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katiabedo
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Mensajepor katiabedo » 11 Oct 2006, 21:49

Amén dejedi. Y no soy creyente.
Hace una noche imprescindible.... Yo diría que incluso.

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dejedi-M
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Mensajepor dejedi-M » 12 Oct 2006, 00:14

:)
Definitivamente ... lo envío.
¿Cómo era? ¿Alea jacta est? pues eso xDD
"Quien quiera nacer, tiene que destruir un mundo..." (H.Hesse)

Layma
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Mensajepor Layma » 15 Oct 2006, 23:14

Menos mal que no se suelen cumplir los deseos :P.


- Un deseo para el Mago de Öz -

Supongo que sospechará el objetivo por el que una vez más me encuentro aquí y con una nueva petición en la mano. Se trata de plantear una proposición a la que creo que tengo derecho después de éstos meses recorriendo sus tierras. Usted estará ya hasta las narices de que la gente venga a pedirle cosas materiales. Yo, esta vez, tengo un encargo muy diferente, un asunto espiritual, no exento de relevancia; incluso no tengo ni idea de si entre sus posibilidades está el concederlo pero yo soy insistente y como dice el refrán: "no hay peor gestión que la que no se hace".
Es cierto que a veces he pataleado y deseado volar del reino de Öz para no aparecer nunca más en él. Pero que conste que algunas veces cuesta mucho permanecer dócil y obediente y seguir el camino de baldosas amarillas sin despistarse. Podría considerarme satisfecha por algunas realizaciones personales, y sin embargo a veces me puede la vida apaciguada. Hay ocasiones en los que no me siento a gusto con la conciencia: ¡De una hipocresía que sobra hasta para poner de postre! Y por momentos, ¡qué aburrimiento respetable Mago! Ni una palabra mal dicha, pero si pensada, ni una calumnia de frente, pero sí de espaldas, porque de frente se denominaría verdad, y no es que diga mentiras, es que sin percatarme vivo en la mentira. La mentira puesta al servicio del beneficio personal. Si no fuera así no podría vivir, y como sucumbo a la trampa diaria, pues la asumo como si de la verdad se tratara. Hasta he perdido la capacidad de discernimiento, ¡ah, este mundo de hoy que trabuca los valores! ¡Arg qué asco, ya ando otra vez hablando como una idealista, horror de horrores! ¡Bueno, ¿y qué?! ¿Porqué se habrá de manejar los términos de capitalista, consumista, pobre o rico, derecha o izquierda, comunista o fascista? La gente debe ser buena o mala, y punto. Todo el mundo debería tener lo necesario para vivir y basta. Lo necesario según los deseos de cada quien, que diría mi abuela que en gloria esté. Cuando era niña, sólo existçian dos bandos, los justos y los injustos. Asi era todo más comprensible. ¡Argg qué asco tener responsabilidades!.

Es por esta razón, apacible y dentro de poco asombrado Mago, que decidí pedir algo fuera de lo acostumbrado. Usted dirá que me he vuelto loca, ¿y porqué no? ¿De qué hay que extrañarse si el estado general de la población es la demencia? Recordará usted que desde que soy niña he rogado crecer. Yo lo que siempre he añorado hasta hoy era crecer y crecer. De pequeña le suplicaba transfromarme en menos de lo que canta el gallo en una esbelta muchacha. Destestaba ser niña, si hubiera sido niño tal vez hubiera ido mejor, pensaba. Pero tiempo después corroboré lo que venía sospechando: de niños la diferencia de sexo no es tan terrible, todo se reduce a espantarnos de ciertos ambientes y listos, en cambio de grande hasta te pueden espantar de la vida, y si no mire en Argelia como degollan a las mujeres. Si usted tiene memoria recordará que una vez conseguida mi condición de joven comencé cada vez más a exigirle el convertirme en una mujer ejecutiva, culta, bella, insustituible, insuperable, en resúmen, lo perfecto de lo perfecto. Sin obviar que además anhelaba encontrar un buen partido(no político), un hombre enteroy dedicado. No es que usted me haya complacido en todo, no exageremos, incluso en ciertos detalles ha sido bastante mezquino, pero el resultado finalno está mal y no me quejo.
El caso es que al pasar revista de la vida he llegado a la conclusión de que no quiero seguir siendo adulta. En pocas palabras y ya lo suelto de un tirón: deseo ser niña otra vez. Volver a la infancia. No crecer jamás. Y cuidar de mi rosa, igual que El pequeño príncipe.

