Ya puestos con Kortatu...............alguien puede decirme si Jimmy Jazz es un personaje de ficción de una canción o representa a alguien que existió realmente, y que realmente voló un cuartel??
Alguien sabe algo al respecto¿?
sarri?¿
San, que yo sepa esos dos no son reales, aunque quizás me equivoque.
...la vecina del quinto oyó como gritó: "Que os den por culo a todos que esto se acabó!!"
...la vecina del quinto oyó como gritó: "Que os den por culo a todos que esto se acabó!!"
Min hau neure neurea dudala badakit baina zauria ez dut topatzen inundik. Benetan al datorkit poza erraietatik ala ez ote nabil neu bere atzetik?
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Aqui os dejo algunos textos del citado autor, bastante recomendables, la moenda siempre tiene dos caras
A la búsqueda del País Vasco
–por Joseba Sarrionandia–
Un pasaje del exilio. La madre y la hija frente al espejo, pintándose los labios. La hija tiene siete años, ha nacido en el exilio de los padres, quiénes, desde hace tiempo, viven clandestinamente y lejos del País Vasco. La hija habla en euskera en casa y en erdara (Nota: otro idioma distinto al euskera) en la escuela; le han enseñado en euskera que es euskaldun, pero no tiene traducción en erdara, porque los padres no se lo han dicho nunca. Sin embargo, últimamente está preocupada por la nacionalidad, parece que le falta algo. Una mañana, mientras la madre se pinta los labios, la niña se sienta a su lado delante del espejo de la habitación, va a pintarse los labios, como su madre. Entonces, llega el padre:
- Aita, ¿nosotros somos españoles? -le dice la hija al padre que acaba de entrar en la habitación.
- ¿Por qué? -pregunta el padre, sorprendido.
Y la hija:
- Porque nos pintamos los labios... (Nota: El original hace un juego de palabras, porque en euskara labio es "ezpain").
Un pasaje de la cárcel. La madre se ha acercado hasta la cárcel de Puerto de Santa María, a visitar a su hijo preso desde hace tiempo. Han sido dos días de pesado viaje en tren. Al entrar, le han avisado de que el hijo está castigado, de que sólo tiene una visita de cinco minutos. Ha tenido que pasar por el detector de metales delante del funcionario; ha pasado cuatro o cinco veces delante del detector hasta recibir el permiso correspondiente. Al llegar a la cabina de visitas, el funcionario le ha dicho:
- Si hablan en vasco se interrumpe la comunicación.
Ha esperado un rato. Llega el hijo, delgado, con el pelo corto, moreno, a pesar de todo sonriente. Nada más sentarse, pone la mano contra el cristal, con los dedos extendidos; el hijo ha dicho algo que la madre no ha oído. El funcionario no ha pulsado todavía el interruptor que permite que la voz llegue de un lado a otro.
- Etxean zer moduz, ama? (¿Qué tal en casa, ama?)
Ahora sí, le ha oído:
- Ondo, oso ondo... (Bien, muy bien...)
Y se queda mirando a los labios del chico, se mueven, pero no oye nada.
- Queda interrumpida la comunicación por hablar en vasco.
El hijo extiende nuevamente los dedos contra el cristal, la madre le quiere dar la mano, pero no consigue tocar más que el liso y frío cristal...
Dos funcionarios vienen a por el hijo, se lo llevan, se va mirando hacia atrás. La madre, con una gruesa lágrima que le cae, se queda esperando a los funcionarios de fuera.
Un pasaje de Iparralde. Eran muchos en casa y tras la II. Guerra Mundial, se fueron a París a buscar trabajo, cada uno por su lado, se encontraron en París, se casaron y tuvieron varios hijos. Casi en la vejez, se jubilaron y volvieron a su lugar de nacimiento. Hablan en euskera con un chico de Hegoalde:
- La posguerra fue dura en esta zona -dice el viejo.
- Ni comida ni lengua... -dice la mujer, dejando la frase en el aire.
