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Mensajepor cronopio » 24 Jul 2005, 22:04

No se trata de un relato en sí, sino de parte de la corrección de un capítulo que ha supuesto una reescritura y éste es el resultado:

(Yo)

Lo primero salir, pero sus brazos me envuelven, me atan como cuerdas, y su cabeza sobre mi pecho es el cerrojo de mi prisión. ¿Quién me ha condenado?. Una ventana me muestra un amanecer limpio y profundo. Escucho el sonido de la calle, zumbidos de motor y grupos de noctámbulos que se van a descansar. Yo también debería irme, no tengo sueño, mas estoy destrozado, siento que la resaca se mezcla con los efectos de la borrachera que aún perdura y no sé bien si podré levantarme.

Prisionero de la luz diviso una puerta cerrada. Mis ojos no acusan el golpe recibido. Silencio. Su respiración me asfixia como no lo hacen sus manos apoyadas en mi cuerpo. Una sábana nos cubre hasta la cintura. Giro despacio la cabeza y la desnudez de sus pechos me sorprende. Tan cerca y a la vez tan lejos... Y ayer fueron míos como lo fue cada centímetro de su piel. ¿Digo míos?. No, más bien nuestros, Ella nunca se entregó del todo, no sentí su dejadez pero sí su libertad. Y menuda libertad variable a cada instante. Subidas y bajadas, lentitud, ahora deprisa, nueva pausa, ¿puedes?, mi control en luz de alarma, eso intento, gotas de sudor y gemidos apurados, sus caderas sobre mí sin cesar su movimiento, una luz en aquel túnel, Ella manda, yo me corro, pero exige más placer. ¿Mía?. Más bien suyo, aunque no sea de nadie. Se vació sobre mí y yo sobre ella sin dejar de pertenecernos. ¿Acaso era posible de otra forma?.

Y ahora la miro y sólo observo tranquilidad y descanso, reposo absoluto, labios en calma adivinando una sonrisa interior, ojos ausentes, cerrados, y su lisa, su corta melena resbala desde mi hombro sobre mi brazo izquierdo. ¿Es la misma persona que ayer me dominaba sin dejarme un resquicio para recuperar mis defensas?.

Lo primero salir, pero no puedo, no deseo despertarla, no quiero romper la magia de este momento prolongado, casi eterno, casi un espejismo, como si la vida no esperara nada más, todo en orden y aquí termina todo, como si la muerte fuera esto.

Cada vez irrumpen más sonidos de la calle. Voces infantiles dejan escapar sus gritos en un juego conocido. Se escucha lejano el volumen de la radio en una casa vecina. La luz del sol es más intensa. Debo irme. Planearé mis movimientos. Mi ropa tirada en el suelo, a mi derecha, cerca de la ventana. Enfrente de mí una pared. ¿Y ese cuadro?. El mar... Una estantería. Debajo una mesa de estudio. Giro mi vista hacia la izquierda. Un armario empotrado y por fin una puerta, mi salida. ¿Y ese cuadro?. La playa... El mar y la playa en un logrado amanecer que contemplan dos personas y otra vez se disparan mis recuerdos: 8-8-98. La fecha me persigue y lo curioso es que imaginaba algo así, sabía que esta noche era diferente a otras muchas gastadas en calendarios y habitaciones olvidadas. Presentía algo distinto y lo he encontrado. ¿O acaso no buscaba una respuesta?.

Lo primero salir. Acaricio sus brazos, los deslizo levemente como si formara parte de su sueño y, con cuidado y precisión, me muevo muy despacio en sentido horizontal permitiendo que su cabeza no golpee bruscamente en el colchón, sino que por el contrario se desplace con suavidad hacia él. Ya estoy libre. Su gesto ha cambiado, ha debido de sentir una ausencia, y ahora sus manos buscan la razón de su extraña soledad y se abrazan a la almohada. Sigue dormida, pero sola. No debo hacer ruido. Escapo de la sábana y me levanto. Me visto con rapidez y sigilo, los zapatos en la mano, y me detengo paralizado en el cuadro que ejerce un imán en mi memoria.
Hay una frase escrita: “instantes de unas vacaciones increíbles, julio de 2001”, y al fijarme con mayor detenimiento descubro que una de las dos personas que en la playa divisan el amanecer es Ella, y la otra cualquier amiga suya que, y esto es extraño, en vez de contemplar al sol recién nacido mira a Ella, y en sus ojos hay una mezcla de diversas emociones que tendré que analizar porque me resultan vagamente familiares, y, sobre todo, me fascina esa mirada.

Abro la puerta y aún permanezco un instante parado reteniendo ese lugar y despidiéndome en silencio de Ella. Vuelvo a cerrar. Un pasillo me conduce a una doble dirección, salón-cocina, y me decanto por la última que está próxima a la entrada, mi objetivo. Ando descalzo, esquivo una puerta entreabierta, sin duda la habitación de Nadie, y cuando la sobrepaso dirigiéndome al recibidor, ésta sobresale y me sorprende, ¿Yo?, y no respondo. Miro hacia atrás. Me sonríe. Hago un gesto de saludo y despedida a la vez, me pongo por fin los zapatos, y salgo por la puerta sin llamar al ascensor, escaleras, y en la calle busco un taxi donde contemplo mi aspecto por el espejo retrovisor y pienso que necesito una ducha, pero sobre todo, descansar.

Lo segundo volver, viajar en sentido contrario a las manecillas del reloj para revivir los momentos olvidados de la noche pasada. La memoria un laberinto que interrumpe mi descanso. Los sueños me ahogan en el mar y la luna brilla intermitente en los latidos de mi alterado corazón.
Mañana de domingo, de permanecer tumbado todo el tiempo, no hacer nada, sin apenas respirar. ¿Cuántas horas llevo así?. Puede que muchas o ninguna, no lo sé, no me interesa, sólo quiero comprender lo sucedido. Nuevo esfuerzo, vacío, soledad... y Paz; Paz que ha regresado a mi vida imponiéndome una fecha de la que tengo conciencia pero no explicación. ¿Era ella aquella niña de la que yo me enamoré hace diez años?. ¿La misma que de noche y en la playa me ofreció la claridad más absoluta, su cuerpo, sin pedirme nada a cambio?. ¿Aquélla cuyo adiós materializado en el castigo de sus padres transformó mi realidad?. ¿Era ella?.

Lo segundo volver, regresar a mi pasado vagabundo de recuerdos y de olvidos. La vida una traición. Mi madre muerta y yo solo; mi padre envejecido y yo solo; pasan seis años y yo solo; encuentro a Paz, ¿me reconoce?, puede, pero no me lo dice y estoy solo; pasamos juntos una larga temporada y sigo solo; llegamos al límite del abismo, excesos, drogas, la vida una autopista en una sola dirección contraria al resto de la gente y sigo solo; salto al vacío y ella no me sigue, me la rapta la adicción, una clínica, yo volando en soledad, una boda, y amerizo en el silencio y sigo solo; pasan años, vuelvo a verla, causalidad que nos persigue y estoy solo, siempre solo acompañado únicamente por la Respuesta que no alcanzo a descubrir, se transforma y me confunde, pistas falsas, ciencia, religión, filosofía, escepticismo... pero nunca eternidad. ¿Y su carta?. Una fecha y una firma, el hoy enlazado en el ayer, fantasías de sueños y esperanzas, la irrealidad se mezcla en el presente y cobra forma y por primera vez también cobra sentido. Vuelo descendiendo, intento aterrizar y me elevo nuevamente. En el suelo siento vértigo, y en las alturas claustrofobia. ¿Qué hago aquí?. No estoy solo, estoy con Ella; su mirada al conocernos, su cuerpo enlazado con el mío anoche, y sobre todo su silencio, diferente a cualquier otro porque llena de sonidos mi cabeza y me hace hablar, evadir mi soledad en su silencio. ¿Qué hago aquí?.