Invocado Mago de Öz, aclaro que quiero ser niña y no niño. Si me deja elegir escojo de nuevo mi sexo. No por masoquismo, más bien por reafirmación poética, y no militante, pues por experiencia propia reconozco la ineficacia de ésta última palabra. Aunque sé que el universo lírico de las criaturas constituye en si mismo un acontecer diario, y que con mayor frecuencia varía, y que los juegos de antaño no constituyen los de hoy en día, y tal vez esa diferencia sea menor entre los sexos. Aunque para nada creo tampoco en la igualdad, yo abogo y pretendo el equilibrio. Porque de la igualdad al uniformismo hay un pelín de nada, y entre uniformismo y demagogia penas existe contrasentido. volvería aser la niña que fui, estrenando el coraje al que solo la inocencia incita. Enfrentando sin titubear la aventura diaria, anticipándome a los impulsos de las personas mayores. Utilizando la hipocresía como cuento fantástico y no como daño o martirio. Mentía exclusivamente porque lo consideraba agradable, nunca con la venganza de construir un imperio. Por ejemplo, una tarde llegó una vecina desesperada, necesitaba un huevo para darle de cenar a su hijo. Yo sabía que mi madre había compardo esa tarde huevos y estaban guardados en la nevera, que reservaba para hacer tortilla para la cena. A mi madre no le caía bien esa vecina y respondió que lo sentía mucho pero que a nosotros se nos habían acabado también. Pude haber seguido la rima de la mentira de mi madre, pero no quise, el cosquilleo fue mayor que el respeto, ni lo pensé dos veces. Interrumpí desenmascarando a mamá, halé la cubeta destinada a los huevos y mostré el nutritivo tesoro. ¡Aqui hay huevos mami, aqui hay, míralos!. Mi madre roja de vergüenza, o de ira, se agachó e indecisa tomó dos huevos, regalándolos a la mujer que ni corta ni perezosa los aceptó sin pronunciar tampoco el más mínimo reproche. Al cerrar la puerta mamá me lanzó un mirada que me dejó llena de miedo más de una semana imaginando cual sería su cruel venganza. Yo había gozado más por el acto de la rebelión que por haber dado de comer a otra persona. Ese es el tipo de crueldad infantil; en el fondo constituyen actos de buena fe, de amor, en la ruta del aprendizaje humano. O constituyen reacciones ante la maldad imbuidas por una orden del subconsciente transmitida de generación en generación. Gran secreto, porque nadie negaria que los niños son todo amor, por supuesto con su dosis de malintención irracional. En la infancia la inocencia nos da una libertad que luego el analisis nos esacmotea en la adultez. ¿Y es que existe el amor adulto sin el acecho de temor y la envidia? "Los niños son los que saben querer" escribió en un libro el maravilloso poeta José Martí. El libro se titula La edad de oro, y ojalá todos los adultos lo hayan leído en sus infancias. Su lectura es otra de las emociones que me gustaría reiniciar con el alma virgen.
Si volviera a ser niña, le juro, y no se arrepentirá, que sería la misma niña pero sin tanta prisa. Me quedaría horas y horas perreando en la calle, dándome piñazos al saltar vallas, revolcándome en los escondites. Una de las ganancias más atractivas, si usted me concede el deseo, será liberarme de la cita mensual con mis ovarios, no van a negarme que es un fastidio. Aunque ¡cuánta emoción volver a desarrollar pezones, y estudiar ante el espejo como van cambiando las caderas y el culo!. Ejem, perdón.
Otras de las razones por las que me gustaría recuperar mi estatus de criatura son que tendría la oportunidad de soltar por esta boca lo que me viniera en gana, cantarle las cuarenta a todos esos calvos, gordos, arrugadas, pellejúas, desteñidas, celulíticas, operadas, pelandruscas, canalla y partida de aprovechaos en general que he ido encontrando en forma de jefes, compañeros de trabajo o bajo el disfraz de "amigos". Unos desahuciados sin fantasía.
En otra época, lejana ya, mi familia sucumbía preocupada por mi, cosa que desde luego ahora no hacen; ellos no aparecen sino para armar enredos y mortificarme. Antes se batían conmigo, todo el día detrás de mi: "Ay esta chiquilla se va a secar, no come ná, que si patatín que si patatán..." En la actualidad critican mi magnífica relación con la comida y la que antaño le pareció una niña preciosa y adorable, "la más guapa de todas las niñas" clamaba mi madre, a día de hoy no sólo me tacha de corrientucha sino que me recomienda no salir mucho de ligues para no llevarme el chasco. Si fuera otra vez niña amaría comer como no lo hice.
Si me viera otra vez con nueve años reanudaría los juegos con mi primo y mi vecino, ¡madre que cosquilleo en el estómago!. Me libraría del trabajo, adiós negocios y oficina, chao dolores de cabeza y palpitaciones en el pecho. Al único gesto que me vería olbligada sería al de estirar lamano y que los mayores colocaran la remesa en mi palma, y a otra cosa mariposa. ¿No será un airresponsabilidad desear esta regresión? Pensándolo bien, no. Prefiero mil veces jugara la guerra de pistolas de plástico(aunque jamás experimenté afecto por este tipo de entretenimiento) a sentirme un juguete en manos de los artífices de batallas reales, las guerras generadas a cada segundo en los cerebros de los que nunca poseyeron niñez.
Mago de Öz, por favor, concédeme esa gracia, devuélvame ese derecho. ¿Que no constituye un derecho? Pues debería de serlo, por un mínimo de admiración y respeto a la humanidad.
¡Que bendita despreocupación sacarme los mocos y pegarlos en el pupitre! ¡Cómo me divierto halándole la trenza a la anormal de mi prima!. La sangre me bulle a todo meter por la emoción que me invade, debiera poner una bomba en el auto de mi padre, el otro día lo pillé con sus amante. ¿Lo suelto en la cena como quien no quiere la cosa? Mañana diré a la maestra que no pude ir a la escuela porque tuve que asistir al funeral de mi madre, fallecida de un ataque al corazón.
¡Ahhhh como me gustaría ser niña para poder jugar con mi hijo! Ser su confidente, y asi esperar a que me cuente lo que piensa de mi, sin que sospeche que fui yo quien lo llevó nueve meses en el vientre, la pesadísima que la regaña sin compasión por cualquier travesura.
Qué hermoso enfrentar a la naturaleza con ternura, qué sensación cuando el mar tímido rozó mis pies aquel mediodía. Qué temor ante lo desconocido y la valentía nacida de ese temor. Luego venía la dicha de la sabiduría, el simple gesto de zambullirse en ese mar, conteniendo la respiración temblando de presentimientos.
¿Y cómo veía yo la vida en aquel entonces fugaz momento infantil? Consistía en un espacio demasiado extenso por delante de mi, una especie de distancia honda y vasta, un sueño en espera de ser soñado.
Hoy deseo ser niña, no tan sólo para aprovechar las ventajas, sino para sufrir semejante a los niños, arrebujados en la duda, preguntándose :¿qué es la vida? y nadie responderá pues andarán muy ocupados en otras cosas, es decir, viviendo; y no tendrán tiempo para preguntas tan tontas. Entonces sólo me importará saber, averiguar un poco más. Y la vida ¿qué es?. El silencio acudirá, su breve sonido nocturno estimulará mi curiosidad, y lógico, me entrarán aspiraciones inmensas de vivir despacio. No como ahora donde las respuestas sobran: la vida es esto, te equivocas, lo otro o lo de más allá. Todos matándose por ofertar su opinión apresurada acerca de la vida, no es que piensen con profundidad en el tema, sucede que les urge en exceso ser tomados en cuenta, cosa de no pasar inadvertidos. Así pasa el tiempo, así también lo perdemos para siempre. Mientras que de niña yo corría en ralentí detrás de la vida y ella era ese dulce misterio. Contenido, dosificado. Y para vivir, sin extrañarme de la presencia oculta de la vida, es que desearía acariciar con el pavor y la credibilidad de la inocencia.
Estoy segura que observaría el mundo con el poder del milagro, con poesía...
"Nació con el don de la risa y con la intuición de que el mundo estaba loco. Y ese fue todo su patrimonio..."

