McGuevara's o CheDonalds
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yeison
McGuevara's o CheDonalds
Buenas!
Vengo a copiar un reportaje que he leído en www.periodistadigital.com y se publicó en la nacion ( http://buscador.lanacion.com.ar/Nota.as ... 8&high=che ). La verdad es que nunca me ha importado mucho la obra y milagros de Ernesto Guevara, pero he de reconocer que me ha llamado la atención la simbología que despierta la famosa imágen tan típicamente militar de esa cara con barba descuidada, boina militar y mirada segura y perdida en el horizonte, como buscando un ideal.
El caso es que hoy me ha dado por leer esto y he pensado que a alguien le podría interesar, aunque sea así de largo...
El título es el de una gran canción de Kevin Johansen. Un tipo argentino que llegó a la vida de algunos de forma casual.
Del socialismo a marca capitalista
El Che, cada vez más mito y menos realidad
Por Alvaro Vargas Llosa
Para LA NACION
El Che Guevara, que hizo tanto (¿o fue tan poco?) por destruir el capitalismo, se ha convertido ahora en una marca quintaesencialmente capitalista. Su imagen adorna jarros de café, mecheros, llaveros, billeteras, gorras de béisbol, sombreros, pañuelos, bolsos, té de hierbas y, por supuesto, las omnipresentes camisetas con la foto, tomada por Alberto Korda, del ídolo socialista con su boina durante los primeros años de la revolución, cuando el Che apareció por casualidad dentro del visor del fotógrafo y que aún es, 38 años después de su muerte, el logo del chic revolucionario (¿o es capitalista?). Incluso hay un jabón en polvo cuyo eslogan es: “Che lava más blanco.”
Los productos Che están comercializados por grandes corporaciones y por empresas pequeñas, como la Burlington Coat Factory, que hizo una publicidad de TV en la que aparece un joven con pantalones de fajina y una camiseta del Che, o la Boutique Flamingo, de Union City, Nueva Jersey, cuyo dueño respondió al enojo de los exiliados cubanos locales con este devastador argumento: "Vendo cualquier cosa que la gente quiera comprar."
Los revolucionarios también se suman a este furor comercial, desde "The Che Store", que ofrece "todas tus necesidades revolucionarias" por Internet, hasta el escritor italiano Gianni Minà, quien vendió a Robert Redford los derechos cinematográficos del diario del Che sobre su viaje juvenil por Sudamérica en 1952, a cambio de que se le diera acceso al rodaje del film "Diarios de motocicleta", para que Minà pudiera producir su propio documental.
Por no hablar de Alberto Granado, quien acompañó al Che en su viaje de juventud y asesora hoy a documentalistas, y que ahora, según El País, se queja de que el embargo estadounidense a Cuba le dificulta mucho el cobro de sus regalías.
Para dar aún más fuerza a la ironía, el edificio donde nació Guevara, en Rosario, una espléndida construcción de principios del siglo XX, estuvo hasta hace poco ocupado por el fondo de jubilaciones privadas AFJP Máxima, un hijo de la privatización de la seguridad social en la Argentina.
La metamorfosis del Che Guevara en una marca capitalista no es nueva, pero recientemente ha experimentado una reactivación? Una reactivación especialmente notable, ya que aparece años después del colapso político e ideológico de todo lo que Guevara representaba.
Esta imprevista reanimación se debe en gran parte a "Diarios de motocicleta", la película producida por Robert Redford y dirigida por Walter Salles (uno de los tres films más importantes rodados o en proceso de filmación durante los últimos dos años).
Bellamente filmada en paisajes que evidentemente han escapado a los efectos corrosivos de la polución capitalista, la película muestra al joven en su viaje de autodescubrimiento, mientras su incipiente conciencia social se enfrenta a la explotación social y económica, preparando así el terreno para la reinvención New Wave del hombre al que Sartre una vez llamó el ser humano más completo de nuestra época.
Pero para ser más preciso, el actual renacimiento del Che empezó en 1997, con el trigésimo aniversario de su muerte, cuando cinco biografías de Guevara llegaron a las librerías y se descubrieron sus restos mortales cerca de una pista de aterrizaje del aeropuerto boliviano de Vallegrande, después de que un general retirado boliviano, con un espectacular sentido de la oportunidad, revelara el lugar exacto de la sepultura. El aniversario volvió a concentrar la atención en la famosa foto de Freddy Alborta, donde el cadáver del Che se ve tendido sobre una mesa, escorzado y muerto y romántico, con la apariencia del Cristo en una pintura de Mantegna.
"NO SÉ POR QUÉ"
Es habitual que los seguidores de un culto no conozcan la historia de la vida real de su héroe, la verdad histórica. No resulta sorprendente que los seguidores contemporáneos de Guevara, sus admiradores poscomunistas, también se engañen a sí mismos aferrándose a un mito? Excepto los jóvenes argentinos que han creado una expresión que rima perfectamente en castellano: "Tengo una remera del Che y no sé por qué."
Consideremos algunas de las personas que recientemente han esgrimido o invocado la imagen de Guevara como modelo de justicia y rebelión ante el abuso de poder. En el Líbano, los manifestantes que protestaban contra Siria ante la tumba del ex primer ministro Rafik Hariri enarbolaban la imagen del Che.
Thierry Henry, un jugador de fútbol francés que juega para Arsenal, en Inglaterra, se presentó en una fiesta de gala organizada por la FIFA, la institución mundial del fútbol, con una camiseta roja y negra con la imagen del Che.
En una reseña reciente aparecida en The New York Times, sobre "Land of the Dead", de George Romero, Manohla Dargis señaló que "el mayor shock que esto provoca probablemente sea la transformación de un zombi negro en un justo líder revolucionario" y agregó: "Supongo que, después de todo, el Che realmente vive".
Maradona exhibió el emblemático tatuaje del Che en su brazo derecho durante un viaje a Venezuela, donde se reunió con Hugo Chávez.
En Stavropol, en el sur de Rusia, los manifestantes que denunciaban pagos en efectivo a cambio de concesiones de asistencia social, tomaron la plaza central enarbolando estandartes del Che.
En San Francisco, City Lights Books, la legendaria cuna de la literatura beat, ofrece a sus visitantes una sección dedicada a América latina en la que la mitad de los estantes están ocupados por libros del Che.
José Luis Montoya, un oficial de la policía mexicana que combate el narcotráfico, usa una muñequera del Che, porque lo hace sentir más fuerte.
En el campamento de refugiados de Dheisheh, en Cisjordania, los pósteres del Che adornan un muro que rinde tributo a la Intifada.
Una revista dominical dedicada a la vida social en Sydney, Australia, publica la lista de los tres invitados más deseados para una cena: Alvar Aalto, Richard Branson y el Che Guevara. Leung Kwok-hung, el rebelde electo como miembro del Consejo Legislativo de Hong Kong, desafía a Pekín usando una remera del Che.
En Brasil, Frei Betto, el asesor del presidente Lula da Silva que está a cargo del publicitado programa Hambre Cero, dice que "deberíamos haberle prestado menos atención a Trotsky y mucha más al Che Guevara".
Y en la ceremonia de los premios Oscar de este año, Carlos Santana y Antonio Banderas interpretaron la canción de "Diarios de motocicleta", y Santana se presentó luciendo la remera del Che y un crucifijo.
Las manifestaciones del nuevo culto al Che están en todos lados. Una vez más, el mito provoca el entusiasmo de gente cuyas causas, en su mayoría, representan exactamente lo opuesto a lo que era Guevara.
Ningún hombre carece de cualidades que lo redimen. En el caso del Che Guevara, esas cualidades pueden ayudarnos a medir la magnitud del abismo que separa la realidad del mito. Su honestidad (más bien, su honestidad parcial) hizo que dejara testimonio escrito de sus crueldades, incluyendo cosas verdaderamente feas, pero no las más feas. Su valor -que Castro describió como "su manera, en cada momento difícil y peligroso, de hacer las cosas más difíciles y peligrosas"- significó que no vivió para hacerse plenamente responsable del infierno de Cuba.
El mito puede decirnos tanto sobre una época como la verdad. Y, por eso, gracias a los testimonios del propio Che acerca de sus ideas y sus acciones, y gracias también a su prematura desaparición, podemos saber exactamente cuán engañados están tantos de nuestros contemporáneos con respecto a tantas cosas.