Lo segundo volver. Mi padre ha preparado la comida pero yo no tengo hambre, domingo de ayuno y abstinencia, no creo en Dios y sin embargo a veces voy a misa. Desconozco la razón, quizás espero algún milagro, no lo sé, que me ayude a morir y descansar eternamente. El agua se diluye por mi cuerpo y yo intento acariciarla, que traspase mi piel y mis sentidos, origen de la vida, y me enseñe a valorar su ausencia como acaso Ella me enseñó ayer a compartir el sufrimiento. Porque Ella sufría, su beso me lo dijo, aquel beso robado no era para mí, como el mío tampoco era suyo. Su beso fue dolor y alejamiento.

Enciendo la radio y el fútbol me distrae, me integra en una sociedad que apenas me interesa. Sólo importa ganar, subir peldaños, cueste lo que cueste, tan real y tan estúpido... ¿Qué hice luego?. Aturdido descendí y busqué relajación en mi propia soledad. En este punto los recuerdos son borrosos; sé que quise fumar... ¿y fumé?, sé que quise beber y bebí, estaba solo, Paz hablaba, pero yo seguía sintiendo aquel beso mientras la cabeza se me iba y mi cuerpo apenas reaccionaba a mis impulsos.
Después de la tormenta viene la calma como después de una bajada llega el llano y después nuevo descenso o acaso una subida. Paz se fue, ahora recuerdo mejor, y vino Nadie, me preguntaba sobre Ella y yo no era capaz de responder más que frases vagas y carentes de sentido en su ausente fantasía. El sol se esconde, mi estómago exige atención, consumo restos de la comida que no quise y vuelvo a mi cuarto como vuelvo en mi memoria hacia El Estudio, madrugada, mis amigos desaparecen poco a poco y alcanzo su mirada. Desde el beso no habíamos vuelto a coincidir. Ella se queda inmóvil. Yo me acerco. Se apoya en la pared y esconde sus ojos mirando al suelo. Ya estoy a su lado, pero no digo nada, sólo respiro profundamente y Ella por fin se decide a hablar. – Quiero irme, pero no quiero estar sola. – ¿Y Nadie?. – No me refería a ella sino a ti. – Yo tampoco quiero estar solo– sonrío – ¿Nos vamos?. – Sí, donde tú quieras.

Y lo tercero: dormir.

**********

(Ella)

Hacía tiempo que no dormía tanto. ¿Estoy sola?. Sí, y es muy tarde, cerca de las tres. No le oí marchar, ni siquiera sentí su ausencia, ¿sería hace mucho?. Mejor, no hubiera sabido qué decirle y estoy desnuda, mi ropa en el suelo, la recojo, me visto y enciendo un cigarrillo.

Hace calor, demasiado calor, domingo clareado de anticipada primavera, la noche una utopía, ¿qué me sucedió?. Me dejé llevar, sólo sentir sin importar las consecuencias, salimos de El Estudio y no cruzamos palabra alguna hasta que entramos en el piso. ¿Estás segura?. Sí, ahora también, te necesito. Volvimos a besarnos y acabamos en mi cama. Noche de placer y de dolor. ¿Dolor?. Todo en él era dolor. Su mirada, sus suspiros, sus gemidos ahogados, el roce de su piel contra la mía, sus reprimidos movimientos, yo encima y él tumbado, yo mandaba y él obedecía, su forzada represión, aguanta, no podía y se esforzaba, aguanta... Me dejé llevar. Fue mío.

Quito las sábanas y las sustituyo por otras limpias que saco del armario. Hago la cama, cierro la persiana a la mitad y me dirijo a la lavadora. Nadie no está en casa. ¿Adónde habrá salido?. En la cocina no hay nada preparado. Tengo hambre, pero no me apetece cocinar. Abro la nevera. Vacío. Sólo un poco de ensalada de ayer y al menos agua fría en una jarra que vierto sobre un vaso y ahora saboreo saciando mi sed. ¿Por qué ocurrió?. Un beso fue el inicio, Ayer culpable, no deseo pensar en ella y sí en él: Yo; es tan extraño... Me envolvió en caricias como antes lo hicieron sus palabras, su tacto en cada poro de mi piel, sus labios en mi cuello, yo excitada y él tranquilo, la ropa cediendo poco a poco al empuje de su cuerpo, busca una postura, yo le esquivo, mezclamos saliva con palabras incomprensibles, todo muy pausado al principio, su lengua recorriendo mis pechos, su miembro erguido, su mano que explora mi sexo, la luz apagada, oscuridad y reflejos de la noche, media vuelta, me monto sobre él, parece sorprendido, se deja llevar y yo acelero, ordeno, y mando, termina, exijo más y vuelve a obedecer. Noto su dolor, su resaca y su cansancio, un poco más, intenta un cambio de postura y se lo impido, vuelta al ritmo que le impongo, sudor que sobresale de su piel como si fuera sangre, aullidos cada vez más estridentes, silencio, y al final paro sin saber si hubiera aceptado un nuevo envite mas sospecho que pese a sus fuerzas desgastadas no me lo hubiera impedido. Era mi esclavo, esclavo de una noche y de un secreto que intuyo en su manera de actuar. Y vaya noche, ni con Error ni con ningún otro había vivido y sentido una noche semejante. ¿Cómo explicar el placer que me embriagó?. Placer físico pero también otro placer, un placer en forma de desatada excitación al pasar de dominada a dominante, él mi esclavo y yo su ambiciosa consentida, él mío y yo sin pertenecer a nadie en concreto. ¿Cómo explicarlo?. Yo fui hombre y él mujer.

Cierro el grifo de la ducha y mientras cubro mi cuerpo en la toalla escucho el ruido de la puerta y una voz que pregunta por mí. Salgo del baño y saludo a Nadie que me mira con un gesto complaciente a la vez que deja unas bolsas con publicidad de un restaurante chino sobre la mesa. Supuse que tendrías hambre. También supuse que amanecerías avanzada la tarde, no como Yo que se marchó temprano. ¿Yo?. Sí, sobre las once u once y media. No pude hablar con él, le sorprendí casi en la puerta y se despidió con un gesto. Tienes que contarme todo. ¿Quién lo iba a decir?.
Arroz tres delicias y pollo agridulce. Nadie apenas prueba su plato, comió unos sándwichs y no tiene apetito, lo dejará para la cena, sólo quiere oírme y yo regalo detalles, pero no muchos porque aún tengo que explicarme a mí misma todo lo ocurrido. Además estoy cansada. Termino de comer y me excuso reprimiendo un bostezo. Tengo que terminar mi trabajo. ¿Cuánto me queda?. Un par de horas. Lo dejaré para más tarde, ahora quiero descansar. Me tumbo en la cama y me dejo llevar por mis recuerdos.

