¿Que si tengo algo que decir?

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jazz
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¿Que si tengo algo que decir?

Post by jazz »

¿Que si tengo algo que decir? sí, tengo mucho que decir. Quiero quitarme este peso de encima. Pueden ustedes colgarme o dejarme en paz, me importa un bledo lo que hagan. Les aseguro que no he pegado ojo desde que lo hice, y no creo que vuelva a dormir hasta que caiga en el sueño del que no se despierta. A veces veo la cara de él, pero casi siempre es la de ella. Siempre tengo delante una de las dos. Él me mira frunciendo el ceño, pero ella tiene una expresión como de sorpresa. Pobre corderita, sí que tuvo que sorprenderse cuando vio la muerte en un rostro que nunca la había mirado más que con amor.
Pero todo fue culpa de Sarah, y ¡ojala que la maldición de un hombre destrozado haga caer la desgracia sobre ella y le pudra la sangre en las venas! Con esto no pretendo disculparme. Cierto que volví a la bebida, como la mala bestia que soy. Pero ella me habría perdonando; se habría mantenido unida a mí como la cuerda a la polea si esa mujer no hubiera venido a enturbiar nuestro hogar. Porque Sarah Cushing me amaba..., ésa es la raíz de todo el asunto..., me amaba, hasta que su amor se transformó en odio venenoso cuando se dio cuenta de que me importaba más una pisada de mi mujer en el barro que todo su cuerpo y su alma.
Eran tres hermanas. La mayor era una buena mujer, la segunda, un demonio, y la tercera, un ángel. Al casarnos, Mary tenía veintinueve años y Sarah treinta y tres. Éramos felices cada minuto del día y no había en todo Liverpool una mujer mejor que mi Mary. Y entonces invitamos a Sarah a pasar con nosotros una semana, que se convirtió en un mes, y una cosa llevó a la otra, hasta que se sintió como en su casa.
Yo había dejado la bebida, estábamos ahorrando algo de dinero, y todo se nos presentaba tan brillante como un dólar nuevo. ¡Dios mío! ¿Quién iba a pensar que todo acabaría así? ¿Quién iba ni siquiera a soñarlo?
Yo solía pasar en casa casi todos los fines de semana, y a veces, si el barco estaba aguardando un cargamento, podía pasarme una semana entera. Así que pude tratar bastante a mi cuñada Sarah. Era una mujer alta y atractiva, morena, impetuosa y ardiente, de porte altivo y con un brillo en los ojos como chispas de pedernal. Pero cuando la pequeña Mary estaba delante, a mí ni se me ocurría pensar en Sarah, y eso lo juro y espero que Dios se apiade de mí.
Alguna vez me había dado la impresión de que a Sarah le gustaba quedarse a solas conmigo, o engatusarme para que saliera a pasear con ella, pero jamás se me ocurrió que hubiera nada de malo en ello. Hasta que una tarde se me abrieron los ojos. Yo acababa de llegar del barco, y me encontré con que mi mujer había salido, pero Sarah estaba en casa. "¿Dónde está Mary?", pregunté. "Oh, ha ido a pagar unas facturas -yo estaba impaciente y me puse a dar vueltas por la habitación-. ¿Es que no puedes estar a gusto ni cinco minutos sin Mary, Jim? -dijo ella-. Es una desconsideración conmigo que no puedas conformarte con mi compañía ni durante un tiempo tan breve." "Tienes razón, muchacha", dije yo, extendiendo la mano hacia ella en un gesto amable. Pero ella la agarró al instante con las suyas, que le ardían como si tuviera fiebre. La miré a los ojos, y en ellos lo leí todo. Ni ella ni yo necesitábamos decir nada. Puse mala cara y retiré la mano. Ella se quedó en silencio a mi lado durante un rato, y luego levantó la mano y me dio una palmadita en el hombro. "¡El fiel Jim!", dijo; y con una especie de risa burlona, salió corriendo de la habitación.
Pues bien, desde aquel instante Sarah me odió con todo su corazón y toda su alma, y es una mujer que sabe odiar. Fui un idiota al dejar que se quedara en nuestra casa, un completo idiota, pero no le dije ni una palabra a Mary para no hacerla sufrir. Las cosas continuaron más o menos como antes, pero al cabo de algún tiempo empecé a observar un ligero cambio en la propia Mary. Había sido siempre tan confiada y tan inocente... y ahora se había vuelto inquisitiva y recelosa: siempre quería saber dónde había estado yo, y qué había estado haciendo, y quién me escribía cartas, y qué llevaba en los bolsillos, y mil tontería por el estilo. A cada día que pasaba, se volvía más caprichosa y más irritable, y tuvimos discusiones absurdas por nada. A mí, todo aquello me desconcertaba. Ahora Sarah me esquivaba, pero ella y Mary eran inseparables. Ahora me doy cuenta de que estaba enredando e intrigando y envenenando la mente de mi mujer para ponerla contra mí, pero entonces estaba tan ciego que no lo comprendí. Entonces rompí mi promesa y volví a beber, pero estoy seguro de que no lo habría hecho si Mary hubiera seguido siendo la misma de siempre. Y ahora, ella tenía un motivo para estar disgustada conmigo, y la brecha que nos separaba se fue haciendo cada vez más ancha. Y entonces entró en escena ese Alec Fairbairn, y las cosas se pusieron mil veces peor.
La primera vez que llegó a mi casa venía a visitar a Sarah, pero no tardó en venir a visitarnos a nosotros, porque era un tipo simpático y hacía amigos por todas partes por donde iba. Era un tío lanzado y fanfarrón, gracioso y con el pelo rizado, que había visto medio mundo y sabía contar lo que había visto. Se pasaba bien con él, no lo negaré, y para ser marinero tenía muy buenos modales, por lo que sospecho que en otro tiempo debió frecuentar más la popa que el castillo de proa. Durante un mes estuvo entrando y saliendo de mi casa, y ni por una vez se me pasó por la imaginación que pudiera haber algo de malo en su comportamiento suave y taimado. Pero por fin, un día, algo me hizo sospechar, y desde aquel día ya no volví a vivir en paz.