Ordenó ejecutar a decenas de personas
El Che Guevara: una violenta, selectiva y fría máquina de matar
Es posible que el Che Guevara haya estado enamorado de su propia muerte, pero mucho más enamorado estaba de la muerte de los demás. En abril de 1967 resumió su idea homicida de justicia en su "Mensaje a la Tricontinental": "El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar".
Sus escritos anteriores también están condimentados con esta violencia retórica e ideológica. Aunque su ex novia Chichita Ferreira dude de que la versión original de sus diarios de viaje contengan la observación "siento que mi nariz se dilata saboreando el olor acre de la pólvora y la sangre del enemigo", Guevara compartió con Alberto Granado esta exclamación: "¿Revolución sin disparar ni un tiro? Estás loco".
En otros momentos los jóvenes bohemios parecían incapaces de distinguir entre la frivolidad de la muerte como espectáculo y la tragedia de las víctimas de una revolución. En una carta a su madre, de 1954, escrita en Guatemala, donde fue testigo del derrocamiento del gobierno revolucionario de Jacobo Arbenz, escribió: "Aquí estuvo muy divertido con tiros, bombardeos, discursos y otros matices que cortaron la monotonía en que vivía".
La disposición anímica de Guevara cuando viajó con Fidel Castro desde México hacia Cuba a bordo del Granma queda plasmada en una carta a su esposa escrita en 1957 y publicada en el libro Ernesto: Una memoria del Che Guevara en Sierra Maestra: "Estoy en la manigua cubana, vivo y sediento de sangre".
Esa mentalidad había sido reforzada por su convicción de que Arbenz había perdido por no haber ejecutado a sus potenciales enemigos. En una carta dirigida a su ex novia Tita Infante había observado: "Si se hubieran producido esos fusilamientos, el gobierno hubiera conservado la posibilidad de devolver los golpes".
No sorprende que durante la lucha armada contra Batista, y luego de la entrada a La Habana, Guevara matara o supervisara la ejecución, con juicio sumario, de decenas de enemigos del pueblo comprobados, sospechosos y de todos aquellos que se encontraban en el lugar equivocado en el momento equivocado.
En enero de 1957, como lo indica su diario de Sierra Maestra, Guevara mató a Eutimio Guerra porque sospechaba que estaba pasando información: "Acabé con el problema dándole un tiro con una pistola del calibre 32 en la sien derecha? Sus pertenencias pasaron a mi poder". Más tarde mató a Aristidio, un campesino que expresó el deseo de abandonar la causa cuando los rebeldes siguieron avanzando. Aunque se preguntó si esta víctima "era de verdad suficientemente culpable como para merecer la muerte", no tuvo reparos para ordenar la muerte de Echavarría, hermano de uno de sus camaradas, a causa de crímenes no especificados: "Tenía que pagar el precio". En otros momentos simuló ejecuciones sin llevarlas a cabo, como método de tortura psicológica.
"ANTE LA DUDA, MÁTALO"
Luis Guardia y Pedro Corzo, dos investigadores de Florida que trabajan en un documental sobre Guevara, han conseguido el testimonio de Jaime Costa Vázquez, un ex comandante del ejército revolucionario conocido como "El Catalán", que sostiene que muchas de las ejecuciones atribuidas a Ramiro Valdés, quien más tarde se convertiría en ministro del Interior de Cuba, fueron responsabilidad directa de Guevara, porque Valdés estaba bajo sus órdenes en las montañas. "Ante la duda, mátalo" eran las instrucciones del Che.
Según Costa, en vísperas de la victoria, el Che ordenó la ejecución de dos decenas de personas en Santa Clara, en el centro de Cuba, adonde había llegado su columna como parte del ataque final sobre la isla. Algunos fueron fusilados en un hotel, tal como ha escrito Marcelo Fernández Sayas, otro ex revolucionario que se hizo periodista, y quien agregó que entre los ejecutados había campesinos que se habían unido al ejército sólo para escapar al desempleo.
Pero "la fría máquina de matar" no manifestó todo el alcance de su rigor hasta que, inmediatamente después de la caída del régimen de Batista, Castro lo puso a cargo de la cárcel de La Cabaña. Era una fortaleza de piedra usada para defender a La Habana de los piratas ingleses en el siglo XVIII; más tarde se convirtió en una barraca militar. De una manera que recuerda de forma escalofriante a Lavrenti Beria, Guevara fue responsable, durante la primera mitad de 1959, de uno de los períodos más oscuros de la revolución.
José Vilasuso, abogado y profesor de la Universidad Interamericana de Bayamón, en Puerto Rico, quien perteneció al cuerpo que estaba a cargo de los procesos judiciales sumarios en La Cabaña, me contó: "El Che dirigió la Comisión Depuradora. El proceso se regía por la ley de la sierra: tribunal militar de hecho y no jurídico, y el Che nos recomendaba actuar con convicción. Es decir, con la convicción de que todos eran asesinos y de que la forma revolucionaria de proceder era ser implacables. Miguel Duque Estrada era mi jefe inmediato. Mi función era legalizar profesionalmente la causa y pasarla al ministerio fiscal, sin juicio propio alguno. Se fusilaba de lunes a viernes. Las ejecuciones se llevaban a cabo de madrugada, poco después de que la sentencia fuera dictada y confirmada en forma automática por el cuerpo de apelación. La noche más siniestra que recuerdo se ejecutaron siete hombres".
SIN EXCEPCIONES
Javier Arzuaga, el capellán vasco que daba consuelo a los sentenciados a muerte y que presenció docenas de ejecuciones, habló conmigo desde su hogar en Puerto Rico. Ex sacerdote católico, ahora de 75 años, recordó que en la cárcel de La Cabaña "había 800 hombres hacinados en un espacio pensado para no más de 300: militares batistianos o miembros de algunos de los cuerpos de la policía, periodistas, empresarios o comerciantes".
"El juez no tenía por qué ser hombre de leyes; sí, en cambio, pertenecer al ejército rebelde, al igual que los compañeros que ocupaban con él la mesa del tribunal. Casi todas las vistas de apelación estuvieron presididas por el Che Guevara. No recuerdo ningún caso cuya sentencia fuera revocada en esas vistas. Todos los días yo visitaba la «galera de la muerte», donde permanecían los prisioneros desde que eran sentenciados a muerte. Corrió la voz de que yo hipnotizaba a los condenados antes de salir para el paredón y que por eso se daban tan fáciles las cosas, sin escenas desagradables, y el Che Guevara ordenó que nadie fuera conducido al paredón sin que yo estuviera presente. Asistí a 55 fusilamientos hasta el mes de mayo, cuando me fui. Eso no quiere decir que no se siguiera fusilando. Herman Marks era un americano, se decía que era prófugo de la Justicia. Lo llamábamos «el carnicero» porque gozaba gritando «pelotón, atención, preparen, apunten, fuego».
"Conversé varias veces con el Che para interceder por determinadas personas. Recuerdo bien el caso de Ariel Lima, que era menor de edad, pero fue inflexible. Lo mismo puedo decir de Fidel Castro, a quien acudí también en dos ocasiones. Yo estaba muy traumatizado y a fines de mayo me sentía tan mal que me ordenaron abandonar la parroquia de Casa Blanca, dentro de cuyos límites se encontraba La Cabaña y donde yo había celebrado misa en los últimos tres años. Me fui a México para un tratamiento. Cuando nos despedimos, el Che Guevara me dijo: «Hemos fracasado los dos. Cuando nos quitemos las caretas, seremos enemigos frente a frente»."
¿Cuántas personas fueron asesinadas en La Cabaña? Pedro Corzo calcula que alrededor de 200 personas, cifra similar a la que da Armando Lago, un profesor de economía retirado que compiló una lista de 179 nombres como parte de un estudio de ocho años de duración sobre las ejecuciones en Cuba. Vilasuso me dijo que fueron ejecutadas 400 personas entre enero y fines de junio de 1959 (momento en el que el Che dejó de estar a cargo de La Cabaña). Los cables secretos enviados por la embajada estadounidense en La Habana al Departamento de Estado en Washington hablaban de "más de 500".