Yo, extasiado, se echa a mi derecha boca abajo, se desploma, y viéndole tan débil me contagio y caigo rendida junto a él. Se recupera. Nos cubrimos con la sábana y nos miramos. Pasos en el pasillo que se acercan, Nadie acaba de llegar, la puerta cerrada con pestillo, y al instante otra vez silencio y no dejamos de mirarnos, hay más claridad nocturna, parece que se acerca el amanecer y sus ojos bailan como acaso los míos, no lo sé, sólo sé que su color sombrea mi sonrisa unos segundos. Separa su mirada tumbándose boca arriba y yo me abrazo a él y apoyo mi cabeza, su pecho como almohada, y pierdo la noción del tiempo que transcurre, podría permanecer así una vida entera, todo es tan perfecto... mi cansancio cede y mis ojos se cierran, la calma es absoluta.
He soñado, pero me inquieta la imagen de su recuerdo. ¿Qué hora es?. Las ocho de la tarde, paz interrumpida. ¿Cómo era?. Ayer... y Yo, mejor dicho; cuerpo de Yo y rostro de Ayer; movimientos de Yo y gestos de Ayer; tacto de Yo y voz de Ayer; Yo instrumento y Ayer fin. ¿Ayer?. Impuestos y contratos, papeles en la mesa, informes... todo me conduce a Ayer. ¿Dónde estará?. En el Sur. Ordeno mis folios, escapo de esta soledad que me confunde y busco a Nadie. Hablamos. ¡Qué increíble el efecto de su voz!. Todo se olvida. Mañana tiene cita con el ginecólogo y ahora vemos una película en la tele. Nos invade la madrugada y nos vamos a dormir, y en mi cama siento que la noche que pasé con Yo es similar a la de Ayer, salvo, y esto me aterra, que en esta situación los papeles han cambiado y a lo mejor sufro por él como Ayer sufrió por mí.

Oscuridad.

+

Saludetes,
"He visto tu cara ardiendo en un lienzo de agua, y me he sumergido en un sueño sin poderte tocar, formando un mosaico de sombras, buscando a ciegas lo que sé que no está."

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mapixi
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voluntades etereas

Mensajepor mapixi » 25 Jul 2005, 21:36

Voluntades etéreas

La oscuridad comienza a invadir suavemente las líneas de los edificios colindantes. Susurros de aliento languidecen poco a poco en el crepúsculo del día.

En el ambiente un perfume embriagador, un aroma nostálgico de recuerdos apenas vividos. Segundos, minutos, horas, días... Y en las paredes la huella impasible de una presencia constante, en cada recodo, en cada rincón.

Sobre la repisa del balcón un cenicero lleno, de fragmentos, de ansiedades, de suspiros, de ausencias... Junto a él dos copas vacías, evocando noches en vela, instantes intensos, sueños, pasiones...

Y en sus ojos, reflejos dorados, un brillo incomparable, lágrimas confusas en la indecisión. Maravillosa tristeza la de la añoranza de momentos felices.

Y en su piel, el sabor de tu cuerpo. Y en su tacto, tu presencia. Y en sus ojos, el calor de tu risa, tu ternura, tu magia. Y en su alma, el sentir de tu vida. Y en sus labios, tu sed. En su voz, tu nombre. En su memoria, un futuro. En sus recuerdos, aliento. En sus dedos, esperanza. En su cuerpo, tu deseo. En su corazón, la necesidad de verte, de tocarte, besarte, perderse en tu mirada...

Como si irradiase un aura incomprensible, divaga entre murmullos. Palabras que, perteneciendo al ayer, persisten en el silencio que la envuelven. Ecos que solo ante ella resurgen dulcemente. Y entonces asoma a sus labios una suave sonrisa. Se dibuja en su rostro tu rastro. Las huellas que atrás deja tu paso sobre su cuerpo.


Se escucha un latido de fondo. Lejano, rítmico, vital, enérgico. Como el retumbar adherido a las paredes de tu paso por la habitación. Y suena de forma acompasada al suyo.

Se funden armoniosamente ajenos a la distancia. Completamente atemporales. Dejando atrás las reglas que rigen el universo y que distan mucho de poder someter dos voluntades etéreas...
Hermana mapixista
Gorf@s power - Kaladas y palestinos

No som diferents, només instants del temps.

Tercoydormilon

Mensajepor Tercoydormilon » 27 Jul 2005, 20:58

Las agujas del reloj marcaban las seis en punto de la tarde. Los nervios se empezaban a aoçpoderar de su cuerpo. Era logico pues llevaba meses sin verla. Cuantos exactamente? Seis? Cuatro? Daba la sensacion de ser mucho mas tiempo...
La habitacion del hotel se antojaba una celda en ese momento. Paseaba por ella mientras intentaba hacer correr el tiempo. Esos minutos que no se iban a la velocidad de siempre.
Se sento en una butaca azul y se dispuso a leer una vez mas los platos que ofrecia el servicio de habitaciones. La television encendida...
Cuanto tiempo llevo aqui? Pensó. Eran las siete menos cuarto de la tarde y aun no habia visto sus ojos. el corazon empezaba a rebasar la velocidad permitida. Un cigarro quizá ayudase a frenar su ritmo. Mientras fumaba aquel cigarrillo notó en su estómago una revolucion de mariposas. Me alegro de que sigan ahí.
No habia terminado de aplastar la colilla en el cenicero cuando sonaron unos timidos golpes en la puerta.
Pasaron unos segundos hasta que se acerco allí y la abrio. No pudo contener las lagrimas al contemplar aquella mujer frente a él. Ella se quedo quieta, inmovil mientras lo miraba.
No pudo esperar mas. Se ábrazó a su cuello mientras él hacia lo mismo con su cintura. Un ahogado te quiero salio al unisono de sus bocas, que no pudieron hablar mas al ser selladas por un dulce beso. Un beso tan dulce que conseguia apagar el sabor salado de las lagrimas.
Tan solo, en una brevisima pausa, se le pudo escuchar un tenue hilo de voz. Por que tanto tiempo mi amor?


Es la primera vez que escribo, decirme que os parece. :oops:

cronopio
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Mensajepor cronopio » 03 Ago 2005, 01:45

fiesta
Última edición por cronopio el 06 Nov 2011, 23:41, editado 1 vez en total.
"He visto tu cara ardiendo en un lienzo de agua, y me he sumergido en un sueño sin poderte tocar, formando un mosaico de sombras, buscando a ciegas lo que sé que no está."

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simplemeteyo
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Mensajepor simplemeteyo » 04 Ago 2005, 16:32

Relato del paraiso de una inocente


Ahí estabamos los dos, mirandonos deseosa y apasinadamente. Nuestro alrededor lleno de gente infeliz y desdichada pasando de un lado a otro sin parar de histerizar...
Pero no nos importaba, para nosotros no hay nadie...
Yo no puedo mas, mi sexo está completamente mojado, deseo que él comience a tocarlo, que comience a descubrir el paraiso de mi cuerpo para que así yo le haga descubrir la bendición del suyo...
Sin más espera él comienza a besarme, yo le sigo el juego pero..¿que pasa?...él deja de besar mis labios para comenzar a besar mi cuerpo, mis senos...el paraiso de mi ombligo, yo entera...un mundo por descubrir...hasta que llega hasta mi sexo y comienza a besarlo como si del mayor tesoro se tratase. Yo veo las estrellas, la piel se me eriza y mi cuerpo se transforma en el de un pájaro para así poder volar...No puedo más y llego a mi primer orgasmo...siento la necesidad de darle lo que se merece por lo que comienzo a besar su espalda y mientras con las manos acaricio su sexo...parece como si hubieramos hecho el amor durante mucho tiempo, él radiaba de placer y yo de inmensa extasis y excitación...Le doy la vuelta para comenzar a besar sus labios, su cuello, toda su parte trasera de la cabeza,sus orejas...bajo por el pecho mientras acaricio su sexo y llega el momento de hacerle ver el paraiso...beso su sexo, lo acaricio, le miro, él no es capaz ni de tener los ojos abiertos, no puede parar de gemirl su respiracion se acelera, su corazon palpita extremandamente fuerte, sus manos cogen mi pelo y deja que sus dedos se deslicen por mis labios. Yo no puedo despegar mi boca de su sexo, solo podia darle palcer, placer a la persona que amaba y entondces llega el momento en el que él tiene sun primer orgasmo...
Deslizo mi cuerpo hasta topar mi boca con la suya y susurrando le digo..."Te amo"...él no es capaz de calmar la respiración...
Quiero que entre ya dentro de mí, se lo indico con la mirada, él entiende el lenguaje pues eramos solo uno...Abro las piernas y él entra dentro de mí, mi sexo está completamnte mojado, mi excitación es máxima...comienza a moverse de arriba hacia abajo mientras con su mano acaricia a la misma vez la parte superior de mi sexo...quiere hacerme volar mientras acaricia mi clítoris...aumnta el ritmo, cada vez más, la respiración se acelera, corazon con corazon, cuerpo con cuerpo, aquello era el paraiso...
Llegamos los dos al orgasmo al mismo tiempo, mis dedos aprietan su espalda y sus brazon protegen mi cuerpo. No quiero soltarle, él tampoco quiere soltarme a mí y permanecimos amandonos toda la noche...
..."cansado de enroscar bombillas y creer que son ideas"...

