; la muerte, en la otra. Nosotros estamos aquí, y no allí.

A partir de la noche en que murió Kizuki, fui incapaz de concebir la muerte (y la vida) de una manera tan simple. La muerte no se contrapone a la vida. La muerte había estado implícita en mi ser desde un principio. Y éste era un hecho que, por más que lo intenté, no pude olvidar. Aquella noche de mayo, cuando la muerte se llevó a Kizuki a sus diecisiete años, se llevó una parte de mí.

Viví la primavera de mis dieciocho años sintiendo esta masa de aire en mi interior. Al mismo tiempo, intentaba no mostrarme serio, pues intuía que la seriedad no me acercaba a la verdad. Pero la muerte es un asunto grave. Quedé atrapado en este círculo vicioso, en esta asfixiante contradicción. Cuando miro hacia atrás, hoy pienso que fueron unos días extraños. Estaba en la plenitud de la vida y todo giraba en torno a la muerte.



Tokio blues.Norwegian wood (Haruki Murakami)
Mayoi nagara demo ii aruki dashite mou ikkai
(Está bien perderse para comenzar a caminar una vez más)

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Mensajepor AIDA_cantasaetas » 01 Jun 2009, 13:41

Me gusta, me gusta... creo que tendré que darle una segunda oportunidad :)

Y, ya que estoy aquí y que hace tiempo que no cuelgo nada, dejo esto del último libro que me he comprado de Cortázar, Salvo el crepúsculo


Lo elegíaco, inevitable, dominando como el azul en los vitrales góticos, no sólo por estar aquí sino también en el lector que no-por-nada-es-lector-de-poesía. Elementary, my dear Watson.

Detrás de toda tristeza y toda nostalgia, quisiera que ese mismo lector sintiera el estallido de la vida y la gratitud de alguien que tanto la amó, eso que cantaba Satchmo llenando una melodía banal de algo que solamente puedo llamar comunión:

I'm thankful
for happy hours,
I'm thankful
for all the flowers

Sentimiento de participación sin el cual jamás hubiera escrito nada (hay quien sólo escriben para separarse), participación que a su vez participa de la tontería y la ingenuidad con muy alta frecuencia, loadas sean las tres. Y esa franciscana entrega al cotidiano descubrimiento de lo mismo, que por eso es siempre nuevo, y ese entusiasmo que solamente Onitsura fue capaz de resumir en un haikú que tan estúpido parecerá a los estúpidos:

¡Flores de cerezo, más
y más hoy! ¡Las aves tienen dos patas!
¡Oh, y los caballos cuatro!
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Mensajepor Obelix » 01 Jul 2009, 19:30

Así empieza el libro El signo de los cuatro

Capítulo I La ciencia del razonamiento deductivo

Sherlock Holmes cogió el frasco de la esquina de la repisa de la chimenea y sacó la jeringuilla hipodérmica de su elegante estuche de tafilete. Ajustó la delicada aguja con sus largos, blancos y nerviosos dedos y se remangó la manga izquierda de la camisa. Durante unos momentos, sus ojos pensativos se posaron en el fibroso antebrazo y en la muñeca, marcados por las cicatrices de innumerables pinchazos. Por último, clavó la afilada punta, apretó el minúsculo émbolo y se echó hacia atrás, hundiéndose en la butaca tapizada de terciopelo con un largo suspiro de satisfacción.

Yo llevaba muchos meses presenciando esta escena tres veces al día, pero la costumbre no había logrado que mi mente la aceptara. Por el contrario, cada día me irritaba más contemplarla, y todas las noches me remordía la conciencia al pensar que me faltaba valor para protestar. Una y otra vez me hacía el propósito de decir lo que pensaba del asunto, pero había algo en los modales fríos y despreocupados de mi compañero que lo convertía en el último hombre con el que uno querría tomarse algo parecido a una libertad.