- Cuando éramos críos, nos castigaban por hablar en euskera, le llamaban "anti", sólo podíamos hablar en francés en el colegio...
Si no, se le imponía el "anti" al crío.
- Éramos vascos en casa -dice la mujer-, pero de la puerta hacia fuera, franceses...
Grandes y pequeños
La gente arriba citada busca una identidad impedida. Los vascos llevamos tiempo buscando al País Vasco. Cuando se construyeron y afianzaron los estados nacionales, nos quedamos fuera y ahí seguimos, como un pueblo sin estado propio, obligados a convertirnos en ciudadanos españoles o franceses.
En el mundo hay naciones grandes, naciones pequeñas y naciones invisibles. España y Francia son naciones grandes. Las naciones grandes tienen muchos habitantes, son pueblos conquistadores históricamente, tienen personajes famosos como El Cid y Roland, El Duque de Alba y Napoleón Bonaparte, son tenidos en cuenta internacionalmente y no se plantea la duda de si son o no son.
Por el contrario, las naciones pequeñas tienen pocos habitantes. Naciones pequeñas son, por ejemplo, Irlanda y Estonia. Históricamente han sido divididas y transformadas, muchas veces han perdido su estado propio, no tienen personajes guerreros tan afamados y tienen que vivir con miedo si les ha tocado cerca una nación grande, ya que debido a su pequeñez, si se descuidan les plantearan dudas sobre su condición o no de nación. De todas maneras, internacionalmente son tenidas en cuenta.
Las naciones invisibles tienen las características y los problemas de las naciones pequeñas, pero incluso han perdido su estado propio, pisoteadas por las naciones grandes, o no han tenido nunca estado propio. Para los historiadores decimonónicos, son pueblos sin historia. Tienen dudas sobre su condición de nación, pero sus quejas y sus deseos tienen poca repercusión internacional, porque las grandes naciones las han convertido en invisibles e inaudibles.
Las grandes naciones son muy orgullosas, disponen de innumerables ceremonias para mostrar su poder intimidatorio, pero su mayor vanidad es inconsciente: viven su nacionalismo con tanta naturalidad, les pasa tan desapercibido que muchas veces confunden su cultura propia con la cultura universal...
A veces, las naciones invisibles e inaudibles caen en la trampa y se integran en la cultura del vecino grande, pensando que lo hacen en la cultura universal.
A la búsqueda del País Vasco
–por Joseba Sarrionandia–
Un pasaje del exilio. La madre y la hija frente al espejo, pintándose los labios. La hija tiene siete años, ha nacido en el exilio de los padres, quiénes, desde hace tiempo, viven clandestinamente y lejos del País Vasco. La hija habla en euskera en casa y en erdara (Nota: otro idioma distinto al euskera) en la escuela; le han enseñado en euskera que es euskaldun, pero no tiene traducción en erdara, porque los padres no se lo han dicho nunca. Sin embargo, últimamente está preocupada por la nacionalidad, parece que le falta algo. Una mañana, mientras la madre se pinta los labios, la niña se sienta a su lado delante del espejo de la habitación, va a pintarse los labios, como su madre. Entonces, llega el padre:
- Aita, ¿nosotros somos españoles? -le dice la hija al padre que acaba de entrar en la habitación.
- ¿Por qué? -pregunta el padre, sorprendido.
Y la hija:
- Porque nos pintamos los labios... (Nota: El original hace un juego de palabras, porque en euskara labio es "ezpain").
Un pasaje de la cárcel. La madre se ha acercado hasta la cárcel de Puerto de Santa María, a visitar a su hijo preso desde hace tiempo. Han sido dos días de pesado viaje en tren. Al entrar, le han avisado de que el hijo está castigado, de que sólo tiene una visita de cinco minutos. Ha tenido que pasar por el detector de metales delante del funcionario; ha pasado cuatro o cinco veces delante del detector hasta recibir el permiso correspondiente. Al llegar a la cabina de visitas, el funcionario le ha dicho:
- Si hablan en vasco se interrumpe la comunicación.