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Mensajepor cronopio » 09 Ago 2005, 01:22

Fue en un pueblo con mar
Última edición por cronopio el 06 Nov 2011, 23:42, editado 1 vez en total.
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Layma
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Mensajepor Layma » 11 Ago 2005, 01:47

-La mirada del otro-
(El título lo tomo prestado de el libro del mismo nombre de Fernando G. Delgado, el sentido o el mensaje que quiero transmitir lo tomo prestado de muchas miradas, de muchos silencios, de muchos te quieros, de mucha soledad compartida...)


"Creador del cielo y la tierra, de todo lo visible y lo invisible...". O al menos eso profesa la fe católica.

Y sólo entonces comprendió que existen aquellas cosas invisibles que perciben los demás y de las que ella siempre se burlaba. Sólo entonces, cuando se impuso de golpe la realidad.

Y sorprendía de ellos, es decir de nosotros, dos cosa: su falta de prisa como si en sus manos pudieran coger las agujas del tiempo y manejarlas a su antojo; y su prisa también, tan impaciente como la de los niños, los niños que estaban siendo, como los ancianos que no saben si van a llegar a la primavera pero que ya están comprando la medalla de primera comunión(tengo que decirlo, con esta palabra me perdería) para el nieto. No lo olvides nunca: la tristeza o se comparte o no sirve de nada. Tenemos derecho a recluirnos, a hacer balance de nuestra vida. ¿Cómo no les va a chocar a algunos que nos neguemos a asistir a su misma fiesta? Pero nos recuerda demasiado lo perdido. El baile debe nacer de un deseo: el deseo de bailar. Esto no es un colegio donde haya que imponer disciplina.

Mira por donde que convertirse en un ser humano no es algo que se consiga de pronto, ni sin voluntad, ni sin esfuerzo. Es el resultado de muchos tropiezos y muy pocos, quizás algunos elegidos, lo concluyen. Se muestran incompletos(incompletos como esta historia :wink: ) y se complementan en la mirada del otro. A menudo pasaran a nuestro lado gente que se creerán felices, incluso lo serán a su manera, o a la manera que les sea impuesta, "yo", nosotros, nunca lo seremos, pero el saberlo tampoco nos tortura demasiado. La felicidad, como la verdad, de nuevo sobrevalorada. Observaremos el aullido del mundo con una sonrisa de complacencia o de maldad, el aullido de un mundo que nos supera, que nos envuelve, pero que no hay quien le gaste un broma, porque nada tiene el menor significado y entonces habrá brotado en ti la semilla de lo humano, que no es más que la duda y la búsqueda...

La compañía se completa cuando tu espíritu se asoma a unos ojos... los ojos del otro.-
"Nació con el don de la risa y con la intuición de que el mundo estaba loco. Y ese fue todo su patrimonio..."

*Somos lo que decimos...*

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Mensajepor dejedi-M » 28 Ago 2005, 22:33

Parida de campeonato, pero aquí queda.
BLANCO Y NEGRO.


Vestía de blanco. Su piel era blanca, casi traslúcida; sus ojos color mar denotaban tristeza y danzaban nerviosos de un lado para otro. Observaba a la gente pasar, la seguía con la vista durante unos segundos reteniendo los detalles de su fisonomía en su memoria antes de dejarles marchar, sin que esto fuera para ningún fin en concreto. Retiró de su rostro el cabello rubio sobre el cual el Sol se divertía creando matices y reflejos, al tiempo que sonreía para sí, no sin un inevitable toque de congoja que se marcaba en cada milímetro de sus facciones infantiles. Su cuerpo, sin embargo, ya había cambiado, moldeado por un torno invisible de mano, sin duda alguna, experta.
La camiseta que cubría su torso, dejando al descubierto el ombligo, era moderna y de un blanco impecable. Unos pantalones igualmente blancos y con muchos bolsillos, y unas sandalias del mismo color, completaban la ligera vestimenta veraniega. De su fino cuello colgaba una cadena de plata, medio corazón que tal vez había sido robado inocentemente a cualquier alma desprevenida.
Por una de las calles paralelas se acercaba un muchacho. Quizá fuera de su edad, o algo mayor. Su piel era color chocolate amargo, y amargura su mirada; sus ojos oscuros se asemejaban a un pozo: profundo pero vacío. Pecho al descubierto, dejando al aire una apuesta figura; la espalda se la cubría el cabello, largo y rizado, y negro como el carbón, o más bien como una piedra de hematíes, por el brillo que de ellos manaba. Unos pantalones anchos y zapatillas deportivas, junto con una cadena de plata de la cual medio corazón colgaba, completaban su aspecto. Ya en su juventud era el tipo de persona ante la cual la gente se aparta de admiración; su fragancia era indescriptible, mezcla de limón, canela y almizcle, o tal vez sólo olía al más valioso de los tés…, y parecía emanar de su piel. Salvaje, dispuesto a comerse el mundo, mas a su vez vacío por dentro hasta que algo iluminara sus ojos de repente. Apretó el paso.
Sin que ella se percatara, el joven se acercó por detrás envolviéndola con su aroma y su presencia, todo él embargado por una ternura indescriptible que jamás nadie hubiera osado imaginar.
Las miradas se encendieron al mismo tiempo, reloj exacto que nadie controlaba. Se nombraron en silencio al tiempo que alguien tomaba una fotografía a tan extraña estampa, tal vez titulándola mentalmente. El yin y el yang. Nadie advirtió el sonido de las mitades del medallón, que se cerraban.




B7s!!
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Llauro
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Mensajepor Llauro » 29 Ago 2005, 02:06

no se si esto es un relato... en fin ya hace mucho que no me paso por estos lares a dejar nada pero creo que este de alguna forma tb pertenece a esta pagina........