(Sir Arthur Conan Doyle: El signo de los cuatro).
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Mensajepor JuLiEtTE_87 » 22 Jul 2009, 00:00

[...]sabed que desde hace más de setenta lunas hay en este imperio dos partidos contrarios, conocidos por los nombres de Tramecksan y Slamecksan, a causa de los tacones altos y bajos de su calzado, que, respectivamente, les sirven de distintivo. Se alega, es verdad, que los tacones altos son más conformes a nuestra antigua constitución; pero, sea de ello lo que quiera, Su Majestad ha decidido hacer uso de tacones bajos solamente en la administración del gobierno y para todos los empleados que disfrutan la privanza de la corona, como seguramente habréis observado; y por lo que hace particularmente a los tacones de Su Majestad Imperial, son cuando menos un drurr más bajos que cualesquiera otros de su corte -el drurr es una medida que viene a valer la decimoquinta parte de una pulgada-. La animosidad entre estos dos partidos ha llegado a tal punto, que los pertenecientes a uno no quieren comer ni beber ni hablar con los del otro. Calculamos que los Tramocksan, o tacones-altos, nos exceden en número; pero la fuerza está por completo de nuestro lado. Nosotros nos sospechamos que Su Alteza Imperial, el heredero de la corona, se inclina algo hacia los tacones-altos; al menos, vemos claramente que uno de sus tacones es más alto que el otro, lo que le produce cierta cojera al andar.

Los Viajes de Gulliver, Jonathan Swift
(Fragmento de la primera parte, de Liliput)
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Mensajepor JuLiEtTE_87 » 26 Jul 2009, 21:23

A veces actamos, vamos de un sitio a otro, hacemos esto o aquello y todo resulta fácil, ingrávido, incluso gratuito. Todo podría ser distinto, naturalmente. En otras ocasiones, sin embargo, nada podría ser diferente de como es, nada gratuito ni fácil; cada uno de nuestros gestos está ya determinado, marcado por el destino.
Los actos de nuestra vida conssiderados buenos y sobre los que nos gusta hablar pertenecen a ese primer tipo "fácil"; los olvidamos con rapidez. Los otros, de los que raramente hablamos, no los olvidamos nunca, nos pertenecen más y su sombra cubre todos los días de nuestra vida.

***

Era uno de esos días en que el destino stá al acecho en cada rincón, en que parece que puede pasar algo. En semejantes días parece que cada perturbación y trastorno de nuestra alma se refleja en el mundo circundante y lo altera. Miedo y desasosiego oprimen el corazón y buscamos -y encontramos- la presunta causa fuera de nosotros. Consideramos mal hecho el mundo y tropezamos por doquier con resistencias.
Así era aquel día. Desde temprano sentía opresión. ¿Quién sabe por qué? Tal vez por una pesadilla. Me oprimía un sentimiento de mala conciencia, a pesar de que no había hecho nada especial. Por la mañana la cara de mi padre tenía una expresión de dolor, estaba llena de mudos reproches; la leche del desayuno resultó ser insípida, fría. En la escuela no tuve, realmente, problemas, pero de pronto todo tenía un sabor desesperante, apagado y desalentador. A ello se unía la sensación, que ya conocía, de impotencia y desazón, sensación que nos dice que el tiempo es infinito y que nosotros seremos pequeños y débiles eternamente. Siempre estaremos en esa estúpida y hedionda escuela. Años y años. La vida, toda, es absurda y repugnante.

***

¿Por qué uno comprende tan perfecta y profundamente la belleza y corrección de los buenos propósitos y los sentía en el corazón, mientras que toda la vida -adultos incluidos- apestaba a rutina y estaba siempre dispuesta a dejar triunfar lo sórdido y lo vulgar?


***

Yo lo veía venir. Hoy tal vez no, pero la próxima vez, quizá pronto. Entonces mi destino estallaría por completo. Sólo faltaba una pequeñez, un diminuto suplemento de miedo, de mal y de perplejidad, entonces se produciría la explosión, vendría el gran sobresalto. Un día, exactamente un día como hoy, me hundiría por completo en el mal, haría algo atroz y decisivo con obstinación y furia. Debido a la absurda intolerancia de esta vida, sería algo atroz, pero liberador, que pondría fin para siempre al miedo y al tormento. Desconocía qué sería. Pero muchas veces por mi cabeza habían pasado fantasías y obsesiones desconcertantes sobre esta cuestión, imágenes del crimen con que me vengaría del mundo y al mismo tiempo me descubriría y me aniquilaría a mí mismo.


