La verdad es que nunca me había planteado este tema. Siempre piensas si la música que haces, los textos que escribes... gustarán a la gente que los reciba, pero lo cierto es que nunca me había planteado que éstos pudiesen caer en manos "inadecuadas", ni que se pudiese hacer un mal uso de ellos (claro que lo que yo pueda escribir y/o componer no va a llegar demasiado lejos, pero vamos, viene a ser lo que comenta Reverte, pero a pequeña escala)
De todas formas creo que, como ya han dicho, ese es un riesgo que merece la pena correr ya que, por un lado, es imposible controlar todas las personas a las que llegan tus "creaciones" y, por el otro, no creo que convenga auto-censurarse demasiado si realmente se quiere transmitir una información y una visión de la realidad tal y como cada cual la percibe. Bastante pendientes estamos ya en nuestro día a día de lo que hacemos y lo que decimos como para no poder expresarnos libremente ni a través del papel... No creo que haya que pensar en manos de quién caerán esos escritos, esa música... sino simplemente limitarse a crearla y dejar que cada cual la utilice como crea conveniente.
Quiero decir que yo la creación artística la entiendo más bien como un regalo o sacrificio o ambas cosas a la vez. Es decir como algo que deja de pertenecerle al artista porque precisamente ésa es su intención: lograr sacar fuera, expulsar, dar forma material a lo que sólo dentro de él mediante la imaginación existe. Existe y ha sido capaz de mostrarlo, de que ya no sólo él sino cualquier otra persona pueda verlo, oírlo, tocarlo, gustarlo, olerlo... de manera diferente según la persona porque el artista no ha sido nunca dueño de su creación sino solamente y a la vez crucialmente creador. Creación que tendrá infinitos dueños, tantos como personas reciban esa creación. Y una de ellas podrá ser el propio creador, pero ya no como creador, sino como observador de la obra. Obra que pertenece finalmente a cada uno de los infinitos ojos, narices, orejas, bocas o manos que hagan uso de la misma. Y si a ello se le acompaña además el cerebro mucho mejor. Y si después alcanza al corazón mejor aún. El caso es que la creación existe y los efectos de la misma son accidentales, externos a la propia creación aunque sean justificados por un fanatismo enfermizo hacia la misma. Enfermizo y estúpido, o enfermizo al precisamente tratarse de estúpido. La estupidez humana alcanzando uno de sus más importantes logros: el fanatismo. Lo de menos es la creación que supuestamente lo motive. El estúpido fanático usará cualquiera existente porque su estupidez le impide precisamente diferenciar entre creaciones. La creación es excusa pero no causa. Si no se trata de una canción, se tratará de un libro, y si no de un cuadro, una escultura... pero siempre existirá creación ante la cual un estúpido fanático utilice para involuntariamente convertirse a su vez en creador ya no de arte sino de simple y pura estúpida realidad. Y así el estúpido fanático usará cualquier medio físico y sensorial para dar rienda suelta a su estupidez. Pero si sólo se tratara de eso no pasaría nada. Lo malo es que si se acompaña de fanatismo la mezcla es obviamente demoledora.
En fin, que se me viene a la cabeza ahora que está de actualidad (para el estúpido no estará de actualidad sino "de moda") atreverme a recordar La Guerra de los Mundos. Y creo que es un buen ejemplo para analizar por un lado la creación artística, y por el otro la estupidez fanática en el ser humano. H.G Wells dio forma a algo existente en su imaginación, en su conocimiento, y a la hora precisamente de crearla y darle forma material dejó de pertenecerle porque ya no sólo podía imaginarla sino que era real y podía leerla y con ello volver a imaginarla. Pero claro, ahora ya no sólo él podía hacerlo sino que cualquiera que la leyera podría también imaginarla y lo haría en virtud de su conocimiento y no el de su creador. El conocimiento en Arte es poder exclusivo de la imaginación. Se conoce lo que se imagina, y se imagina lo que se conoce repitiéndose el proceso y haciendo imposible cualquier ingenua esperanza de originalidad absoluta. El caso es que en el momento de crear su novela dejó de pertenecerle para pasar a ser propiedad exlusiva de su lector. Y este lector múltiple e infinito (cualquiera que sepa o pueda leer) pudo, puede, y podrá seguir haciendo con esa creación lo que quiera. Lo interesante es que hubo un lector llamado Orson Welles que gracias a esa obra fue capaz de crear una genialidad artística como la narración radiofónica de su propio guión sobre la obra. Luego ya sucedió lo de siempre: la estupidez humana enfermiza en lugar de conducir al fanatismo condujo al pánico y el terror, y la masa estúpida cada vez más numerosa e histérica, y etc etc y para rematar la faena una vez aclarado todo la estupidez continúa y son confiscadas por la policía todas las copias del guión salvándose afortunadamente una. Increible, pero reconfortante a la vez ser consciente de que caer en la estupidez es lo más normal del mundo, lo malo, cómo no, es siempre la forma o el medio en que se cae y en el que en consecuencia se actúa.
En definitiva el creador artístico nunca puede ser dueño de su creación porque para hablar de dueño o propietario tendríamos que hablar inevitablemente de creaciones no artísticas, de propiedad privada en lugar de propiedad intelectual, aunque la verdad es que eso de dueño o propietario puede resultar algo confuso y sería mejor el uso de otra palabra como por ejemplo responsabilidad. ¿Es responsable el artista de lo que otros hagan con su obra? No. El responsable siempre será el receptor. H.G Wells pretendía denunciar con su obra la amenaza del imperialismo británico. Orson Welles la amenaza nazi. Un director de cine con su película la amenaza comunista. Spielberg ahora pretende denunciar la amenaza terrorista y el pánico o terror producido por la misma. La intención del creador es lo de menos, cada receptor hará suya la obra y le dará su propia interpretación y si con ello logra crear una nueva obra de arte, genial, pero siempre habrá receptores estúpidos cuya interpretación sea igualmente estúpida y si además es obsesiva y fanática el resultado de la mezcla será altamente explosivo. Los estúpidos iluminados de turno. Pero el Arte, la creación artística, podrá ser muchas cosas pero precisamente lo que nunca podrá ser es algo absoluto que sólo pueda ser interpretado de una forma. La relatividad de lo creado es en definitiva su mayor logro.
Saludetes,
"He visto tu cara ardiendo en un lienzo de agua, y me he sumergido en un sueño sin poderte tocar, formando un mosaico de sombras, buscando a ciegas lo que sé que no está."
Las desventajas de subordinar nuestra expresión al "que-dirán" son mucho mayores que las que puedan producir un mal uso de un receptor inadecuado. No creo que un creador tenga que justificarse de nada, y no me ha gustado mucho este artículo de Reverte.