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Mensajepor katiabedo » 17 Oct 2006, 22:55

dejedi-M escribió::)
Definitivamente ... lo envío.
¿Cómo era? ¿Alea jacta est? pues eso xDD


Oye, al final que título le pusiste?
Hace una noche imprescindible.... Yo diría que incluso.

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Mensajepor dejedi-M » 03 Nov 2006, 16:25

katiabedo escribió:
Oye, al final que título le pusiste?

Te he contestado por el otro sitio pero bueno, así lo verás seguro.

Lo titulé "La luz del Mediterráneo" =) muchas gracias por preguntar :oops: y siento no haberlo visto antes
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Mensajepor aely » 14 Dic 2006, 19:38

Sobre las hojas que faltan en un cuaderno

Las hojas que tienden a ser arrancadas en un cuaderno siempre ocultan algo, bien sea un error o un pequeño o no tan pequeño secreto.
Quizás una conversación entre amantes, o de seres amados, o algo que se quiere decir a la persona que deseamos. Estos suelen ser los secretos mayores, los que más ocultamos tanto se lo hayamos dicho como si no.
Podemos saber qué tipo de secretismo ocultan las páginas con una pequeña observación, un pequeño detalle como es la forma en que éstas fueron arrancadas. Sólo la tinta con la que fueron escritas las hojas y el alma de la persona que lo escribe saben el impenetrable pecado que han cometido en ellas.
Siguiendo la pauta antes marcada podemos distinguir tres tipos:
Si las hojas están microperforadas y aún podemos observar el perfecto corte de las tijeras, esas hojas aún siguen vivas, fueron entregadas (guardadas) en algún lugar (para alguien).
Si de estas otras sólo quedan una pequeña parte enredada en la espiral es que fueron arrancadas para ser olvidadas, algo que nunca será enseñado, sin esperanza alguna de ser leídas pero a las que todavía mantenemos ese pequeño cariño que queda al escupir un pedazo de alma al papel.
Pero si estas últimas fueron arrancadas de manera irregular, se arrancan con el odio que da la opresión, el compromiso, el no hacer daño a los que forman nuestras vidas, el miedo. Arrancadas con fuerza, con rabia, con la sensación de cometer un crimen a pluma y papel. Estas últimas páginas serán muertas en mil pedazos, serán llevadas a la hoguera. Son estas páginas las que intentamos borrar de nuestra memoria y sin embargo por esas contradiciones que nos da la vida, nunca olvidaremos.

