XIV–Estatuas de ceniza en el jardín del desamor
Anclado en el inútil laberinto del olvido
el tiempo se detiene,
avanza lo imposible,
y los sueños son proyectos de lo que no llegó a existir.
La primera vez no lo dudamos,
descartamos las excusas,
renegamos de un destino que salvara a la conciencia,
desnudamos lo imprudente,
nos concentramos en nosotros
y aprendimos a ser libres sin pensar en los demás.
(más tarde la costumbre le hizo un guiño a la pasión
inventando las excusas,
formulando algún destino,
vistiendo a la prudencia,
examinando aquel nosotros,
para llegar a ser esclavos de una misma voluntad)
La primera vez no lo dudamos.
Te encendí un cigarrillo,
te acerqué un cenicero,
y te miré sin decir nada
realizando una escultura emocional
con el humo que salía de tu boca
a la vez que la ceniza dibujaba nuestros nombres
sin quemar al corazón.
El incendio de la vida,
la hoguera de la piel y de los cuerpos,
y el juramento incandescente
de que jamás la lluvia de unos ojos
desatando la tormenta del dolor
apagaría lentamente las brasas que surgieran del amor.
(y entonces no pensamos qué hacer con la ceniza
en el caso de que las llamas se extinguieran
sin necesidad de un diluvio o una tormenta,
los ojos despejados,
y la mirada indiferente
incapaz de suministrar el combustible necesario
para arder constantemente de pasión)
Y entonces no pensamos qué hacer con la ceniza.
Tal vez el hijo que perdimos
jugaría con ella sin mancharse.
Tal vez
soplaríamos sus velas cada nuevo cumpleaños
esparciendo la ceniza del amor entre nosotros.
Tal vez
moldeáramos estatuas en el jardín del corazón.
(pero sólo sembramos un desierto de tristeza
con el fértil llanto de la miserable incomprensión,
pactamos en silencio nuestra culpa,
nos fuimos distanciando poco a poco,
negamos cualquier intento de espejismo
y pintamos gris ceniza todo sueño que salvara nuestra vencida relación)
Juntos comprendimos que la muerte
es el principio de un final
y que la vida
es el final de algún principio.
No es un juego de palabras:
lo nuestro terminó
(y como siempre para siempre
como antes,
¿lo recuerdas?
siempre juntos, me decías, siempre juntos
y ahora siempre separados, me dirías,
siempre separados
como antes,
como siempre porque siempre ha sido así entre nosotros
que seguimos siendo siempre a pesar de ya no ser nunca jamás
para siempre.
¿Otro juego de palabras?
Sabes bien que no es así)
Lo nuestro terminó
y yo no supe lo que hacer con la ceniza.
Ahora,
anclado en el inútil laberinto del olvido
he creado unas estatuas de ceniza en el jardín del desamor
a imagen y semejanza de los sueños incumplidos
donde no exista viento capaz de derribarlas
ni agua suficiente para vencer su soledad.
Tal vez un nuevo incendio
otra vez las transformara en un nosotros,
lo que fueron y serán,
pero sé que es imposible
y ella me demuestra cada día al pasear por el jardín
lo hermosas que parecen sus figuras a la luz del corazón.
(me vuelvo a enamorar y no es lo mismo
porque deseo que sea diferente
a pesar de establecer comparaciones
que nunca juzgaré;
por cierto...
me pregunto qué harás tú con la ceniza
si todavía la conservas:
¿una montaña inaccesible,
arenas movedizas donde se ahogan los recuerdos,
o un mar contaminado?
Aunque prefiero imaginar
que moldearás en la distancia junto a mí
estatuas de ceniza en el jardín del desamor)
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