Fue un detalle insignificante. Yo llegué a casa antes de lo esperado, y al entrar por la puerta vi que el rostro de mi mujer se iluminaba en señal de bienvenida. Pero cuando vio que era yo, su luz se apagó y ella dio media vuelta con un gesto de desilusión. Aquello fue suficiente. No podría haber confundido mis pasos con los de ninguna otra persona más que con Alec Fairbairn. Si los hubiera tenido delante en aquel momento, lo habría matado, porque siempre me vuelvo como loco cuando pierdo la calma. Mary advirtió aquel brillo diabólico en mis ojos y corrió hacia mí para agarrarme de las mangas. "¡No, Jim, no!", decía. "¿Dónde está Sarah?", pregunté yo. "En la cocina" dijo ella. Me fui para allá y le dije: "Sarah, no quiero que ese Fairbairn vuelva más por mi casa." "¿Por qué?" "Porque lo digo yo." "¿Ah, sí? Pues si mis amigos no son dignos de entrar en esta casa, tampoco lo soy yo." "Haz lo que quieras -le dije-, pero si Fairbairn vuelve a asomar la cara por aquí, te enviaré una de sus orejas como recuerdo." Y creo que al ver mi cara se asustó, porque ya no dijo una palabra y aquella misma tarde se marchó de mi casa.
Pues bien, no sé si fue por pura maldad o si es que pensaba que animando a mi mujer a portarse mal podía apartarme de ella, pero el caso es que arrendó una casa a dos calles de la nuestra y se dedicó a alquilar habitaciones a marineros. Fairbairn se alojaba allí, y Mary solía ir a tomar el té con su hermana y con él. No sé con cuanta frecuencia iba, pero un día la seguí, y en cuanto entré por la puerta Fairbairn escapó, saltando la tapia del jardín de atrás, como un cobarde y un canalla, que es lo que era. Le juré a mi mujer que la mataría si volvía a encontrarla con él, y me la llevé a casa, llorosa y temblando, y tan blanca como un papel. Entre nosotros ya no quedaba ni rastro de amor. Me daba cuenta de que ella me odiaba y me tenía miedo, y pensar el ello me empujaba a beber, y aquello hizo que ella me despreciara aún más.
Sarah comprobó que no podía ganarse la vida en Liverpool, así que, según tengo entendido, se fue a vivir con su otra hermana a Croydon. Mientras tanto, en casa las cosas seguían más o menos igual. Y por fin llegó ese fin de semana, y con él el horror y la ruina.
Todo sucedió así: Habíamos zarpado en el "May Day" para una travesía de siete días, pero un tonel se soltó y aflojó una de las planchas del casco, así que tuvimos que regresar al puerto durante unas doce horas. Yo desembarqué y me dirigí a casa, pensando en la sorpresa que iba a darle a mi mujer y abrigando esperanzas de que ella se alegrara de verme de vuelta tan pronto. En eso iba pensando cuando llegué a mi calle, y en aquel momento pasó junto a mí un coche y en él iba ella, sentada al lado de Fairbairn, charlando y riéndose, sin pensar para nada en mí, que los miraba desde la acera.
Les aseguro, y les doy mi palabra, que desde aquel momento no fui dueño de mis actos, y cuando pienso en todo ello veo como en sueño. Últimamente había estado bebiendo bastante, y entre lo uno y lo otro se me fundió el cerebro. Ahora todavía noto en la cabeza como un martilleo constante, pero aquella mañana me parecía sentir todo el Niágara zumbando y rugiendo en mis oídos.
Eché a correr detrás del coche. Llevaba en la mano un grueso bastón de roble, y les juro que desde el primer momento lo veía todo rojo. Pero mientras corría iba maquinando y me quedé un poco rezagado para poder verlos sin que ellos me vieran. Se bajaron en la estación de ferrocarril. Había un montón de gente alrededor de las taquillas, así que pude acercarme bastante a ellos sin que me vieran. Sacaron billetes para New Brighton, y yo hice lo mismo, pero me subí al tren vagones más atrás que ellos. Cuando llegamos, ellos echaron andar por el paseo marítimo, sin saber que yo los seguía a menos de cien metros. Por fin, los vi alquilar un bote de remos. Aquel día hacía mucho calor, y sin duda pensaron que estarían más frescos en el agua.
¡Los tenía en mis manos! Había un poco de niebla y sólo se veía bien hasta unos pocos cientos de metros. Alquilé yo también un bote y me puse a remar detrás de ellos. Podría ver la silueta borrosa de su barca, pero iban casi tan rápidos como yo y no pude alcanzarlos hasta que ya estábamos a más de una milla de la costa. Para encontes, la niebla formaba como una cortina a nuestro alrededor, ya allí en medio estábamos nosotros tres. ¡Dios mío! ¿Podré alguna vez olvidar sus caras, cuando vieron quién iba en el bote que se les acercaba? Ella se puso a gritar. Él maldecía como un loco y me lanzaba golpes con un remo, porque debía de haber visto la muerte en mis ojos. Yo esquivé sus golpes y le asesté uno con mi bastón, que le reventó la cabeza como si fuera un huevo. A pesar de mi locura, tal vez la habría perdonado a ella, de no ver cómo se abrazaba a él, llorando y llamándole "Alec". Volví a golpear y quedó tendida junto a él. Yo era como una fiera que ha probado el sabor de la sangre. Si Sarah hubiera estado allí, por Dios que habría corrido su misma suerte. Saqué mi cuchillo y..., bueno, en fin, ya he dicho bastante. Experimenté una especie de salvaje alegría al pensar en cómo se sentiría Sarah al recibir aquellas muestras de lo que habían provocado sus intrigas. Luego até los cadáveres al bote, arranqué una tabla del fondo y me quedé mirando hasta que se hubo hundido. Estaba seguro de que el propietario pensaría que se habían perdido en la niebla, dejándose arrastrar mar adentro. Me lavé, regresé a tierra y me incorporé a mi barco sin que nadie sospechara lo que había sucedido. Aquella misma noche preparé el paquete para Sarah Cushing, y al día siguiente lo envié desde Belfast.
Ya saben ustedes toda la verdad. Pueden ahorcarme, o hacer lo que quieran conmigo, pero no pueden castigarme más de lo que ya he sido castigado. No puedo cerrar los ojos si ver sus dos caras mirándome..., mirándome como me miraban cuando mi bote surgió de entre la niebla. Yo los maté rápidamente, pero ellos me están matando despacio, y si esto dura una noche más, estaté loco o muerto antes de que amanezca. ¿No me irá a encerrar solo en una celda, señor? Por piedad, no lo haga, y quiera Dios que en el día de su agonía le traten como usted me ha tratado a mí ahora.