Según Jorge Castañeda, uno de los biógrafos de Guevara, un vasco católico simpatizante de la revolución, el fallecido padre Iñaki de Aspiazu, habló de 700 víctimas. Félix Rodríguez, un agente de la CIA que fue miembro del equipo que estuvo a cargo de la búsqueda y persecución de Guevara en Bolivia, me dijo que, tras la captura, interrogó a Guevara acerca de las "más o menos 2000 ejecuciones" de las que había sido responsable durante su vida. "Dijo que eran todos agentes de la CIA y no cuestionó la cifra", recuerda Rodríguez.
El número más alto posiblemente incluye las ejecuciones que se llevaron a cabo durante los meses posteriores al momento en el que el Che dejó de estar a cargo de la prisión. Y eso nos lleva de vuelta a Carlos Santana y su muy chic remera del Che. En una carta publicada en El Nuevo Herald el 31 de marzo de este año, el gran músico de jazz Paquito D´ Rivera criticó a Santana por su atuendo en la entrega de los Oscar, y añadió: "Uno de esos cubanos fue mi primo Bebo, preso allí por ser cristiano. El escuchaba desde su celda los fusilamientos de muchos que morían gritando «¡Viva Cristo Rey!»".
Obsesionado por los controles, tuvo un rol clave para transformar a Cuba en un bastión del totalitarismo
El Che, un megalómano con ansias de poder
El deseo de poder del Che tenía otras maneras de expresarse aparte del asesinato. La contradicción existente entre su pasión por viajar -una manera de protestar contra las restricciones oprimentes del Estado- y su impulso por convertirse él mismo en un Estado opresor resulta patética.
Cuando escribió sobre Pedro de Valdivia, conquistador de Chile, Guevara reflexionaba: "El pertenecía a esa clase singular de hombres que la especie produce rara vez, en quienes el ansia de poder ilimitado es tan extremo que para conseguirlo cualquier sufrimiento parece natural". Podría haberse descripto a sí mismo con esos términos.
En su vida adulta, su megalomanía se manifestó a través del impulso predatorio de apoderarse de la vida y la propiedad de otros, aboliendo así su libre albedrío. En 1958, después de tomar la ciudad de Sancti Spiritus, Guevara intentó, sin éxito, imponer una suerte de sharia, regulando así las relaciones entre hombres y mujeres, el consumo de alcohol y las apuestas informales? un puritanismo que no caracterizaba exactamente a su propio estilo de vida.
También ordenó a sus hombres que robaran bancos, decisión que justificó en una carta dirigida a Enrique Oltuski, uno de sus subordinados, en noviembre de ese año: "Las masas oprimidas aceptan robar los bancos porque no tienen ni una moneda". Esta idea de revolución como una licencia para redistribuir la propiedad tal como a él le parecería adecuado llevó al marxista puritano a apoderarse de la mansión de un emigrante después del triunfo de la revolución.
El impulso de despojar a otros de sus propiedades y a reclamar la propiedad del territorio ajeno fue un elemento central en la cruda política de poder de Guevara. En sus memorias, el líder egipcio Gamal Abdel Nasser registra que Guevara le preguntó cuántas personas habían abandonado su país a causa de las reformas. Cuando Nasser le respondió que no se había ido nadie, el Che replicó, furioso, que la manera de medir la profundidad de un cambio es por medio del número de personas "que sienten que no hay lugar para ellos en la nueva sociedad". Este instinto predatorio alcanzó su punto más alto en 1965, cuando empezó a hablar, como si fuera Dios, del "Hombre Nuevo" que él y su revolución crearían.
La obsesión del Che por el control colectivista lo llevaría a colaborar en la formación del aparato de seguridad que se puso en marcha para sojuzgar a seis millones y medio de cubanos. A principios de 1959, se llevó a cabo una serie de reuniones secretas en Tarará, cerca de La Habana, en la mansión a la que el Che se había retirado temporalmente para recuperarse de una enfermedad. Allí fue donde los dirigentes máximos, incluyendo a Castro, diseñaron el Estado policial cubano.
Ramiro Valdés, subordinado del Che durante la guerra de guerrilla, fue puesto a cargo del G-2, un cuerpo organizado según el modelo de la Cheka. Angel Ciutah, un veterano de la Guerra Civil española enviado a los soviets que había estado muy próximo a Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, y que más tarde cultivó la amistad del Che, desempeñó un papel clave en la organización del sistema, junto con Luis Alberto Lavandeira, quien había desempeñado el cargo de supervisor en La Cabaña. El propio Guevara se hizo cargo del G-6, el cuerpo encargado de adoctrinar ideológicamente a las fuerzas armadas.
LA OPORTUNIDAD PERFECTA
La invasión de Bahía Cochinos, respaldada por Estados Unidos en abril de 1961, se convirtió en la ocasión perfecta para consolidar el nuevo Estado policial, con el arresto de decenas de miles de cubanos y una nueva serie de ejecuciones. Tal como Guevara le dijo al embajador soviético Sergei Kudrivtsev, los contrarrevolucionarios jamás volverían "a alzar la cabeza". "Contrarrevolucionario" es el término que se aplicaba a cualquiera que se apartara del dogma. El sinónimo comunista de "hereje".
Los campos de concentración eran una de las formas que el poder dogmático empleaba para eliminar el disenso. La historia atribuye al general español Valeriano Weyler, capitán general de Cuba a fines del siglo XIX, haber empleado por primera vez el término "concentración" para describir la política de cercar las masas de potenciales opositores con alambres de púas y empalizadas. Qué adecuado resulta que los revolucionarios cubanos retomaran esa tradición autóctona más de medio siglo más tarde.
Al principio, la revolución movilizó voluntarios para construir escuelas y trabajar en puertos, plantaciones y fábricas; exquisitas oportunidades para fotos del Che estibador, el Che recolector de caña, el Che obrero textil. Pero no transcurrió mucho tiempo para que el trabajo voluntario se hiciera un poco menos voluntario: el primer campo de trabajos forzosos, Guanahacabibes, se estableció en el oeste de Cuba a fines de 1960. Así es como el Che explicó la función que cumplía este método de reclusión: "A Guanahacabibes se manda a la gente que no debe ir a la cárcel, la gente que ha cometido faltas a la moral revolucionaria de mayor o menor grado... Es trabajo duro, no trabajo bestial".
Este campo fue el precursor del posterior confinamiento sistemático, que empezó en 1965 en la provincia de Camagüey, de disidentes, homosexuales, católicos, testigos de Jehová, sacerdotes afro-cubanos y otra escoria semejante, bajo el estandarte de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción. Apiñados en ómnibus y camiones, los "ineptos" eran transportados a punta de pistola a los campos de concentración organizados según el modelo de Guanahacabibes. Algunos nunca regresarían, otros serían violados, golpeados o mutilados; y casi todos quedarían traumatizados de por vida, tal como lo reveló al mundo un par de décadas atrás el desgarrador documental de Néstor Almendros, Improper Conduct.
Así, la revista Time tal vez no dio del todo en el blanco en agosto de 1960, al describir la división del trabajo de la revolución en una nota de tapa que asignaba al Che Guevara la función de "cerebro" y a Fidel Castro el "corazón" y a Raúl Castro el "puño". Pero esa interpretación reflejaba el rol crucial desempeñado por Guevara en la transformación de Cuba en un bastión del totalitarismo.
El Che era un candidato improbable a la pureza ideológica, dado su espíritu bohemio, pero durante los años de entrenamiento en México y el siguiente período de lucha armada en Cuba emergió como el ideólogo comunista infatuado con la Unión Soviética, para gran incomodidad de Castro y de otros que eran esencialmente oportunistas dispuestos a usar los medios que fueran necesarios para llegar al poder. Cuando los revolucionarios en ciernes fueron arrestados en México en 1956, Guevara fue el único que admitió que era comunista y que estaba estudiando ruso. Durante la lucha armada en Cuba, forjó una fuerte alianza con el Partido Socialista Popular (el partido comunista de la isla) y con Carlos Rafael Rodríguez, un elemento clave de la conversión al comunismo del régimen de Castro. Esta tendencia al fanatismo convirtió al Che en un eje vital de la "sovietización" de esa revolución que tantas veces se había jactado de su carácter independiente.