Llevaba siete años declarado en depresión, siempre había sido de alma frágil y carácter pesimista, dos cánceres comenzaron con todo, unas copas y la señorita de los Lunes hacían el resto para mantenerme a raya de todo abismo de luz. Etiquetado de inútil por mí mismo, me limitaba a reconocer mi idiotez a través de una columna en un periódico local, en la que paradójicamente por más que me empeñara en dejar patente mi idiosincrasia de perfecto imbécil, el resto de la humanidad me calificaba de genio.
Era difícil de aceptar que todos anduviesen equivocados conmigo, por eso no me relacionaba con nadie más allá de lo necesario. Los martes después de desayunar, paseaba por el parque de delante del colegio, consideraba que era una forma de intentar purgar los pecados cometidos la noche anterior. Me sentaba en un banco, y empezaba a leer el periódico hasta la hora del recreo de los niños, a las diez y media salían, siempre en trompa, una vez fuera se desperdigaban en grupos, tenia tendencia a fijarme en los que iban por libre, sin necesidad de nadie más, su imaginación les sobraba. Aquel que caminaba como un militar, el que no dejaba de ir y venir deslizando pensativo su mano por los barrotes de la reja, la que se ponía a cavar un agujero en el suelo con la ayuda de un palo; y cuando los veía me preguntaba qué diablos tendrían en ese instante en la cabeza.
En aquel patio de recreo vi por primera vez a Lola, hace ya unos quince años, yo andaba aun en el umbral de la luz, con mi esposa y mi hijo, tenia planes, terminar el libro y esperar con un poco de suerte a que me lo publicasen. La veía cada día, una vez la vi sentada con un libro leyendo impasible, yo estaba paseando por el parque y era la hora del recreo, salí a respirar aire fresco que me desbloqueara la mente y así despejarme un poco. La encontré leyendo con una concentración extraordinaria, ajena a todo lo que le envolvía, inquebrantable, pasando las páginas en aquel rincón del mundo. Su expresión no era relajada, sino obstinada; como si el esfuerzo de mantener a raya el bullicio que le agolpaba constantemente no fuera regalado. Recuerdo que me estremeció aquella pequeña, sola, digna y orgullosa niña que deseaba estar ajena a todo. Fue entonces cuando levantó la vista y me vio al otro lado de la verja. Intente mostrar un signo de compañerismo pero se limito a mirarme, analizándome escrupulosamente, entendí cómo ella realmente me veía: mayor, desconocido, posible ladrón de su mundo. Su mirada aun limpia de toda culpa y todo prejuicio me arrebato en aquel momento el poco razonamiento qué aun creía tener.
No necesitaba nada, prefería seguir lejos de mí y del resto, en un universo creado por las páginas de aquel libro y por su mente, y yo estaba de más en él. Así me lo mostró bajando de nuevo la vista, ignorándome, añadiéndome a ese mundo enrevesado que ese libro y sus sueños mantenían bien lejos. Entonces, herido me aleje sigilosamente con la esperanza de no molestar, e intentando dilucidar qué esa pequeña, de pelo levemente ondulado, nos haría en un futuro a todos un poco mejores.
Ahora esa niña era mayor, rondaba la veintena, no sabia con certeza su edad, mantenía aun el pelo ondulado con una pequeña melena castaña, ojos felinos y labios atrevidos, desde hacia unos cinco años, me había vuelto a fijar en ella. Iba a recoger a su hermano pequeño los miércoles, jueves y viernes por la tarde, era la excusa para salir de mi pocilga, cuando uno entra en el túnel de la depresión, se vuelve paranoico y autista, y solo pequeños detalles que nadie entiende consiguen sacarlo del letargo. Uno de esos detalles era Lola, me saludaba cuando me cruzaba en su camino, supongo que aun recordaba aquel libro que le regale cuando entro junto a su madre en la pequeña librería que tenia mi mujer. Era fascinante, aun llevaba algunas prendas de vestir de cuando volví a interesarme por ella, iba siempre con las zapatillas por abrochar y las manos en los bolsillos de los pantalones cuando no llevaba ningún libro entre ellas. Miraba siempre con los ojos bien abiertos, como queriendo aprender y a la vez sabiendo que en cualquier esquina podía haber alguien con un cuchillo traicionero dispuesto a usarlo contra ella.
Sé hacia hora de comer y regresaba a casa, la vi cruzar la calle con la mochila a cuestas, supuse que venia de la universidad, quizás fue el pensar otra vez en el recuerdo de aquella niña desalojada de este mundo, quizás mi idiotez perenne, fuera lo que fuese me impulso a acercarme inevitablemente a ella y saludarla.
And there´s no time, there´s no time, to analyse.

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brujita_alc
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Mensajepor brujita_alc » 31 Ago 2005, 09:48

A veces suceden cosas... :roll:

Confesión (14.08.2005)