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Mensajepor jason » 17 Dic 2006, 00:53

Debía ser la segunda quincena de algún mes frío. El bloque abarcaba tres cuartas partes de la manzana. En la cuarta parte, estaba la entrada a un patio con árboles y columpios en mal estado. El viento jugaba con las hojas, las balanceaba, les silbaba en forma circular, en un baile sinsentido. Las cadenas de los columpios chirriaban. Las nubes eran de lluvia, pero no acababa de llover. El escenario ideal para cualquier película pretendidamente tétrica.

No había sido una noche larga, ni corta. Fueron las horas adecuadas, las cervezas necesarias, las palabras que hacían falta. Ni más ni menos. El amanecer fue a mediodía, perezoso como cualquier otro, con las piernas cansadas y la cabeza tan nublada como el cielo.

El viento se calmó durante un par de minutos y volvió a danzar, esta vez con el llanto de los perros enlatados en el camión del canódromo como acompañamiento. Los otros perros, los que paseaban a sus amos por las aceras llenas de heces, se unieron al jolgorio en solidaridad por sus congéneres, aún más captivos que ellos. En un santiamén la jauría canina se tornó jaqueca y ya no había nada que hacer. El día sería oscuro, largo, tedioso y absurdo, innecesario. Como tantos otros.

Callaron los perros.

Salió a la calle impulsado por las piernas, sin ningún porqué. Pensó que las piernas debían pedirle un poco de sangre fresca y por eso se pusieron en movimiento, pero olvidó la idea al momento, cuando el viento arremetió contra su chaqueta desatada. Subió la cremallera y siguió andando sin pensar en nada.

Cuarenta minutos más tarde se sentó en un banco a fumarse un cigarro. A la tercera calada se sentó a su lado un hombre de edad confusa. De esos que aparentan cuarenta y largos y tienen treinta y pocos. Aspecto descuidado, incipiente calvicie y coronilla, rodeadas de matas de pelo al libre albedrío, sensiblemente canoso. Hablaba muy rápido, aparentemente sólo. Sin audiencia. "- Mucho protestar por Irak y mucha conciencia y a Afganistan que le den", empezó diciendo. Dijo mucho más y siempre en ese tono, aunque el sonido de una ambulancia hizo inaudible la locución supuestamente espontánea. Nunca había creído en los predicadores y ahora se encontraba con uno. Decidió ignorarle por más que alzara la voz al paso de un autobús de la línea 36. Siguió fumando tranquilamente, con caladas largas y espaciadas y expulsando el humo sobrante con interminables soplidos tranquilos. No había prisas. Probablemente el compai no se cansaría de hablar, pero eso no había de variar la rutina de un día que había nacido para ser olvidado tan pronto como anocheciera.

Al acabar el cigarro se levantó y empezó a andar de vuelta a casa, sorteando a los amos de los perros y las motocicletas aparcadas sobre la acera. Empezó a chispear. Arreciaba por momentos, aunque sólo era la sensación producida por las ráfagas del viento, aún insistente. La gente sacaba el paraguas. La gente saca el paraguas por poco que llueva y por mucho que sople el viento. A él le resultaba inexplicable.

Bajó la mirada al suelo para que cesaran sus observaciones y siguió andando, por inercia, de vuelta a casa.

Anocheció con una cerveza, un plato de canelones sobrantes de vaya usté a saber cuando y un canuto que reposaba en el cenicero, probablemente desde la noche anterior.

Durmió y, al despertar, había olvidado por completo aquél día. Lucía el sol, los perros callaron por fin.

Las ambulancias no.

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Mensajepor aely » 27 Ene 2007, 19:10

Es todo muy claro...


Te lo advertí

- Te vas ha hacer daño – me advirtió. Y una vez más no le hice caso, ni a él, ni a ella, ni a ninguna de aquellas personas que me lo avisarón. Son avisadores. Y yo lo sabía, y no les pude hacer caso.
- Es diferente – repliqué. No lo vaís a entender, es un mundo diferente, he conocido un estado de vivir del que nunca me he alimentado. Es vivir en una nube, mi vieja nube azul, con toda la sonrisa expresada en una cara. Todas las sonrisas del mundo se reflejaban en mi mirada.
- Te vas ha hacer daño – me adviritió. Estas llevando todo demasiado lejos, lo estas dejando todo. Os vais ha hacer daño.
- No es verdad, sigues sin entenderlo - Y volví con mis palabras ha intetar convencerme de que eso no podía suceder. Renegé del mundo, de sus palabras y sus consejos. De sus sabíos consejos, de su otra perspectiva. Desde ese punto alejado donde todo está más claro.