AL BORDE DE LA GUERRA
Muy pronto después de que los barbudos llegaron al poder, Guevara tomó parte de las negociaciones con Anastas Mikoyan, el viceprimer ministro soviético que visitó Cuba. Se le confió la misión de promover las negociaciones cubano-soviéticas durante una visita a Moscú a fines de 1960. Su segundo viaje a Rusia, en agosto de 1962, fue aún más significativo, porque selló el pacto que convertiría a Cuba en una cabeza de playa nuclear soviética.
Se reunió con Khrushchev en Yalta para ultimar detalles de una operación que ya se había iniciado y que involucraba la instalación de cuarenta y dos misiles soviéticos, la mitad de los cuales estaban equipados con cabezas nucleares, así como lanzamisiles y 42 mil soldados. Tras presionar a sus aliados soviéticos con el riesgo de que los Estados Unidos se enteraran de lo que estaba ocurriendo, Guevara consiguió que le garantizaran la intervención de la marina soviética? En otras palabras, que Moscú estaba dispuesto a ir a la guerra.
Según la biografía de Guevara escrita por Philippe Gavi, el revolucionario había alardeado de que "por defender sus principios, este país está dispuesto a arriesgarlo todo en una guerra atómica inimaginablemente destructiva".
Inmediatamente después de que terminó la crisis misilística cubana -cuando Khrushchev renegó de la promesa hecha en Yalta y negoció un acuerdo con Estados Unidos a espaldas de Castro, que incluía el retiro de los misiles estadounidenses de Turquía-, Guevara le dijo a un diario comunista británico: "Si los misiles hubieran permanecido en Cuba, los hubiéramos usado, dirigiéndolos hacia el corazón mismo de los Estados Unidos, incluyendo Nueva York, para defendernos de la agresión". Y un par de años más tarde, en las Naciones Unidas, fue fiel a sus principios: "Como marxistas, hemos mantenido que la coexistencia pacífica entre naciones no incluye la coexistencia entre explotadores y explotados".
Guevara se distanció de la Unión Soviética en los últimos años de su vida. Lo hizo por razones erróneas, acusando a Moscú de ser demasiado blanda ideológica y diplomáticamente, por hacer demasiadas concesiones. En octubre de 1964, un memorando escrito por Oleg Daroussenkov, un funcionario soviético cercano al Che, cita estas palabras de Guevara: "Pedimos armas a los checos; nos rechazaron. Después se las pedimos a los chinos; dijeron que sí pocos días después, y ni siquiera nos cobraron, diciendo que no se le venden armas a un amigo". En realidad, Guevara estaba resentido por el hecho de que Moscú les pedía a los otros miembros del bloque comunista, incluyendo Cuba, algo a cambio de la colosal ayuda y el respaldo político que les prestaba.
Su ataque final contra Moscú se produjo en Argel, en febrero de 1965, en una conferencia internacional, donde acusó a los soviéticos de haber adoptado la "ley del valor", es decir, el capitalismo. Su ruptura con los soviéticos, en suma, no fue un grito de libertad. Fue un aullido al estilo de Enver Hoxha exigiendo la subordinación total de la realidad a una ciega ortodoxia ideológica.
El gran revolucionario tuvo una posibilidad de poner en práctica su visión económica -su idea de justicia social- como director del Banco Nacional de Cuba y del Departamento de Industria del Instituto Nacional de Reforma Agraria a fines de 1959, y desde principios de 1961, como ministro de Industria. El período en el que Guevara estuvo a cargo de casi toda la economía cubana fue testigo del colapso casi total de la producción azucarera, el fracaso de la industrialización y la introducción del racionamiento en el que había sido uno de los cuatro países latinoamericanos más exitosos en el terreno económico desde antes de la dictadura de Batista.
Su período al frente del Banco Nacional, durante el que imprimió billetes firmados "Che", ha sido resumido así por su segundo, Ernesto Betancourt: "Encontré en el Che una ignorancia absoluta de los principios más elementales de la economía". La capacidad de percepción de Guevara con respecto a la economía mundial fue célebremente expresada en 1961, durante una conferencia hemisférica en Uruguay, donde predijo un crecimiento del 10% en Cuba "sin ningún temor", y para 1980, un ingreso per cápita mayor que el de "Estados Unidos hoy". De hecho, para 1997, el trigésimo aniversario de su muerte, los cubanos vivían con una dieta de dos kilos de arroz y medio kilo de porotos por mes, 120 gramos de carne dos veces al año, 120 gramos de pasta de soja por semana y cuatro huevos por mes.
La reforma agraria les quitó la tierra a los ricos, pero se la dio a los burócratas, no a los campesinos. (El decreto fue redactado en la casa del Che.) En nombre de la diversificación, el área cultivada se redujo, y la mano de obra fue derivada a otras actividades. El resultado fue que entre 1961 y 1963, la cosecha se redujo a la mitad, apenas 3,8 millones de toneladas métricas. ¿Este sacrificio fue justificado por el progreso de la industrialización en Cuba? Desafortunadamente, Cuba no disponía de materias primas para la industria pesada y, como consecuencia de la redistribución revolucionaria, no tenía una moneda sólida para comprarlas? y tampoco tenía siquiera productos básicos.
Para 1961, Guevara tenía que dar incómodas explicaciones a los funcionarios del gobierno: "Nuestros camaradas técnicos de las empresas han fabricado una pasta dentífrica? que es tan buena como la anterior, limpia lo mismo, aunque al cabo de un tiempo se convierte en piedra".
Para 1963, se abandonaron todas las esperanzas de industrializar Cuba, y la revolución aceptó su rol de abastecedor colonial de azúcar del bloque soviético a cambio de petróleo para cubrir sus necesidades y revender a otros países. Durante las tres décadas siguientes, Cuba sobreviviría gracias a un subsidio soviético que oscilaba entre unos 65.000 y 100.000 millones de dólares.
Tras haber fracasado como héroe de la justicia social, ¿Guevara se merece un lugar en los libros de historia como genio de la guerra de guerrillas? Su mayor logro militar en la lucha contra Batista -la captura de la ciudad de Santa Clara después de haber emboscado un tren cargado de refuerzos- ha sido seriamente cuestionado. Numerosos testimonios indican que el comandante del tren se rindió de antemano, tal vez después de aceptar un soborno.
Inmediatamente después del triunfo de la revolución, Guevara organizó ejércitos guerrilleros en Nicaragua, la República Dominicana, Panamá y Haití, todos los cuales fueron aplastados. En 1964, envió a la muerte al revolucionario argentino Jorge Ricardo Masetti, convenciéndolo de que debía lanzar un ataque contra su país natal desde Bolivia, justo en el momento en que se había restaurado en la Argentina la democracia representativa.
Particularmente desastrosa fue la expedición al Congo en 1965. Guevara apoyó a dos rebeldes -Pierre Mulele en el Oeste y Laurent Kabila en el Este- en su lucha contra el perverso gobierno congoleño, apoyado por Estados Unidos, así como por mercenarios sudafricanos y exiliados cubanos. Guevara pasó la mayor parte de 1965 ayudando a los rebeldes en el Este, antes de abandonar el país ignominiosamente. Luego, muy pronto, Mobutu llegó al poder e instaló una tiranía que duró décadas.
DESASTRE EN BOLIVIA
En Bolivia, el Che fue derrotado nuevamente, y por última vez. Interpretó erróneamente la situación local. La reforma agraria se había realizado años atrás, el gobierno había respetado a muchas de las instituciones de las comunidades campesinas, y el ejército, a pesar de su nacionalismo, mantenía proximidad con los Estados Unidos. "Las masas campesinas no nos ayudan nada", fue la melancólica conclusión que Guevara consignó en su diario de Bolivia. Peor aún, Mario Monje, el líder comunista local, que no tenía estómago para la guerra de guerrillas después de haber sido humillado en las elecciones, condujo a Guevara a un lugar vulnerable en el sudeste del país. Las circunstancias de la captura del Che en el barranco Yuro fueron, como casi toda la expedición a Bolivia, cosas de amateur.