Suceden cosas imprevistas cuando menos las esperas. Es una regla sin excepción.
Habían inaugurado el restaurante hacía pocos meses y nos arriesgamos a probar sus innnovadoras sugerencias, a pesar de carecer de referencias de amigos o conocidos, sin saber si nos gustaría aquella mezcla de queso y mandarina juntas al fin sobre una fina masa de pizza. Y para colmo la responsabilidad recaía sobre mí por la estúpida razón de que habia nacido en esta ciudad y no tú. A pesar de ello, ambos no teníamos ni idea de donde nos estábamos metiendo. Y sin ser consciente de ello, yo aún sabía menos.
El ambiente era muy acogedor, con mesitas adornadas con pequeños jarrones estilizados y de un cristal opaco en los que habían dejado caer una especie de flores secas con aroma a incienso. Todo muy diáfano, muy limpio, con la salvedad de las lámparas de diseño que rozaban las cabezas de los comensales. Nos cambiamos un par de veces de mesa hasta lograr al fin adoptar el lugar idóneo. Mirando a la puerta de entrada y algo apartados de las demás mesas, desde donde podía observar y juzgar malintencionadamente a todo aquel que entraba.
Un camarero con cara de pocos amigos se acercó a nosotros. Llevaba una falda larga y negra, el pelo despeinado a conciencia, mechón a mechón, y en su mano sostenía un aparatito lleno de botones donde fue anotando nuestro pedido. Se fue, no sin antes golpearse con la lampara que permanecía suspendida sobre nuestras cabezas, golpe ante el cual no pareció inmutarse.
Prometía ser una noche más, una de tantas que comparten dos amigos que llevan meses sin verse. Cena, unas copas y a vagabundear de un pub a otro. Tú no dejabas de hablarme sobre tus últimos ligues, tus escarceos, tus salvajes noches de pasión con desconocidos. Ya no me daban envidia tus batallitas. "Estoy cansada de todo eso" te dije, "ya no me atrae". En realidad, pensaba que los días de atracción irracional correspondida habían llegado a su fin y a ese fin me atenía, asumiendolo como algo que era inamovible. Una nueva fase, solía pensar.
En mi plato sobraban ya unas porciones de pizza mordisqueada (la mandarina con el queso no era tan fantástica como había imaginado) y a pesar de nuestra privilegiada mesa no había reparado en la presencia de dos jóvenes que se sentaban en una de las mesas que habíamos desechado al inicio de nuestra velada.
Uno de ellos miraba en dirección a donde nos encontrábamos nosotros. Tú, sentado frente a mí, le dabas la espalda y no podías verle. La mirada intensamente azul del joven podía apreciarse incluso a pesar de la distancia marcada por las tres mesas que nos separaban. Volvió a mirar. Me di la vuelta y me topé con la pared. Fue una décima de segundo la que necesité para darme cuenta de que no miraba nuestra mesa, ni la lámpara que amenazaba nuestras coronillas, ni las sobras del plato, ni siquiera la pared marrón que me cubría las espaldas. Me miraba a mí.
Te comenté la situación, tratando de transmitirte mi sorpresa y nerviosismo ("¡Me está mirando! ¿Qué hace mirándome a mí el hombre más bello que hayan podido ver mis ojos?") . Respondiste con una sonora carcajada que no me sirvió de mucho para hacer que mis sofocos cesaran o, al menos, se atenuaran ligeramente. Con la discreción que te caracteriza, giraste el torso para observar al hombre que había provocado en mí aquel desequilibrio.
Rápidamente el observador, sorprendido, giró la cabeza y comenzó a charlar con su acompañante, en un gesto de inútil disimulo. Confirmaste mi opinión. Era guapo, tremendamente guapo. Reaccionaste pronunciando una de tus frases favoritas, "¿tú crees que entiende?".
Ante la evidencia del coqueteo sentí como un calor intenso me invadía las mejillas y mi pulso se empezaba a acelerar. Volvió a mirar en cuanto apartaste tu inquisitiva mirada. Sonrió. Le devolví la sonrisa casi instintivamente, tratando de desempolvar y rescatar del olvido mis armas de seducción, que hasta entonces habían surgido sin premeditación, de manera natural. Me sorprendió darme cuenta de que aquello era como montar en bicicleta, algo que nunca se olvida, aunque hayas pasado mucho tiempo sin ponerlo en práctica.
"Necesito un cigarro" pensé en voz alta. Contestaste que parecía una niña de quince años. Lo era, o al menos, así lo sentía en aquellos instantes. Te levantaste de la mesa en busca de un cenicero y me sentí desnuda, sin el escudo de tu cuerpo que me permitía esconderme de vez en cuando de la juguetona mirada de aquel desconocido. Se confirmaron mis sospechas, aquel joven me miraba de manera más insistente ante tu ausencia y el campo de batalla despejado. Bajo la inluencia de su sonrisa yo apenas me daba cuenta de que respondía a todas sus insinuaciones. Fue como si una ola de calor me envolviera, como si una especie de nube tóxica que produce alucinaciones me aislara del resto del mundo, desaparecían las paredes, las mesas y su mirada acariciaba mi rostro, bajaba por el cuello, volía a subir y se posaba en mis labios para después besarme con su espléndida sonrisa. Era un sueño.
Tardaste en volver lo que a mí me parecieron mil años. Encendí, o mejor dicho, intenté encender el cigarrillo pero el temblor me lo impedía y tuviste que sujetarme el mechero ya que mi capacidad de sincronización de movimientos se había averiado y no respondían mis articulaciones.
Él se encendió otro cigarro, acompañandome en la distancia. Entre surcos de humo obervabamos nuestros rostros, nos reconocíamos y sonreíamos al hacerlo. Ambos sabíamos que aquello no podía durar mucho tiempo, casualmente también él y su acompañante, como nosotros, apuraban los cafés, tratando de alargar el imposible.
Cuando se levantó del asiento noté que mi corazón hacía sonar una campana de alarma en mi interior. Se acercó hacia nuestra mesa, la mirada sosteniendo la mía y como colofón otra sonrisa, siempre la misma, que me dedicó justo antes de desaparecer por mi derecha, unos metros más allá, tras la puerta de los servicios de aquel peculiar restaurante.
"Eso ha sido una insinuación muy descarada", dijiste, medio sonriendo con expresión algo traviesa. "¿A qué estas esperando?"
Me hice la remolona unos instantes, intentando autoconvencerme de que era una estupidez, necesitando el empujón que terminara de aniquilar las inhibiciones que me impedían levantarme de la mesa. Con un grito y un sonoro golpe sobre la mesa despejaste mis dudas, no sugiriendome, sino obligandome a ir al baño antes de que fuera tarde. Obedecí como una niña que, acobardada, cumple órdenes de su madre.
Allí me topé con él, con aquellos ojos tan intensamente azules que me hacían olvidar incluso mi lengua materna. La sonrisa con la que recibió nuestro tropiezo me dió a entender que a pesar de que esperaba encontrarme allí, se alegraba inmensamente de que se confirmara su esperanza. Por un momento nos quedamos sin habla, mirandonos como idiotas, sumergiendonos el uno en la mirada del otro, como si nuestra vida fuera en ello, como si fuera lo mejor que pudiésemos hacer durante el resto de nuestras vidas. A mí aún me costaba aceptar que lo que vivía era real, esperaba que, de un momento a otro, alguien me pellizcara para hacerme despertar. Y absortos como estábamos, en la soledad de los servicios de un restaurante de una ciudad cualquiera, su voz decidió romper el silencio.
De su boca salieron palabras en italiano que me costaba entender, yo traté de explicarle cosas estúpidas como qué hacía en aquel lugar, de dónde era y quién era mi acompañante ("solo un amigo"). Pero no hablábamos el mismo idioma. Me arrepentí de haber decidido estudiar francés en lugar de italiano en mis años de instituto. No había manera, la comunicación verbal era imposible y no pudimos más que sonreír al confirmar que nuestras miradas superaban cualquier barrera cultural. El silencio fue nuestra palabra.
Me tendió la mano en un gesto que entendí de despedida, pero al mismo tiempo que agarraba la mía tiró de ella con suavidad, acortando aún más la distancia que nos separaba. Sentí el calor de su aliento sobre mis labios y el calor se convirtió en beso, en un largo beso azul con sabor a nicotina y a café. De nuevo las paredes no existían, no había servicios, ni gente esperando fuera, no había restaurante, ni siquiera una ciudad cualquiera. No había suelo. Y flotamos.
Salimos de allí al encuentro de nuestros respectivos acompañantes, no recuerdo cómo. Sólo sé que me esperabas en la mesa, impaciente, sospechando lo que se cocía más allá de la pared que había sido cómplice de nuestro encuentro. Él se fue a la barra, donde esperó con su amigo unos minutos. Te pedí que no nos fuéramos de allí hasta que ellos no se hubieran ido. No entendías nada. Yo tampoco.
Aquellos ojos azules no se apartaban de mí ni un segundo. Se ha quedado grabada en mi retina su mirada impaciente.
Rompí la conexión volviendo a una conversación que habíamos abandonado antes de que todo empezara. Se fueron.
Ví sus preciosos ojos obervarme por última vez tras la fachada de cristal del restaurante.
Su mirada y su resignada sonrisa todavía siguen aquí, mis labios aún recuerdan el sabor agridulce de sus besos.


Rak
"Mirad por la ventana y tal vez podáis ver al ángel que espera sus alas sentado en el andén..."

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oliglesias
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Mensajepor oliglesias » 18 Sep 2005, 17:45

---------------------------------------------------------
Aquella mañana amaneció gris, como siempre. Y yo, como siempre, iba en busca de un trozo de cielo azul. Aquella mañana fue cuando me di cuenta de que no podía gritar. El día anterior había visto a miles y miles de inocentes morir bajo alguna que otra bomba estadounidense; en realidad no los vi sino que los imaginé porque en estos países, que se dicen desarrollados, se callan las verdaderas injusticias en vez de gritarlas.
Yo quise gritarlas después de tantos años de silencio y nada me salió de la boca, nada. Nada sale de la boca de los demás tampoco: morimos todos en silencio en un mundo en el que miles de civiles mueren bajo el ruido de bombas y balas.
Tantas injusticias para tan poca gente para gritarlas...

En vez de mudo quisiera yo ser ciego y sordo para poder gritar las injusticias y cantar el amor desesperadamente muerto, y también para no ver y no oír el sufrimiento de la gran mayoría silenciada. Cuerpos que yacen por los suelos, gritos de dolor... no los soporto más, no puedo dormir en paz. Veo rostros ensangrentados, mutilados, oigo el llanto profundo de esos rostros que me llega al alma, invadiendo mis pensamientos y mis sueños.
Y me levanto de cama sin saber donde estoy, y sin querer saberlo tampoco; salgo a la calle a buscar el Amor pero no lo encuentro, sólo veo figuras oscuras cubiertas de un manto negro que intentan atraerme como las sirenas con un canto frío y desolador que me hiela el alma y el corazón. “La muerte ronda fuera” dijo un tal Robe, y eso mismo me digo al despertarme cada día de esta pesadilla que es la realidad.
-------------------------------------------------------

Esto lo escribí hace cuatro años... hoy en vez de haber mejorado las cosas, han ido a peor... ¿acaso no grité bastante fuerte?
“Al mundo libre, le dejo mil sueños,
Del viento libre he querido ser el dueño.”