Ha esperado un rato. Llega el hijo, delgado, con el pelo corto, moreno, a pesar de todo sonriente. Nada más sentarse, pone la mano contra el cristal, con los dedos extendidos; el hijo ha dicho algo que la madre no ha oído. El funcionario no ha pulsado todavía el interruptor que permite que la voz llegue de un lado a otro.
- Etxean zer moduz, ama? (¿Qué tal en casa, ama?)
Ahora sí, le ha oído:
- Ondo, oso ondo... (Bien, muy bien...)
Y se queda mirando a los labios del chico, se mueven, pero no oye nada.
- Queda interrumpida la comunicación por hablar en vasco.
El hijo extiende nuevamente los dedos contra el cristal, la madre le quiere dar la mano, pero no consigue tocar más que el liso y frío cristal...
Dos funcionarios vienen a por el hijo, se lo llevan, se va mirando hacia atrás. La madre, con una gruesa lágrima que le cae, se queda esperando a los funcionarios de fuera.
Un pasaje de Iparralde. Eran muchos en casa y tras la II. Guerra Mundial, se fueron a París a buscar trabajo, cada uno por su lado, se encontraron en París, se casaron y tuvieron varios hijos. Casi en la vejez, se jubilaron y volvieron a su lugar de nacimiento. Hablan en euskera con un chico de Hegoalde:
- La posguerra fue dura en esta zona -dice el viejo.
- Ni comida ni lengua... -dice la mujer, dejando la frase en el aire.
- Cuando éramos críos, nos castigaban por hablar en euskera, le llamaban "anti", sólo podíamos hablar en francés en el colegio...
Si no, se le imponía el "anti" al crío.
- Éramos vascos en casa -dice la mujer-, pero de la puerta hacia fuera, franceses...
Grandes y pequeños
La gente arriba citada busca una identidad impedida. Los vascos llevamos tiempo buscando al País Vasco. Cuando se construyeron y afianzaron los estados nacionales, nos quedamos fuera y ahí seguimos, como un pueblo sin estado propio, obligados a convertirnos en ciudadanos españoles o franceses.
En el mundo hay naciones grandes, naciones pequeñas y naciones invisibles. España y Francia son naciones grandes. Las naciones grandes tienen muchos habitantes, son pueblos conquistadores históricamente, tienen personajes famosos como El Cid y Roland, El Duque de Alba y Napoleón Bonaparte, son tenidos en cuenta internacionalmente y no se plantea la duda de si son o no son.
Por el contrario, las naciones pequeñas tienen pocos habitantes. Naciones pequeñas son, por ejemplo, Irlanda y Estonia. Históricamente han sido divididas y transformadas, muchas veces han perdido su estado propio, no tienen personajes guerreros tan afamados y tienen que vivir con miedo si les ha tocado cerca una nación grande, ya que debido a su pequeñez, si se descuidan les plantearan dudas sobre su condición o no de nación. De todas maneras, internacionalmente son tenidas en cuenta.
Las naciones invisibles tienen las características y los problemas de las naciones pequeñas, pero incluso han perdido su estado propio, pisoteadas por las naciones grandes, o no han tenido nunca estado propio. Para los historiadores decimonónicos, son pueblos sin historia. Tienen dudas sobre su condición de nación, pero sus quejas y sus deseos tienen poca repercusión internacional, porque las grandes naciones las han convertido en invisibles e inaudibles.
Las grandes naciones son muy orgullosas, disponen de innumerables ceremonias para mostrar su poder intimidatorio, pero su mayor vanidad es inconsciente: viven su nacionalismo con tanta naturalidad, les pasa tan desapercibido que muchas veces confunden su cultura propia con la cultura universal...
A veces, las naciones invisibles e inaudibles caen en la trampa y se integran en la cultura del vecino grande, pensando que lo hacen en la cultura universal.
"No es ateo el que desprecia a los dioses del vulgo, sino quien abraza las ideas del vulgo acerca de los dioses".