Guevara era sin duda audaz y valeroso, y rápido para organizar la vida sobre una base militar en los territorios bajo su control, pero no era el general Giap. Su libro "Guerra de guerrillas" enseña que las fuerzas populares pueden derrotar a cualquier ejército, que no es necesario esperar las condiciones adecuadas porque un foco insurreccional (o un pequeño grupo de revolucionarios) pueden crear esas condiciones, y que la lucha debe desarrollarse primordialmente en zonas rurales. Sin embargo, el ejército de Batista no era un ejército, sino una corrupta banda de matones sin motivación y con poca organización, y los focos guerrilleros, con la excepción de Nicaragua, terminaron con los foquistas reducidos a cenizas.
En las últimas décadas del siglo XIX, la Argentina tenía el segundo índice de crecimiento del mundo. En la década de 1890, el ingreso real de sus trabajadores era mayor que el de los trabajadores suizos, alemanes y franceses. En 1928, el país ocupaba el lugar número doce en el mundo por su PBI per cápita. Ese logro, que las generaciones siguientes arruinarían, se debía en gran medida a Juan Bautista Alberdi. Al igual que Guevara, a Alberdi le gustaba viajar: recorrió a pie las pampas y los desiertos del Norte a los 14 años, hasta llegar a Buenos Aires. Al igual que Guevara, Alberdi se opuso a un tirano, Juan Manuel de Rosas.
Al igual que Guevara, Alberdi tuvo la oportunidad de ejercer influencia sobre un líder revolucionario en el poder? Justo José de Urquiza, que derrocó a Rosas en 1852. Y, al igual que Guevara, Alberdi representó al nuevo gobierno viajando por el mundo, y murió en el extranjero. Pero a diferencia del antiguo y nuevo mimado de la izquierda, Alberdi jamás mató una mosca. Su libro "Bases y puntos de partida para la organización de la República Argentina" fue el cimiento de la Constitución de 1853, que limitó el gobierno, abrió el comercio, estimuló la inmigración y garantizó el derecho de propiedad, inaugurando así un período de 70 años de asombrosa prosperidad. No se entrometió en los asuntos de otras naciones, oponiéndose a la guerra contra Paraguay. Su imagen no adorna el abdomen de Mike Tyson.
Vengo a copiar un reportaje que he leído en www.periodistadigital.com y se publicó en la nacion ( http://buscador.lanacion.com.ar/Nota.as ... 8&high=che ). La verdad es que nunca me ha importado mucho la obra y milagros de Ernesto Guevara, pero he de reconocer que me ha llamado la atención la simbología que despierta la famosa imágen tan típicamente militar de esa cara con barba descuidada, boina militar y mirada segura y perdida en el horizonte, como buscando un ideal.
El caso es que hoy me ha dado por leer esto y he pensado que a alguien le podría interesar, aunque sea así de largo...
El título es el de una gran canción de Kevin Johansen. Un tipo argentino que llegó a la vida de algunos de forma casual.
Del socialismo a marca capitalista
El Che, cada vez más mito y menos realidad
Por Alvaro Vargas Llosa
Para LA NACION
El Che Guevara, que hizo tanto (¿o fue tan poco?) por destruir el capitalismo, se ha convertido ahora en una marca quintaesencialmente capitalista. Su imagen adorna jarros de café, mecheros, llaveros, billeteras, gorras de béisbol, sombreros, pañuelos, bolsos, té de hierbas y, por supuesto, las omnipresentes camisetas con la foto, tomada por Alberto Korda, del ídolo socialista con su boina durante los primeros años de la revolución, cuando el Che apareció por casualidad dentro del visor del fotógrafo y que aún es, 38 años después de su muerte, el logo del chic revolucionario (¿o es capitalista?). Incluso hay un jabón en polvo cuyo eslogan es: “Che lava más blanco.”
Los productos Che están comercializados por grandes corporaciones y por empresas pequeñas, como la Burlington Coat Factory, que hizo una publicidad de TV en la que aparece un joven con pantalones de fajina y una camiseta del Che, o la Boutique Flamingo, de Union City, Nueva Jersey, cuyo dueño respondió al enojo de los exiliados cubanos locales con este devastador argumento: "Vendo cualquier cosa que la gente quiera comprar."
Los revolucionarios también se suman a este furor comercial, desde "The Che Store", que ofrece "todas tus necesidades revolucionarias" por Internet, hasta el escritor italiano Gianni Minà, quien vendió a Robert Redford los derechos cinematográficos del diario del Che sobre su viaje juvenil por Sudamérica en 1952, a cambio de que se le diera acceso al rodaje del film "Diarios de motocicleta", para que Minà pudiera producir su propio documental.
Por no hablar de Alberto Granado, quien acompañó al Che en su viaje de juventud y asesora hoy a documentalistas, y que ahora, según El País, se queja de que el embargo estadounidense a Cuba le dificulta mucho el cobro de sus regalías.
Para dar aún más fuerza a la ironía, el edificio donde nació Guevara, en Rosario, una espléndida construcción de principios del siglo XX, estuvo hasta hace poco ocupado por el fondo de jubilaciones privadas AFJP Máxima, un hijo de la privatización de la seguridad social en la Argentina.
La metamorfosis del Che Guevara en una marca capitalista no es nueva, pero recientemente ha experimentado una reactivación? Una reactivación especialmente notable, ya que aparece años después del colapso político e ideológico de todo lo que Guevara representaba.
Esta imprevista reanimación se debe en gran parte a "Diarios de motocicleta", la película producida por Robert Redford y dirigida por Walter Salles (uno de los tres films más importantes rodados o en proceso de filmación durante los últimos dos años).
Bellamente filmada en paisajes que evidentemente han escapado a los efectos corrosivos de la polución capitalista, la película muestra al joven en su viaje de autodescubrimiento, mientras su incipiente conciencia social se enfrenta a la explotación social y económica, preparando así el terreno para la reinvención New Wave del hombre al que Sartre una vez llamó el ser humano más completo de nuestra época.
Pero para ser más preciso, el actual renacimiento del Che empezó en 1997, con el trigésimo aniversario de su muerte, cuando cinco biografías de Guevara llegaron a las librerías y se descubrieron sus restos mortales cerca de una pista de aterrizaje del aeropuerto boliviano de Vallegrande, después de que un general retirado boliviano, con un espectacular sentido de la oportunidad, revelara el lugar exacto de la sepultura. El aniversario volvió a concentrar la atención en la famosa foto de Freddy Alborta, donde el cadáver del Che se ve tendido sobre una mesa, escorzado y muerto y romántico, con la apariencia del Cristo en una pintura de Mantegna.
"NO SÉ POR QUÉ"
Es habitual que los seguidores de un culto no conozcan la historia de la vida real de su héroe, la verdad histórica. No resulta sorprendente que los seguidores contemporáneos de Guevara, sus admiradores poscomunistas, también se engañen a sí mismos aferrándose a un mito? Excepto los jóvenes argentinos que han creado una expresión que rima perfectamente en castellano: "Tengo una remera del Che y no sé por qué."
Consideremos algunas de las personas que recientemente han esgrimido o invocado la imagen de Guevara como modelo de justicia y rebelión ante el abuso de poder. En el Líbano, los manifestantes que protestaban contra Siria ante la tumba del ex primer ministro Rafik Hariri enarbolaban la imagen del Che.
Thierry Henry, un jugador de fútbol francés que juega para Arsenal, en Inglaterra, se presentó en una fiesta de gala organizada por la FIFA, la institución mundial del fútbol, con una camiseta roja y negra con la imagen del Che.
En una reseña reciente aparecida en The New York Times, sobre "Land of the Dead", de George Romero, Manohla Dargis señaló que "el mayor shock que esto provoca probablemente sea la transformación de un zombi negro en un justo líder revolucionario" y agregó: "Supongo que, después de todo, el Che realmente vive".
Maradona exhibió el emblemático tatuaje del Che en su brazo derecho durante un viaje a Venezuela, donde se reunió con Hugo Chávez.
En Stavropol, en el sur de Rusia, los manifestantes que denunciaban pagos en efectivo a cambio de concesiones de asistencia social, tomaron la plaza central enarbolando estandartes del Che.
En San Francisco, City Lights Books, la legendaria cuna de la literatura beat, ofrece a sus visitantes una sección dedicada a América latina en la que la mitad de los estantes están ocupados por libros del Che.
José Luis Montoya, un oficial de la policía mexicana que combate el narcotráfico, usa una muñequera del Che, porque lo hace sentir más fuerte.
En el campamento de refugiados de Dheisheh, en Cisjordania, los pósteres del Che adornan un muro que rinde tributo a la Intifada.