"Alma de Niño"
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Mensajepor AIDA_cantasaetas » 27 Sep 2009, 11:59

Si ya amaba a Virginia Woolf, como figura literaria, ahora la amo también como escritora. Estoy flipando con Las olas, no quiero que se acabe nunca.


"Por entre el claro en el seto", dijo Susan, "vi cómo Jinny le besaba. Alcé la cabeza inclinada sobre la maceta, y miré por el claro en el seto. Vi cómo Jinny le besaba. Los vi, a Jinny y a Louis, besándose. Ahora envolveré mi angustia en el pañuelo que siempre llevo en el bolsillo. Y la angustia quedará prietamente aprejudada, en una pelota. Sola iré al bosque de hayas, antes de clase. No me sentaré a la mesa a hacer sumas. No me sentaré al lado de Jinny, no me sentaré al lado de Louis. Cogeré mi angustia, y la dejaré sobre las raíces, bajo las copas de las hayas. La examinaré y la cogeré con las puntas de los dedos. No me descubrirán. Comeré nueces y buscaré huevos entre las zarzas, se me amazacotará el cabello, dormiré bajo un arbusto, beberé agua de la charca y allí moriré."


"¡Qué orgullosos nos sentimos", dijo Jinny, "aquí sentados, nosotros que aún no hemos cumplido los vinticinco! Fuera los árboles florecen. Fuera las mujeres aguardan. Fuera los coches de alquiler se deslizan y giran. Superadas las dudas, las oscuridades y el deslumbramiento de la adolescencia, miramos rectamente al frente, dispuesto a aceptar cuanto venga (la puerta se abre, la puerta se abre sin cesar). Todo es real. Todo es firme, sin sombras ni engaños. La belleza ha puesto su sello en nuestra frente. Está mi belleza, está la belleza de Susan. Nuestra carne es firme y fresca. El mantel es blanco. Y nuestras manos reposan en leve curvatura, dispuestas a contraerse. Vendrán días y días, días de invierno y días de verano. Apenas hemos comenzado a gastar nuestro tesoro."


“Y como sea que en cierto aspecto vivo engañado, por cuanto la persona cambia constantemente, aunque no el deseo, y en mañana alguna sé con quién estaré por la noche, nunca estoy estancado. Después de mis más duros desastres, me levanto, doy media vuelta y cambio. Las piedras rebotan en la coraza de mi cuerpo.”


"Me gusta la compañía de la gente que retuerce hierbas entre los dedos, escupe en el fuego y arrastra los pies en zapatillas por largos corredores, como hace mi padre. Los únicos dichos que comprendo son los gritos de amor, odio, rabia y dolor. Cuando calláis, volvéis a ser bellos. Sólo aceptaré la felicidad natural. Con ella quedaré casi satisfecha."



Y ya paro porque copiaría el libro entero...
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Mensajepor Obelix » 12 Oct 2009, 20:38

Un fragmento de un libro que me ha impresionado. Cuando tenga más tiempo paso a comentarlo.

Parecía como si las palabras hubieran perdido de repente todo su significado y su sentido, como si el humo de la lumbre levantara entre nosotros una cortina impenetrable que convertía nuestros rostros en los de dos desconocidos. Sentado frente a ella, con la nevada afuera impidiendo la salida, yo caía entonces en una oscura y turbia somnolencia – que la desolación insomne y torturada de la noche alimentaba - o me quedaba absorto contemplando, también durante horas el bosque calcinado en el que ardían las aliagas y, con ellas, mis recuerdos. Pero, a veces, el aullido del silencio era tan fuerte, tan profundo, que, incapaz de soportarlo por más tiempo, abandonaba la cocina buscando en la penumbra del portal el calor y la mirada, más humana, de la perra.


Julio Llamazares: La lluvia amarilla
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Mensajepor Obelix » 12 Mar 2010, 17:38

Del gran castellano extraído de la Castilla más rural y auténtica.