Versos de Robe Iniesta

yeison

Mensajepor yeison » 02 Oct 2005, 11:28

Como diria trova, empecemos por saludar. Hola.

Si mal no recuerdo, esta es mi primera vez aqui, entre relatos. No se muy bien si esto es un relato o una bazofia, pero como no se trata de ceñirse a nada sino de quedarse a gusto, aqui se queda.


Puedo empezar

Habia colgado un post sobre el clan Bildenburg. La gente en principio no le tomo en serio, pero como era un foro de “mentes liberadas” le acabaron aclamando por su laboriosa investigación y su ingente conocimiento de las verdades mas oscuras del mundo capitalista. Le tenian en una especie de altar que todos imaginaban, pues gracias a sus desinteresadas aportaciones aprendian a ser aun mas libres. Aunque solo fuera de espiritu, pues todos sabian que de libres, nanai.

Hasta que llego el usuario Molono, que le rebatio su teoria copiada con mas o menos argumentos tan poco corroborados como los suyos. El, ante la idea de quedar mal ante su masa, se puso a la defensiva y afirmo haber puesto el post solo porque le parecia interesante la posibilidad de que ello fuera real. No necesariamente lo afirmaba, ya que no sabia nada de la web de procedencia; y mucho menos hacia suya la historia. Sin atreverse a decirlo, la gente empezo a desconfiar de el.


Periodista: Como nacio la idea de su libro?
Orozco: Como un sueño. Me acababa de levantar de la cama, era un sabado a las 7.15 y yo aun no me habia despertado del todo. Como canta Quique Gonzalez, muchas mañanas salgo de la cama / enciendo un petardo. Esa mañana lo hice y me tumbe en el sofa…ahí nacio la historia, como tantas otras habian nacido y muerto al no quedar plasmadas en algun soporte a modo de recuerdo. Esta vez fue diferente desde que empezo a sonar Albert Pla y su Supone Fonollosa:

Puedo empezar

Tengo ya preparadas las respuestas
para las entrevistas periodísticas
que me hagan en la prensa radio y tele.
Querrán saber qué opino y cómo soy,
me mostraré ingenioso
y espontaneo.
Tengo ya preparadas unas listas
de personalidades muy importantes
e incluso redactados ya los textos,
muy agudos,
de las dedicatorias.
Tengo ya preparadas las metáforas
que servirán como brillante ejemplo
o síntesis que aclare lo que exponga.
Y tengo preparada mi postura,
al sentarme o de pie,
tono de voz,
expresión de los ojos y la boca
Todo está preparado
Todo a punto,
puedo empezar pues
a escribir mi libro.

Ya lo tenia todo listo. Esta pregunta que me ha hecho, ya la sabia contestar cayendo bien a los lectores, cayendole bien a usted, creando un clima de comodidad que ahora mismo acabo de convertir en absurdo e incierto. Puede que usted ahora tenga miedo por tanta prevision, puede que le haga gracia mi orgullo, mi soberbia, que le de rabia... pero ahora ya puede ahorrarse la siguiente pregunta. Como ha podido comprobar, no me siento identificado con mi personaje. Soy mi personaje. No tengo mas imaginacion, pero queria escribir un libro y cada dia me parecia un poco mas imposible que el anterior. Leia a Cortazar, a Mendoza, a Moix, a Azua...ellos tenian conocimiento, habian visto mundo, eran intelectualmente muy superiores a la media, lo que les permitia inventarse historias cada uno con sus batallitas internas...pero yo no sabia. Yo tenia ideas, pero me acababan recordando a algun libro leido. Por desgracia, la literatura no es como la musica. No estan bien vistas las versiones. Los escritores las llaman plagio. Este codigo etico literario es el que hace que sea mas dificil vivir de la literatura que de la musica. A parte de la diferencia de sueldo, que nada tiene de proporcional con la diferencia de clientes. Cierto es que un libro se lee, se deja a algun amigo y se guarda. Si a ese amigo le gusta, se lo comentara a una tercera persona que probablemente se lo compre, o lo coja de alguna biblioteca, se lo lea y se olvide. Con la musica, si no es comprando, te pagan en los conciertos. Nuestras conferencias suelen ser gratuitas o exclusivas. Nunca llenaremos el Palau de la Musica, o el Sant Jordi...Ni siquiera la sala Razzmatazz. No se porque me he metido en el mundillo, no se porque me gustaba tanto ni porque abandone la idea de la musica y el trabajo tal y como lo entienden los padres de hoy y siempre. Yo queria escribir y a ello me puse. Fue gracias a Albert Pla. Y gracias a Fonollosa, supongo... Ya lo tenia todo listo. Ya podia empezar a escribir mi libro.


Me estaba mostrando ingenioso y espontaneo, aunque obviamente no lo estaba siendo. Sabia que el periodista no tenia mas preguntas preparadas, que no le habia dado tiempo a preguntarlas antes de que se las fuera respondiendo en cadena, una tras otra. Siempre me habian enervado las entrevistas prefabricadas. Podia notar incluso cuando el entrevistado se habia preparado respuestas y me ponia histerico el protocolo, asi que yo no espere a que me las preguntara para contestarlas. Tenia ganas de salir de alli y tomarme una cerveza en el bar mas cercano, donde volveria a la comodidad de ser un don nadie para el personal. Me incomodaban las preguntas cuyas respuestas eran grabadas. Contestaba siempre lo que me salia en ese momento y, al leerme, discrepaba conmigo mismo. No sabia porque sucedia todo eso, porque mi seguridad y autoconfianza no era natrual. La angustia era tal que me volvia el insomnio. Odiaba irme a la cama pensando en lo que habia dicho aquel dia. No podia parar la mente, acto imprescindible para un descanso reparador que solo tenia en las noches de embriaguez, cuando desconectaba mi procesador mental. Por eso, y por otras muchas cosas mas, era un ferviente seguidor de los instintos en cuanto ellos hacian acto de presencia. Como un animal, como un animal, como un animal...


Como un animal

Tengo silencios de dinamita,
Y un pasado de relojeria,
Mucho mas que palabras,
Mucho mas que mentiras,
Besos de sal en los labios
De mi herida,
¡de que! La puta migraña,
los excesos pa la galeria
he visto mearse
mil veces al sol del mediodia.

Cague el hechizo del estribillo pegadizo,
viviendo como un animal.
La gente bien matando el tiempo,
Juegos homicidas,
Tengo cicatrices en la sien de tanta bala perdida.
Viviendo como un animal.

Dulce pastel, ese orgullo pelagato
De sentirte dueño de los agujeros de tus zapatos
Y no llorar, pa no mamar, y no mamar, pa no llorar.
[...]


Despues, quede dormido en el sofa.

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Mensajepor Wolfmoon » 30 Oct 2005, 16:35

Anochece. Y parece que la luna tiene ganas de vivir, y al mirarla no entiende que razón debe tener para estar así, radiante.
Y cansada de la vida y de la gente, llora. Y mientras llora, piensa, quizá en demasiadas cosas.
Y piensa en lo que sus lágrimas muestran; cansancio, amargura, decepción.
Sí, decepción es la palabra adecuada. Decepcionada, porque siempre que amanece espera encontrar eso que busca, se llena de esperanza, alza la cabeza y le da la cara al mundo. Pero al llegar la noche, todo se oscurece y de nuevo se va a dormir con el rostro amoratado de recibir, una vez más, las hostias de una vida que no es la que esperaba. Y al día siguiente, lo mismo. Y al otro. Pero aún así, sigue apareciendo un pequeño rayo de luz, una sonrisa cada día, una conversación, una palabra, una caricia…que hace que la vida cobre sentido. Y le duele pensar que no sabe apreciar eso, y que aunque lo disfruta, después no lo tiene en cuenta. Y se queja. Y llora.
Enciende un cigarro, y sigue pensando. Y mientras observa como se eleva el humo, se da cuenta de sus contradicciones, de que lo que dice, lo que piensa y lo que siente muchas veces no se corresponden, pero no encuentra la manera de cambiarlo. Tiene las botas, tiene las ganas, tan sólo le falta el camino. Pero no lo encuentra porque mira en la dirección equivocada, o porque busca una gran calzada y es suficiente con un sendero, o porque no existe, o quizá sea ella quien tenga que abrir el camino, quién sabe.
Decide irse a la cama, echando un último vistazo a la luna, se despide, con los ojos rojos, de un día más sin nada digno de ser contado.