Una revista dominical dedicada a la vida social en Sydney, Australia, publica la lista de los tres invitados más deseados para una cena: Alvar Aalto, Richard Branson y el Che Guevara. Leung Kwok-hung, el rebelde electo como miembro del Consejo Legislativo de Hong Kong, desafía a Pekín usando una remera del Che.
En Brasil, Frei Betto, el asesor del presidente Lula da Silva que está a cargo del publicitado programa Hambre Cero, dice que "deberíamos haberle prestado menos atención a Trotsky y mucha más al Che Guevara".
Y en la ceremonia de los premios Oscar de este año, Carlos Santana y Antonio Banderas interpretaron la canción de "Diarios de motocicleta", y Santana se presentó luciendo la remera del Che y un crucifijo.
Las manifestaciones del nuevo culto al Che están en todos lados. Una vez más, el mito provoca el entusiasmo de gente cuyas causas, en su mayoría, representan exactamente lo opuesto a lo que era Guevara.
Ningún hombre carece de cualidades que lo redimen. En el caso del Che Guevara, esas cualidades pueden ayudarnos a medir la magnitud del abismo que separa la realidad del mito. Su honestidad (más bien, su honestidad parcial) hizo que dejara testimonio escrito de sus crueldades, incluyendo cosas verdaderamente feas, pero no las más feas. Su valor -que Castro describió como "su manera, en cada momento difícil y peligroso, de hacer las cosas más difíciles y peligrosas"- significó que no vivió para hacerse plenamente responsable del infierno de Cuba.
El mito puede decirnos tanto sobre una época como la verdad. Y, por eso, gracias a los testimonios del propio Che acerca de sus ideas y sus acciones, y gracias también a su prematura desaparición, podemos saber exactamente cuán engañados están tantos de nuestros contemporáneos con respecto a tantas cosas.
Ordenó ejecutar a decenas de personas
El Che Guevara: una violenta, selectiva y fría máquina de matar
Es posible que el Che Guevara haya estado enamorado de su propia muerte, pero mucho más enamorado estaba de la muerte de los demás. En abril de 1967 resumió su idea homicida de justicia en su "Mensaje a la Tricontinental": "El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar".
Sus escritos anteriores también están condimentados con esta violencia retórica e ideológica. Aunque su ex novia Chichita Ferreira dude de que la versión original de sus diarios de viaje contengan la observación "siento que mi nariz se dilata saboreando el olor acre de la pólvora y la sangre del enemigo", Guevara compartió con Alberto Granado esta exclamación: "¿Revolución sin disparar ni un tiro? Estás loco".
En otros momentos los jóvenes bohemios parecían incapaces de distinguir entre la frivolidad de la muerte como espectáculo y la tragedia de las víctimas de una revolución. En una carta a su madre, de 1954, escrita en Guatemala, donde fue testigo del derrocamiento del gobierno revolucionario de Jacobo Arbenz, escribió: "Aquí estuvo muy divertido con tiros, bombardeos, discursos y otros matices que cortaron la monotonía en que vivía".
La disposición anímica de Guevara cuando viajó con Fidel Castro desde México hacia Cuba a bordo del Granma queda plasmada en una carta a su esposa escrita en 1957 y publicada en el libro Ernesto: Una memoria del Che Guevara en Sierra Maestra: "Estoy en la manigua cubana, vivo y sediento de sangre".
Esa mentalidad había sido reforzada por su convicción de que Arbenz había perdido por no haber ejecutado a sus potenciales enemigos. En una carta dirigida a su ex novia Tita Infante había observado: "Si se hubieran producido esos fusilamientos, el gobierno hubiera conservado la posibilidad de devolver los golpes".
No sorprende que durante la lucha armada contra Batista, y luego de la entrada a La Habana, Guevara matara o supervisara la ejecución, con juicio sumario, de decenas de enemigos del pueblo comprobados, sospechosos y de todos aquellos que se encontraban en el lugar equivocado en el momento equivocado.
En enero de 1957, como lo indica su diario de Sierra Maestra, Guevara mató a Eutimio Guerra porque sospechaba que estaba pasando información: "Acabé con el problema dándole un tiro con una pistola del calibre 32 en la sien derecha? Sus pertenencias pasaron a mi poder". Más tarde mató a Aristidio, un campesino que expresó el deseo de abandonar la causa cuando los rebeldes siguieron avanzando. Aunque se preguntó si esta víctima "era de verdad suficientemente culpable como para merecer la muerte", no tuvo reparos para ordenar la muerte de Echavarría, hermano de uno de sus camaradas, a causa de crímenes no especificados: "Tenía que pagar el precio". En otros momentos simuló ejecuciones sin llevarlas a cabo, como método de tortura psicológica.
"ANTE LA DUDA, MÁTALO"
Luis Guardia y Pedro Corzo, dos investigadores de Florida que trabajan en un documental sobre Guevara, han conseguido el testimonio de Jaime Costa Vázquez, un ex comandante del ejército revolucionario conocido como "El Catalán", que sostiene que muchas de las ejecuciones atribuidas a Ramiro Valdés, quien más tarde se convertiría en ministro del Interior de Cuba, fueron responsabilidad directa de Guevara, porque Valdés estaba bajo sus órdenes en las montañas. "Ante la duda, mátalo" eran las instrucciones del Che.
Según Costa, en vísperas de la victoria, el Che ordenó la ejecución de dos decenas de personas en Santa Clara, en el centro de Cuba, adonde había llegado su columna como parte del ataque final sobre la isla. Algunos fueron fusilados en un hotel, tal como ha escrito Marcelo Fernández Sayas, otro ex revolucionario que se hizo periodista, y quien agregó que entre los ejecutados había campesinos que se habían unido al ejército sólo para escapar al desempleo.
Pero "la fría máquina de matar" no manifestó todo el alcance de su rigor hasta que, inmediatamente después de la caída del régimen de Batista, Castro lo puso a cargo de la cárcel de La Cabaña. Era una fortaleza de piedra usada para defender a La Habana de los piratas ingleses en el siglo XVIII; más tarde se convirtió en una barraca militar. De una manera que recuerda de forma escalofriante a Lavrenti Beria, Guevara fue responsable, durante la primera mitad de 1959, de uno de los períodos más oscuros de la revolución.
José Vilasuso, abogado y profesor de la Universidad Interamericana de Bayamón, en Puerto Rico, quien perteneció al cuerpo que estaba a cargo de los procesos judiciales sumarios en La Cabaña, me contó: "El Che dirigió la Comisión Depuradora. El proceso se regía por la ley de la sierra: tribunal militar de hecho y no jurídico, y el Che nos recomendaba actuar con convicción. Es decir, con la convicción de que todos eran asesinos y de que la forma revolucionaria de proceder era ser implacables. Miguel Duque Estrada era mi jefe inmediato. Mi función era legalizar profesionalmente la causa y pasarla al ministerio fiscal, sin juicio propio alguno. Se fusilaba de lunes a viernes. Las ejecuciones se llevaban a cabo de madrugada, poco después de que la sentencia fuera dictada y confirmada en forma automática por el cuerpo de apelación. La noche más siniestra que recuerdo se ejecutaron siete hombres".
SIN EXCEPCIONES
Javier Arzuaga, el capellán vasco que daba consuelo a los sentenciados a muerte y que presenció docenas de ejecuciones, habló conmigo desde su hogar en Puerto Rico. Ex sacerdote católico, ahora de 75 años, recordó que en la cárcel de La Cabaña "había 800 hombres hacinados en un espacio pensado para no más de 300: militares batistianos o miembros de algunos de los cuerpos de la policía, periodistas, empresarios o comerciantes".
"El juez no tenía por qué ser hombre de leyes; sí, en cambio, pertenecer al ejército rebelde, al igual que los compañeros que ocupaban con él la mesa del tribunal. Casi todas las vistas de apelación estuvieron presididas por el Che Guevara. No recuerdo ningún caso cuya sentencia fuera revocada en esas vistas. Todos los días yo visitaba la «galera de la muerte», donde permanecían los prisioneros desde que eran sentenciados a muerte. Corrió la voz de que yo hipnotizaba a los condenados antes de salir para el paredón y que por eso se daban tan fáciles las cosas, sin escenas desagradables, y el Che Guevara ordenó que nadie fuera conducido al paredón sin que yo estuviera presente. Asistí a 55 fusilamientos hasta el mes de mayo, cuando me fui. Eso no quiere decir que no se siguiera fusilando. Herman Marks era un americano, se decía que era prófugo de la Justicia. Lo llamábamos «el carnicero» porque gozaba gritando «pelotón, atención, preparen, apunten, fuego».