D. Miguel Delibes


Pero a Daniel, el Mochuelo, le bullían muchas dudas en la cabeza a este respecto. Él creía saber cuanto puede saber un hombre. Leía de corrido, escribía para entenderse y conocía y sabía aplicar las cuatro reglas. Bien mirado, pocas cosas más cabían en un cerebro normalmente desarrollado. No obstante, en la ciudad, los estudios de Bachillerato constaban, según decían, de siete años y, después los estudios superiores, en la Universidad, de otros tantos años, por lo menos. ¿Podría existir algo en el mundo cuyo conocimiento exigiera catorce años de esfuerzo, tres más de los que ahora contaba Daniel? Seguramente, en la ciudad se pierde mucho el tiempo -pensaba el Mochuelo- y, a fin de cuentas, habrá quién, al cabo de catorce años de estudio no acierte a distinguir un rendajo de un jilguero o una boñiga de un cagajón. La vida era así de rara, absurda y caprichosa.

El Camino


16 agosto, sábado

Estuve por la mañana con don Basilio viendo la casa. Los pintores la han dejado como nueva y huele a limpia. Lo celebro porque, según me dijo el señor Moro, la mujer de Ladislao era una tía guarra. El piso no tiene otro inconveniente que el de estar en la parte alta del edificio, expuesto a todos los vientos y a todas las inclemencias. El señor Moro me dice que con las lluvias del otoño salen goteras. Veremos de andar al quite.


Diario de un cazador


Se iniciaba ya el otoño. Los árboles de la cuidad comenzaban a acusar la ofensiva de la estación. Por las calles había hojas amarillas que el viento, a ratos, levantaba del suelo haciéndolas girar en confusos remolinos. Hicimos el camino en la última carretela descubierta que quedaba en la ciudad. Tengo impresos en m cerebro los menores detalles de aquella mi primera experiencia viajera. Los cascos caballos martilleaban las piedras de la calzada rítmicamente, en tanto las ruedas, rígidas y sin ballestas, hacían saltar y crujir el coche con gran desesperación de mi tío y extraordinario regocijo por mi parte. Ignoro las calles que recorrimos hasta llegar a la placita silente donde habitaba don Mateo. Era una plaza rectangular con una meseta en el centro, a la que se llegaba merced al auxilio de tres escalones de piedra. En la meseta crecían unos árboles gigantescos que Cobijaban bajo sí una fuente de agua cristalina, llena de rumores y ecos extraños. Del otro lado de la plaza, cerraba sus confines una mansión añosa e imponente, donde un extraño relieve, protegido en una hornacina, hablaba de hombres y tiempos remotos; hombres y tiempos idos, pero cuya historia perduraba amarrada a aquellas piedras milenarias.

La sombra del ciprés es alargada

La voz de Rafa se fue haciendo, progresivamente, más cálida, hasta alcanzar un tono mitinesco:
-Ahora es un problema de opciones, ¿me entiende?
Hay partidos para todos y usted debe votar la opción que más le convenza. Nosotros, por ejemplo. Nosotros aspiramos a redimir el proletariado, al campesino. Mis amigos son los candidatos de una opción, la opción del pueblo, la opción de los pobres, así de fácil.
El señor Cayo le observaba con concentrada atención, como si asistiera a un espectáculo, con una chispita de perplejidad en la mirada. Dijo tímidamente:
-Pero yo no soy pobre.


El disputado voto del señor Cayo

Ninguno de los dos era sincero pero lo fingíamos y ambos aceptábamos, de antemano, la situación. Pero las más de las veces, callábamos. Nos bastaba con mirarnos y sabernos. Nada nos importaban los silencios. Estábamos juntos y era suficiente. Cuando ella se fue todavía lo vi más claro: aquellas sobremesas sin palabras, aquellas miradas sin proyecto, sin esperar grandes cosas de la vida eran sencillamente la felicidad. Yo buscaba en la cabeza temas de conversación que pudieran interesarla, pero me sucedía lo mismo que ante el lienzo en blanco: no se me ocurría nada. A mayor empeño, mayor ofuscación. Se lo expliqué una mañana que, como de costumbre, caminábamos cogidos de la mano: ¿Qué vamos a decirnos? Me siento feliz así, respondió ella.

Mujer de rojo sobre fondo gris
http://eslafelicidadloquehoylamento.blogspot.com/



la sonrisa despeinada de ir en contra de los vientos


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