Amanece. Y la conversación interior de ayer hoy le parece un sueño, no recuerda con nitidez todo lo que se pasó por su cabeza, y se levanta sonriente, con ganas de vivir, de cambiar, de encontrar ese algo que le falta.
Sale a la calle, y echa un leve vistazo al cielo, tratando de entender lo que ayer le hizo ver todo tan negro, pero en su lugar ve un sol espléndido guiñándole el ojo y sonriendo. Y ella sonríe también.
Y su día pasa tratando de ver sonreír a la gente que le rodea. Y así ella sonríe también.
Y la gente la aprecia, y ella lo sabe. Pero no se siente imprescindible para nadie, aunque tampoco ella necesita de los demás. Así que, aunque ligeramente triste, sonríe también.
Hoy conoce a una nueva persona y como siempre, le abre sus puertas, totalmente, no tiene nada que esconder, y le ofrece su mano, su brazo, lo que haga falta. Y en la otra persona ella cree ver una luz, que con el tiempo, sea menos o más, se termina extinguiendo, porque nadie le aporta lo que desea, porque al final, todos iguales, todos lo mismo, incluso ella. Pero antes de que la luz de apague, ella disfruta de lo que la otra persona le ofrece, y sonríe. Y sabe que gracias a esas cosas, la vida merece la pena.
Pero… ¿por qué todo se termina? ¿Por qué al final nada es cómo parece? ¿Por qué no se conforma con poco? ¿Por qué las noches le caen encima como losas y le hacen ver la vida de otro color? ¿Por qué…?
Decide no preguntarse más, sabe que nada le va a llevar a ningún lugar concreto, y sin embargo su mente no se rinde, la obliga a seguir buscando, se niega a cambiar y tampoco quiere cambiar a quienes rodea, solo necesita encontrar eso que le falta.
-¿Y si no aparece?- Se pregunta muchas veces, y siempre se termina respondiendo.
-Da igual, lo importante es luchar. Lo importante es seguir sonriendo por los detalles, deja de buscar el camino amplio y disfruta del paisaje mientras te abres paso entre la maleza.-
Imagen

MaRuJoNa #58)

Iréz

Mensajepor Iréz » 30 Oct 2005, 20:11

Yo no se dónde colgar esto, y he decidio que aquí. La primera vez que cuelgo algo en este espacio, y que ya era hora.
Tiene regusto a vilis,y promete más. Pero es hora de pirarse a comer algo.

Grite

Grite, mire al cielo y grite. Con todas mis fuerzas, pues quería que me oyese toda la calle. Nadie se volvió para ver de dónde procedía ese sonido. A la mierda mi calle, a la mierda mi ciudad, a la mierda mi vida. Mis sueños pasaron a ser sueños de otros, mis ideales a ser ideales del viento, y yo me quede sentada al lado de mi alma. Está se estaba despidiendo de lo que aun quedaba de mi. Me dijo que me quedara callado, escuchando al silencio, y así acabaría mi mísera existencia. Y así fue, sus ultimas palabras fueron “Cuídate allá a dónde vayas, en algún sitio te necesitarán. Vuela alto. “
Y ella voló más alto que yo.
Nunca conseguí tener alas, y mucho menos poder compartir el viento con alguien.
Mi alma voló, no se hasta donde, ni hasta cuando.
Mi persona se desintegró en silencio, sin gritar, sin desperdiciar un segundo más su vida.

Mi alma fue en busca del viento, lo encontró. Vivió metida en él. Se dio cuenta que no era nadie sin un pensamiento, pues ella sentía, pero necesitaba un pensamiento para cambiar. Para sobrevivir en este puto mundo que es de todos y no es de nadie. La última vez que tuvo una persona, fue en una acera. Bebiendo cerveza, y riendo porque veía pronto el final. Cuando hay finales, es mejor reír porque pasó, que no llorar porque se acabó. Una conversación con un par de amigos, una luna velándolos, y un manto de estrellas. Yo quise buscar la mía, no la encontré. Es escurridiza. La tengo, lo sé, es pequeñita. Pero grande. La buscaré, viviré para vivir con ella. Sobreviviré para enseñarme el camino hacia la libertad, hacia mi felicidad, hacia mi equilibrio. El equilibrio es imposible, pero lo imposible es posible. Y yo haré posible mis utopías, son para caminar. No tengo ganas de caminar, pero tengo que hacerlo. Ponte en pie, y pise bien fuerte, pa’ que sepan que estás aquí!

Nadie saldrá herido, menos tú y tu alma. Sois una sola cosa, y sin esa cosa no sois nada. Y sino sois nada, la estrella se irá. Aunque grites, no mires atrás valiente. Mira hacia delante, hacia donde están tus sueños, ellos te guiarán. Ellos te ayudaran a levantarte del duro barro en que se ha convertido tu vida. Hay almas al lado de la tuya, que luchan por ti, por tu vida. Y tu por la de ellos, pues no quieres verles donde estas tu sumida. La vida tiene sentido, el que tu le des, el que tu le importes. Y le importas mucho. Tu lucha, y vete a las trincheras, allí se está bien. Hay polvo, pero eres inmune, como ellos.


-¿Por qué estas tan alejado del mundo?
- Me quiero aislar. Mi alma necesita calma. Y no se donde esta, entonces, la busco.
- No necesitas buscarla, ella sabe donde encontrarte.
-La busco, porque la necesito, no por otra cosa. La busco para encontrarme.
- Te diría que te echaba una mano, o dos, si hacia falta. Pero esa búsqueda es tuya, y no mía.
- Pero me hace falta un compañero, o dos, si hace falta;)
- Pues aquí tienes a uno y medio. La otra media esta en un desierto junto con otra persona.
- Todos en esta vida tenemos algo que buscar, y algunos no lo van a encontrar. Yo no encuentro el orden, y en cambio adoro el caos que reina mi vida. Todos crecemos y maduramos, tarde o temprano encontraremos algo que llene nuestro vacío o al contrario lucharemos por ser más dignos de la utopía.
- Te invito a un café.
- Yo te invito a una conversación. Pero si aceptas, también te aislaras del mundo.
- El mundo se puede ir a la mierda unos días. Pero no me sueltes, no quiero que te vayas más lejos.
- Cuando sienta deseos de alejarme, vendrás conmigo a rescatarme.
- Más quisieras tú.:P
- Más quiero yo, si..jiji.
- Vamos a por el café, y una conversación de guarnición.
-Dame la mano, y corre.
-Te doy el alma, y camino. No vale la pena correr, el instante es lo único que tenemos.
- Dame un abrazo, si es por pedir.
- Ven aquí.
- Vamos.
- Grita.
-

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Mensajepor Wolfmoon » 31 Oct 2005, 02:36

Iréz escribió:La vida tiene sentido, el que tu le des, el que tu le importes.


Me ha encantao nana! ^^
Me apunto la frasecilla, que lo sepash! :wink:
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