Pasaron los días y el me lo advertía en cada gesto. Un día me encontró tirada en mitad de la nada, con esa mirada perdida que solo tiene la soledad. Con esas laágrimas frías que solo da el odío. Con ese llanto más bien infantil, como cuando llora el niño al quedarse sin su juguete favorito.

- Te has hecho daño – lo dijo casí sin sentir, sin mirarme a los ojos. Pero él lo dijo. Tantas veces había renegado de sus consejos que ya no nos tocabamos.

Ahora, que me he quemado con el fuego que se encendio al inciarse el juego, tenían razón. Pero ya es demasiado tarde. No aceptaré sus consuelos, ellos me vierón subir, subir y subir. Sabían que me iba a caer. Me caí, me lo advirtierón. Pero pueden dormir tranquilos que no iré a molestar con mis llantos.

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Miguel Rix: "Bakalao con Patates"

Mensajepor RIX » 14 Feb 2007, 17:48

Aquí tenéis un link directo al relato de Miguel Rix "Bakalao con Patates" de su poemario "Ellos te quieren dormido... Despierta!", espero que os guste!


http://www.somosmejoresqueellos.com/rel ... atates.pdf

Salud y Libertad!

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Mensajepor dejedi-M » 02 Mar 2007, 22:10

Hace ya unos días que partiste. Quizá meses. Tu olor se había infiltrado en mi casa, y la había convertido en mi hogar...
Y se quedó flotando levemente en el aire; y quise atraparlo, pero no pude; era previsiblemente volátil.

Permanecí unos días más allí sentada, sintiéndome un cero a la izquierda de mí misma. Esperando. Con todos los músculos en tensión, los sentidos alerta; aguardando. Que es gerundio.
El suelo estaba frío y yo, inerte, apenas respirando. Poco más. Sin querer, todo se había vuelto de hielo, pero el dolor me era más ajeno, lejano y dulce, a pesar de su aspereza. Los párpados se me cosieron a la piel en un sutil proceso que yo ignoraba, manteniéndose así los ojos abiertos, muy abiertos, anhelantes de una vaga sombra que guardase algún parecido contigo.
Golpearon a la puerta. Varias veces, tal vez incluso muchas veces. Y no eras tú.
Dejé todas las ventanas abiertas, los ojos también abiertos, todo preparado por si tú volvías.
...Y supe que no vendrías. Me rendí al desaliento y me dispuse a la resignación.
El último esfuerzo fue desesperante. ¡Qué abandono! ¡y qué descortesía por tu parte irte así, sin avisar, por la puerta de atrás, ignorando que la estrella del espectáculo de mi vida eras tú! ¿no podrías haber intentado, al menos, una salida de escena triunfal? ¡Qué injusticia para conmigo, después de todo lo que yo te di!
El desespero se leía en mis ojos. Y tu no-presencia me pesaba en el alma; mis pies eran de plomo porque tú no estabas.
Me sumergí entre las sábanas, dispuesta a dormir. Eran las mismas sábanas. Las mismas que tú surcaste, las mismas donde reíamos y jugábamos, que parecían hechas únicamente de nube y de rayos de sol.
El sol también había huído contigo, las nubes se habían marchitado. Sólo quedaba de todo aquello un ligerísimo olor a tu esencia, un olor burlón porque sabía que yo nunca podría siquiera rozarlo. Y la tela era rugosa, áspera, hostil; me arañaba la piel con descaro, riéndose de mi desgracia.
Allí dormí. Allí sigo. ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿o tal vez, quizá, los relojes ya se han detenido?


Algo ha rozado la yema del dedo anular de mi mano derecha; sonaba dulce. He dormido, es cierto, pero no ha sido un pretexto para soñar, y me siento sucia por ello. Entreabro los ojos y una lágrima de asombro recorre mis mejillas.
Sé que has estado aquí. Pasabas, de visita, y no has pasado de largo. La leve marca de tu cuerpo etéreo ha quedado en las sábanas. Tu olor me ha despertado, ahora lo sé, y sí, es cierto.
Es cierto, es cierto, es cierto... has estado aquí. ¿Volverás mañana?



...



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Mensajepor dejedi-M » 09 May 2007, 21:20

Por favor, qué manera de acaparar el post, al final me echaréis. Lástima que aquí no funcione lo de "centrar", en fin.


LOS ROSALES DE ROSARIO.