"¿Qué sentido tiene todo esto, Watson? -dijo Holmes solemnemente al concluir la lectura-. ¿Qué objetivo persigue este círculo vicioso de sufrimiento, violencia y miedo? Tiene que existir alguna finalidad, pues de lo contrario significaría que el universo se rige por el azar, lo cual es inconcebible. Pero ¿cuál puede ser esa finalidad? He aquí el eterno gran problema que la razón humana se encuentra tan incapaz como siempre de resolver
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Llauro, te suena? 8)
Llauro
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Post by Llauro »

hombre, me suena porque me he leido 3 libros de holmes, y la narrativa me suena, la forma de escribir etc... pero supongo que no te refieres a eso... a si que... si te refieres a las relaciones, bueno es otra prueba, nunca mejor dicho, que todos somos unos hijosdeputa y que cuando sufrimos por algo lo unico que hacemos es sacar esa bestia inmensa llena de mierda que llebamos dentro que no podemos ocultar ni con 1021 trajes, pero de todas formas, sino es a eso... a que quieres que me suene?
And there´s no time, there´s no time, to analyse.
jazz
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Post by jazz »

no soy tan enrevesao como tú, tio. Me refería simplemente a que me dijiste que habías leído a holmes y esto es de uno de ellos. Pero lo otro tampoco está mal. :wink:
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