"Conversé varias veces con el Che para interceder por determinadas personas. Recuerdo bien el caso de Ariel Lima, que era menor de edad, pero fue inflexible. Lo mismo puedo decir de Fidel Castro, a quien acudí también en dos ocasiones. Yo estaba muy traumatizado y a fines de mayo me sentía tan mal que me ordenaron abandonar la parroquia de Casa Blanca, dentro de cuyos límites se encontraba La Cabaña y donde yo había celebrado misa en los últimos tres años. Me fui a México para un tratamiento. Cuando nos despedimos, el Che Guevara me dijo: «Hemos fracasado los dos. Cuando nos quitemos las caretas, seremos enemigos frente a frente»."
¿Cuántas personas fueron asesinadas en La Cabaña? Pedro Corzo calcula que alrededor de 200 personas, cifra similar a la que da Armando Lago, un profesor de economía retirado que compiló una lista de 179 nombres como parte de un estudio de ocho años de duración sobre las ejecuciones en Cuba. Vilasuso me dijo que fueron ejecutadas 400 personas entre enero y fines de junio de 1959 (momento en el que el Che dejó de estar a cargo de La Cabaña). Los cables secretos enviados por la embajada estadounidense en La Habana al Departamento de Estado en Washington hablaban de "más de 500".
Según Jorge Castañeda, uno de los biógrafos de Guevara, un vasco católico simpatizante de la revolución, el fallecido padre Iñaki de Aspiazu, habló de 700 víctimas. Félix Rodríguez, un agente de la CIA que fue miembro del equipo que estuvo a cargo de la búsqueda y persecución de Guevara en Bolivia, me dijo que, tras la captura, interrogó a Guevara acerca de las "más o menos 2000 ejecuciones" de las que había sido responsable durante su vida. "Dijo que eran todos agentes de la CIA y no cuestionó la cifra", recuerda Rodríguez.
El número más alto posiblemente incluye las ejecuciones que se llevaron a cabo durante los meses posteriores al momento en el que el Che dejó de estar a cargo de la prisión. Y eso nos lleva de vuelta a Carlos Santana y su muy chic remera del Che. En una carta publicada en El Nuevo Herald el 31 de marzo de este año, el gran músico de jazz Paquito D´ Rivera criticó a Santana por su atuendo en la entrega de los Oscar, y añadió: "Uno de esos cubanos fue mi primo Bebo, preso allí por ser cristiano. El escuchaba desde su celda los fusilamientos de muchos que morían gritando «¡Viva Cristo Rey!»".
Obsesionado por los controles, tuvo un rol clave para transformar a Cuba en un bastión del totalitarismo
El Che, un megalómano con ansias de poder
El deseo de poder del Che tenía otras maneras de expresarse aparte del asesinato. La contradicción existente entre su pasión por viajar -una manera de protestar contra las restricciones oprimentes del Estado- y su impulso por convertirse él mismo en un Estado opresor resulta patética.
Cuando escribió sobre Pedro de Valdivia, conquistador de Chile, Guevara reflexionaba: "El pertenecía a esa clase singular de hombres que la especie produce rara vez, en quienes el ansia de poder ilimitado es tan extremo que para conseguirlo cualquier sufrimiento parece natural". Podría haberse descripto a sí mismo con esos términos.
En su vida adulta, su megalomanía se manifestó a través del impulso predatorio de apoderarse de la vida y la propiedad de otros, aboliendo así su libre albedrío. En 1958, después de tomar la ciudad de Sancti Spiritus, Guevara intentó, sin éxito, imponer una suerte de sharia, regulando así las relaciones entre hombres y mujeres, el consumo de alcohol y las apuestas informales? un puritanismo que no caracterizaba exactamente a su propio estilo de vida.
También ordenó a sus hombres que robaran bancos, decisión que justificó en una carta dirigida a Enrique Oltuski, uno de sus subordinados, en noviembre de ese año: "Las masas oprimidas aceptan robar los bancos porque no tienen ni una moneda". Esta idea de revolución como una licencia para redistribuir la propiedad tal como a él le parecería adecuado llevó al marxista puritano a apoderarse de la mansión de un emigrante después del triunfo de la revolución.
El impulso de despojar a otros de sus propiedades y a reclamar la propiedad del territorio ajeno fue un elemento central en la cruda política de poder de Guevara. En sus memorias, el líder egipcio Gamal Abdel Nasser registra que Guevara le preguntó cuántas personas habían abandonado su país a causa de las reformas. Cuando Nasser le respondió que no se había ido nadie, el Che replicó, furioso, que la manera de medir la profundidad de un cambio es por medio del número de personas "que sienten que no hay lugar para ellos en la nueva sociedad". Este instinto predatorio alcanzó su punto más alto en 1965, cuando empezó a hablar, como si fuera Dios, del "Hombre Nuevo" que él y su revolución crearían.
La obsesión del Che por el control colectivista lo llevaría a colaborar en la formación del aparato de seguridad que se puso en marcha para sojuzgar a seis millones y medio de cubanos. A principios de 1959, se llevó a cabo una serie de reuniones secretas en Tarará, cerca de La Habana, en la mansión a la que el Che se había retirado temporalmente para recuperarse de una enfermedad. Allí fue donde los dirigentes máximos, incluyendo a Castro, diseñaron el Estado policial cubano.
Ramiro Valdés, subordinado del Che durante la guerra de guerrilla, fue puesto a cargo del G-2, un cuerpo organizado según el modelo de la Cheka. Angel Ciutah, un veterano de la Guerra Civil española enviado a los soviets que había estado muy próximo a Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, y que más tarde cultivó la amistad del Che, desempeñó un papel clave en la organización del sistema, junto con Luis Alberto Lavandeira, quien había desempeñado el cargo de supervisor en La Cabaña. El propio Guevara se hizo cargo del G-6, el cuerpo encargado de adoctrinar ideológicamente a las fuerzas armadas.
LA OPORTUNIDAD PERFECTA
La invasión de Bahía Cochinos, respaldada por Estados Unidos en abril de 1961, se convirtió en la ocasión perfecta para consolidar el nuevo Estado policial, con el arresto de decenas de miles de cubanos y una nueva serie de ejecuciones. Tal como Guevara le dijo al embajador soviético Sergei Kudrivtsev, los contrarrevolucionarios jamás volverían "a alzar la cabeza". "Contrarrevolucionario" es el término que se aplicaba a cualquiera que se apartara del dogma. El sinónimo comunista de "hereje".
Los campos de concentración eran una de las formas que el poder dogmático empleaba para eliminar el disenso. La historia atribuye al general español Valeriano Weyler, capitán general de Cuba a fines del siglo XIX, haber empleado por primera vez el término "concentración" para describir la política de cercar las masas de potenciales opositores con alambres de púas y empalizadas. Qué adecuado resulta que los revolucionarios cubanos retomaran esa tradición autóctona más de medio siglo más tarde.
Al principio, la revolución movilizó voluntarios para construir escuelas y trabajar en puertos, plantaciones y fábricas; exquisitas oportunidades para fotos del Che estibador, el Che recolector de caña, el Che obrero textil. Pero no transcurrió mucho tiempo para que el trabajo voluntario se hiciera un poco menos voluntario: el primer campo de trabajos forzosos, Guanahacabibes, se estableció en el oeste de Cuba a fines de 1960. Así es como el Che explicó la función que cumplía este método de reclusión: "A Guanahacabibes se manda a la gente que no debe ir a la cárcel, la gente que ha cometido faltas a la moral revolucionaria de mayor o menor grado... Es trabajo duro, no trabajo bestial".