Lunes, siete de la mañana. El barrio se despierta perezosamente, un amanecer más. Un ligero rayo de sol ha rasgado con descaro el pétalo de una flor, casi logrando arrancarle un bostezo. Algo más allá un pajarillo ha mostrado curiosidad por una amarilla, y pocas fracciones de segundo más tarde se ha espantado al ver un ser de proporciones titánicas que avanzaba estrepitosamente de camino a la rutina.
Ese ser era yo. Y, claro, el pájaro no era el único interesado por las rosas. Es lógico, son un milagro.
Parece que el cielo brille distinto hoy; que sea más azul, y de un azul más nítido; que los huesos no sean tan fríos, ni la curva que cada día me acerca más a esta tierra mía, tan curvada; que el día se haya desentumecido como deshaciéndose con movimientos ágilmente jóvenes del polvo y penurias de siglos pasados pintados en el


cielo


no existe y es difícil pensar en la eternidad. Lo espero. Lo veo morir lentamente cada día. Con parsimonia, como hace y hacía todo. Aunque ya no veo, ni oigo, ni huelo, solo siento, solo soy. Soy el crujir del somier cuando se levanta. Soy el crepitar de los fogones, ay, yo que en vida le insistía poner una vitrocerámica, uno de esos chismes modernos que lo hacen todo solos, Manuel, menuda joya. Soy sus manos temblorosas buscando una cerilla, tanteando para lograr colocar la correa a Tunia, pobre Tunia, pobre animal, tan vital y joven pero tan anciano y con la responsabilidad de mantenerle en vida hasta nuestra primavera eterna, y que Dios se lo pague. Soy cuando Petunia, mi Tunia, nuestra Tunia, ladra sin motivo alguno. Soy cuando estoy con él, y estoy con él en sus últimos suspiros, risas, llantos y sueños terrenales, para seguir con él la eternidad. Soy la esencia de lo que fui en vida, qué extraña palabra, vida, qué absurda. Pero, sobre todo, soy esos rosales. Aquellos

rosales

que plantamos juntos, Rosario y yo, siguen creciendo y muriendo. Los suyos cada día son más bellos, más exuberantes, como lo fue ella en vida, y en cambio los que yo planté parece que se mueren conmigo. Pero son tan hermosos... no hay nadie que pase sin fijarse, son un orgullo, un manantial de vida y de serenidad para este viejo cansado y somnoliento. El resto del jardín continúa como cada primavera. Y, desde que la conocí, es mi primera primavera sin mi

flor

de té. Recuerdo que me llamaba flor de té, porque decía que eran pequeñas y blancas y puras como era yo cuando me conoció, que parece que hace mil siglos de eso y aun recuerdo aquella promesa que nos hicimos de no separarnos jamás. No sé cómo son las flores de té. Tampoco me gustaría que pensara, “Rosario me ha abandonado”, no, no, y espero no lo sienta así, porque eso haría mi esencia más volátil y quizá nunca lo encontraría de nuevo. Y él podría de nuevo darme la

vida

son solo palabras, pensamientos, una absurdidad, como una broma, sólo eso. Estoy seguro. La vida sin ella no es vida, lo demuestran mis rosales que se marchitan muy a pesar de la primavera. Pero la mañana es tan clara que no quiero pensar. El agua resbala sobre los pétalos formando cúmulos que nosotros llamamos gotas, que si vinieran de un ojo serían lágrimas y si vinieran del cielo serían lluvia, y por eso es todo tan absurdo, una gota es una gota, una vida es una vida y si la suya no está conmigo, la mía es un

vacío

eso es, ese era mi gran temor a la muerte. Un vacío. Que no “fuera” nada. Y es mucho más sencillo que eso. Antes “era” porque acariciaba, reía, lloraba, degustaba, escuchaba o silbaba. Ahora simplemente “soy”. Esa es la primera señal inequívoca de que nos morimos: que nos limitamos a ser. En vida hay que hacer más cosas, la vida es bullicio, es una lucha constante, cuando solo eres, no eres, estás muerto. La

muerte

ya no me atemoriza con su larga capa negra y sus largos dedos como la nieve, que en mi imaginación no eran dedos sino afiladas y arrebatadoras garras sobre la piel blanca, blanca. La tierra, la tierra con mayúscula, es la que me llama y no la minúscula muerte. Me clama el azul de la mañana, el olor de la vida despertando –desayunar, vestirse, ir a trabajar, soñar, en ese orden-, la vitalidad del agua que se escurre entre mis apergaminadas manos, como la vida misma. Los rosales ya pueden vivir. Juntos,

“somos” juntos.

Tú eres,
Yo soy,
Nosotros seremos.



Siempre dos rosales que se abrazan,
los rosales de Rosario.

Basado en hechos reales.
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Dejedi, 9 de mayo del 2007.
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Mensajepor Layma » 01 Jun 2007, 01:17

-La canica-

Una tarde, removiendo en mi cuarto trastero, descubrí un pequeño cofre de madera; era verde satinado. Mediría unos quince centímetros de largo por diez de ancho. No recordaba de donde salía aquel misterioso objeto hasta que lo abrí.

Dentro hallé cuidadosamente dobladas unas hojas. Contenían las letras de canciones que compuse para un grupo del que formé parte a los diecisiete años, y cartas de amor que escribí sin enviar expresando mis anhelos a la que tal vez fue el primer novio de mi vida. Al proseguir recogiéndolas, de entre ellas, se deslizó una canica de vidrio con vetas de color difuminado. La tomé entre mis manos y la observé con detenimiento. Tenía una muesca en su superficie. De súbito la reconocí. Entonces mi vida dio un vuelco y el pasado retornó a mí en toda su potencia y esplendor.

Hacía una tarde sofocada en angustioso calor; atardecer de verano, supongo. Aunque no recuerdo bien en qué fecha estábamos, escarbando en los recuerdos, veo a mi madre disponiéndose a llevarnos a mi hermano y a mí a la casa del pueblo, para así tratar de escaparse unos instantes de la ciudad y su agobiante entorno de calor. Tal vez nos bañáramos en una poza del río, y aunque no sepa con certeza si llegué a hacerlo una vez, sospecho que así fue.
Mi hermano: delgado, de brazos largos, tórax comprimido, cuello fino y estrecho, boca pequeña de labios torcidos. Sus ojos, redondos y brillantes como canicas, observaban con curiosa intensidad, y a veces aire de desconcierto, la vida que rondaba nuestro alrededor.

Mi hermano, jamás fue jugador, y sin embargo aquella tarde supo competir…

Mientras se arreglaba, nuestra madre nos mandó bajar y esperarla en el portal del edificio.

Salimos correteando. Benjamín, el portero, no salió a recibirnos. Lo cual nos dio la confianza para desenvolvernos quizá con mayor desahogo. No sé de quién partió la idea. Tal vez de mi misma. Recuerdo que por aquella época se estilaba jugar a las canicas y también, que fue el primer juego que me enseñó de alguna forma a vislumbrar la crueldad de la vida.
En la escuela nos entreteníamos apostándolas. Y como suele ocurrir, ganaban los mejores. Por ello no era conveniente tomarles afecto. Pero una niña siempre será una mocosa amorosa. Yo me enamoré de mi primera canica blanca irisada. Era un nuevo modelo muy valorado que acababa de salir en el mercado. Tan sólo tenía una de esa clase; y no estaba dispuesta a perderla. Por eso nunca apostaba con ella. Para superar tales aflicciones tenía las otras; las malas e infravaloradas…

La tarde era apacible. Salimos al patio. No recuerdo cruzarme con ninguna persona mayor. El patio era de tierra amarilla, con setos muy bajos demarcándolo. El lugar ideal para jugar, y donde mi hermano y yo iniciamos la partida.

Mi hermano, jamás fue jugador, pero aquella vez supo competir...

Quizá sea una de las pocas veces que me ganó. Tampoco es que yo sea especialmente buena en algo, pero él solía ser peor. No le interesaba competir, y hacía muy bien. Aunque no aquella tarde. Aquella tarde, una tras otra, me fue arrebatando las canicas la piel y la sangre; hasta que sólo me quedó la magnífica, la inapostable. Y por una vez, quizá por tratarse de mi hermano, arriesgué y la perdí. Entonces como suele y solía ocurrirnos a menudo a los niños – aunque quizá más a los mayores – no supe perder.
Después de entregársela, angustiada, se la reclamé. Y ahí comenzó el cataclismo. Como es natural se negó a devolverla, ya que la había ganado justamente. Yo era astuta, soy astuta… No sé cómo le engañé. Él me cedió algunas más y jugamos otra vez.

Comenzó a competir con ella. No sé si lo hizo para lucirse o porque yo le dije que no había juego si no la exponía. El caso es que aquella esferita que yo consideraba de mi pertenencia y que había permanecido durante más de dos meses sudada en los bolsillos de mis pequeños y desarrapados vaqueros, se paseaba ante mis ojos. Estaba en manos de otro; y aunque fuera mi hermano, lo único que me importaba era recuperarla. Al cabo de un rato la revancha estaba servida: desperdiciada. Sólo vi una solución para recuperar mi tesoro. La respuesta de los políticos sin recursos, de los oportunistas, de aquellos que cuando crecen se creen superiores. El robo. Arrebaté la canica y salí huyendo.
A mis espaldas oí voces confusas: alto, espera detente… Estaba segura, mi hermano me perseguía, era mayor, más rápido y sobre todo, más fuerte. De no alcanzar el ascensor me atraparía y entonces ya no habría canica y en cambio sí una buena tunda.

Entré en el portal. Corría con locura, como un temporal embravecido; la canica aferrada en mi puño derecho, y de allí no saldría.

Alcancé la puerta interna del portal, detrás estaba el ascensor. Era un portón de cristal con marco muy estrecho. Con precipitación apoyé la mano para abrir y en lugar de hacerlo en el marco de madera, lo hice sobre el cristal. Cedió y la atravesé. Una lluvia de espejos afilados se abatió sobre mí, al tiempo, proferí un aullido de angustia y terror… Hoy sigo sin saber de dónde salió ni cómo hice para lograr aquella inflexión desquiciada. Aquel grito profundo y salvaje, con tan sólo siete años. Soy y seré incapaz de repetir nada de semejante intensidad y atrocidad en la vida. Sin duda fue un grito de muerte, ya que la muerte me rondó. Lo supe después. En forma de guillotina, un vidrio permaneció balanceándose, a sólo centímetros de mi nuca. Me lo dijo el portero, que impresionado por la fuerza del alarido, subió las escaleras desde su casa y me sorprendió allí; temblando, pálida y confusa. ¿Mi hermano? No sé. Supongo estaría detrás, sin atreverse a mover un pelo de su alma.

Cuando subía con el portero en el ascensor comencé a sangrar. Parecía un grifo sin presa. Dejé el ascensor cubierto de sangre. Me llevaron a la clínica, iba tan atontada y desfallecida, que casi perdí el conocimiento.
Me lavaron y cuando fueron a anestesiarme alguien se fijó en mi puño crispado. Tuvieron que pedirme que lo abriera. Finalmente, con dificultad, extendí la palma. Y allí; limpia, inmaculada, sin una gota de sangre que empañara su brillante superficie, se hallaba mi valiosa canica con vetas de color difuminado.
"Nació con el don de la risa y con la intuición de que el mundo estaba loco. Y ese fue todo su patrimonio..."



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jason
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Mensajepor jason » 19 Jun 2007, 04:13

Amor 77 (Julio Cortázar)

Y después de hacer todo lo que hacen se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son.

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Mensajepor wicker_heart...^^ » 19 Jun 2007, 15:03

Era otoño y los sentimientos empezaron a caer de tu corazón. Primero fue la ira, ya no sentías ira, ya nada quedaba de esa rabia absurda que antes te embargaba. Más tarde también cesaron los celos, los celos por quién te lo quito, los celos por quien te arrebato la luz y te dejo en la más negra oscuridad, eso también desapareció. Al poco tiempo dejaste de encontrar las ganas de gritar que antes te rompían el alma en mil pedazos y te hacían sentir cristales en la garganta ¿Para qué gritar si nadie te había escuchado nunca?
¿Para qué gritar si la voz salía del corazón y recorría todos los caminos del cuerpo y retumbaba en tu cabeza pero nunca salía al exterior? ¿Para qué?
Así uno a uno se fueron cayendo todos aquellos sentimientos, y entonces el invierno reinó en tu cuerpo.
Te encerraste en el pasado y tiraste la llave al cielo gris del olvido, y no cayó porque tu no querías que cayese, pero aunque hubiese caído tú no la hubieras cogido.
Te encerraste en el pasado y empezaste a quitar el polvo a los recuerdos, y empezaste a recordar, y ahí te quedaste en medio de la nada, encerrado en tu cuerpo mientras tu mente vaga por caminos que nadie conoce. Pero algún día saldrás, algún día no te quedaran más recuerdos por desempolvar y entonces mirarás al cielo y la llave caerá, con ella volverás a abrir tu vida.
Y yo te estaré esperando.

hace bastante q escribi esto y es de lo poco q e escrito qm gusta :oops:
aunq no es muy bueno... lo se... :(
Imagen

Como Quieres Que siGa tu caminO si yO a contrasentiDo me sientO mejOr!! ^^

http://www.fotolog.com/wickerheart_yeah/

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mapixi
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Mensajepor mapixi » 19 Jun 2007, 23:46

¿Esto irá aquí? :?


Navego en el mar de la noche, noche de nubes y sombras, noche de búhos.
Avisto tierra, tierra de faros, de pirámides de ladrillo y cristal.
Soy el capitán del barco, el vigía de tus sueños, el guardián de tus deseos. Noche de paz, de serenos.
Duerme chiquita, en el lecho del silencio, sin miedo, que yo cuido de los duendes de tinieblas y vigilo a la luna para que no te engañe, para que no te lleve por senderos de amargura; duerme mi niña, que mantendré a las estrellas lejos para que no rompan con su luz tu delicado sueño; descansa, no llores, que seré narrador esta noche, narrador de cuentos, de novelas de guerreros, de princesas, de castillos con dragones buenos; seré cantor, poeta, esclavo de tus deseos. Pero duerme, descansa, no temas, que las brujas están fuera y vienen por las niñas feas, y tú eres bella, rosa de rosas, pureza eterna.
¡Aprisa, ya vienen!, que no te encuentren despierta, que no llamen a la puerta, que regresen al bosque los elfos, al mar los piratas, al infierno de las llamas los demonios, que no envenenen siquiera tus perfumes con el hedor de sus cuerpos, que no manchen de sangre la blancura de tu cuerpo.
Ninfa del lago, sirena del mar abierto, mi reina, joven diosa de mi barco que es la vida; protégeme tú ahora ¡oh hada madrina!

Ya acabé la misión y vuelvo al mar, que las estrellas están inquietas y vuelan en el cielo mientras la luna duerme, luna nueva.
Yo velaré por tu sueño, no llores mi niña, que el capitán del velero volverá cuando anochezca para ser poeta, trovador o cuenta cuentos, para llenarte de luces la fantasía del pensamiento.



Hoy, para ella.
Hermana mapixista
Gorf@s power - Kaladas y palestinos

No som diferents, només instants del temps.


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