Este campo fue el precursor del posterior confinamiento sistemático, que empezó en 1965 en la provincia de Camagüey, de disidentes, homosexuales, católicos, testigos de Jehová, sacerdotes afro-cubanos y otra escoria semejante, bajo el estandarte de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción. Apiñados en ómnibus y camiones, los "ineptos" eran transportados a punta de pistola a los campos de concentración organizados según el modelo de Guanahacabibes. Algunos nunca regresarían, otros serían violados, golpeados o mutilados; y casi todos quedarían traumatizados de por vida, tal como lo reveló al mundo un par de décadas atrás el desgarrador documental de Néstor Almendros, Improper Conduct.
Así, la revista Time tal vez no dio del todo en el blanco en agosto de 1960, al describir la división del trabajo de la revolución en una nota de tapa que asignaba al Che Guevara la función de "cerebro" y a Fidel Castro el "corazón" y a Raúl Castro el "puño". Pero esa interpretación reflejaba el rol crucial desempeñado por Guevara en la transformación de Cuba en un bastión del totalitarismo.
El Che era un candidato improbable a la pureza ideológica, dado su espíritu bohemio, pero durante los años de entrenamiento en México y el siguiente período de lucha armada en Cuba emergió como el ideólogo comunista infatuado con la Unión Soviética, para gran incomodidad de Castro y de otros que eran esencialmente oportunistas dispuestos a usar los medios que fueran necesarios para llegar al poder. Cuando los revolucionarios en ciernes fueron arrestados en México en 1956, Guevara fue el único que admitió que era comunista y que estaba estudiando ruso. Durante la lucha armada en Cuba, forjó una fuerte alianza con el Partido Socialista Popular (el partido comunista de la isla) y con Carlos Rafael Rodríguez, un elemento clave de la conversión al comunismo del régimen de Castro. Esta tendencia al fanatismo convirtió al Che en un eje vital de la "sovietización" de esa revolución que tantas veces se había jactado de su carácter independiente.
AL BORDE DE LA GUERRA
Muy pronto después de que los barbudos llegaron al poder, Guevara tomó parte de las negociaciones con Anastas Mikoyan, el viceprimer ministro soviético que visitó Cuba. Se le confió la misión de promover las negociaciones cubano-soviéticas durante una visita a Moscú a fines de 1960. Su segundo viaje a Rusia, en agosto de 1962, fue aún más significativo, porque selló el pacto que convertiría a Cuba en una cabeza de playa nuclear soviética.
Se reunió con Khrushchev en Yalta para ultimar detalles de una operación que ya se había iniciado y que involucraba la instalación de cuarenta y dos misiles soviéticos, la mitad de los cuales estaban equipados con cabezas nucleares, así como lanzamisiles y 42 mil soldados. Tras presionar a sus aliados soviéticos con el riesgo de que los Estados Unidos se enteraran de lo que estaba ocurriendo, Guevara consiguió que le garantizaran la intervención de la marina soviética? En otras palabras, que Moscú estaba dispuesto a ir a la guerra.
Según la biografía de Guevara escrita por Philippe Gavi, el revolucionario había alardeado de que "por defender sus principios, este país está dispuesto a arriesgarlo todo en una guerra atómica inimaginablemente destructiva".
Inmediatamente después de que terminó la crisis misilística cubana -cuando Khrushchev renegó de la promesa hecha en Yalta y negoció un acuerdo con Estados Unidos a espaldas de Castro, que incluía el retiro de los misiles estadounidenses de Turquía-, Guevara le dijo a un diario comunista británico: "Si los misiles hubieran permanecido en Cuba, los hubiéramos usado, dirigiéndolos hacia el corazón mismo de los Estados Unidos, incluyendo Nueva York, para defendernos de la agresión". Y un par de años más tarde, en las Naciones Unidas, fue fiel a sus principios: "Como marxistas, hemos mantenido que la coexistencia pacífica entre naciones no incluye la coexistencia entre explotadores y explotados".
Guevara se distanció de la Unión Soviética en los últimos años de su vida. Lo hizo por razones erróneas, acusando a Moscú de ser demasiado blanda ideológica y diplomáticamente, por hacer demasiadas concesiones. En octubre de 1964, un memorando escrito por Oleg Daroussenkov, un funcionario soviético cercano al Che, cita estas palabras de Guevara: "Pedimos armas a los checos; nos rechazaron. Después se las pedimos a los chinos; dijeron que sí pocos días después, y ni siquiera nos cobraron, diciendo que no se le venden armas a un amigo". En realidad, Guevara estaba resentido por el hecho de que Moscú les pedía a los otros miembros del bloque comunista, incluyendo Cuba, algo a cambio de la colosal ayuda y el respaldo político que les prestaba.
Su ataque final contra Moscú se produjo en Argel, en febrero de 1965, en una conferencia internacional, donde acusó a los soviéticos de haber adoptado la "ley del valor", es decir, el capitalismo. Su ruptura con los soviéticos, en suma, no fue un grito de libertad. Fue un aullido al estilo de Enver Hoxha exigiendo la subordinación total de la realidad a una ciega ortodoxia ideológica.
El gran revolucionario tuvo una posibilidad de poner en práctica su visión económica -su idea de justicia social- como director del Banco Nacional de Cuba y del Departamento de Industria del Instituto Nacional de Reforma Agraria a fines de 1959, y desde principios de 1961, como ministro de Industria. El período en el que Guevara estuvo a cargo de casi toda la economía cubana fue testigo del colapso casi total de la producción azucarera, el fracaso de la industrialización y la introducción del racionamiento en el que había sido uno de los cuatro países latinoamericanos más exitosos en el terreno económico desde antes de la dictadura de Batista.
Su período al frente del Banco Nacional, durante el que imprimió billetes firmados "Che", ha sido resumido así por su segundo, Ernesto Betancourt: "Encontré en el Che una ignorancia absoluta de los principios más elementales de la economía". La capacidad de percepción de Guevara con respecto a la economía mundial fue célebremente expresada en 1961, durante una conferencia hemisférica en Uruguay, donde predijo un crecimiento del 10% en Cuba "sin ningún temor", y para 1980, un ingreso per cápita mayor que el de "Estados Unidos hoy". De hecho, para 1997, el trigésimo aniversario de su muerte, los cubanos vivían con una dieta de dos kilos de arroz y medio kilo de porotos por mes, 120 gramos de carne dos veces al año, 120 gramos de pasta de soja por semana y cuatro huevos por mes.
La reforma agraria les quitó la tierra a los ricos, pero se la dio a los burócratas, no a los campesinos. (El decreto fue redactado en la casa del Che.) En nombre de la diversificación, el área cultivada se redujo, y la mano de obra fue derivada a otras actividades. El resultado fue que entre 1961 y 1963, la cosecha se redujo a la mitad, apenas 3,8 millones de toneladas métricas. ¿Este sacrificio fue justificado por el progreso de la industrialización en Cuba? Desafortunadamente, Cuba no disponía de materias primas para la industria pesada y, como consecuencia de la redistribución revolucionaria, no tenía una moneda sólida para comprarlas? y tampoco tenía siquiera productos básicos.
Para 1961, Guevara tenía que dar incómodas explicaciones a los funcionarios del gobierno: "Nuestros camaradas técnicos de las empresas han fabricado una pasta dentífrica? que es tan buena como la anterior, limpia lo mismo, aunque al cabo de un tiempo se convierte en piedra".
Para 1963, se abandonaron todas las esperanzas de industrializar Cuba, y la revolución aceptó su rol de abastecedor colonial de azúcar del bloque soviético a cambio de petróleo para cubrir sus necesidades y revender a otros países. Durante las tres décadas siguientes, Cuba sobreviviría gracias a un subsidio soviético que oscilaba entre unos 65.000 y 100.000 millones de dólares.
Tras haber fracasado como héroe de la justicia social, ¿Guevara se merece un lugar en los libros de historia como genio de la guerra de guerrillas? Su mayor logro militar en la lucha contra Batista -la captura de la ciudad de Santa Clara después de haber emboscado un tren cargado de refuerzos- ha sido seriamente cuestionado. Numerosos testimonios indican que el comandante del tren se rindió de antemano, tal vez después de aceptar un soborno.
Inmediatamente después del triunfo de la revolución, Guevara organizó ejércitos guerrilleros en Nicaragua, la República Dominicana, Panamá y Haití, todos los cuales fueron aplastados. En 1964, envió a la muerte al revolucionario argentino Jorge Ricardo Masetti, convenciéndolo de que debía lanzar un ataque contra su país natal desde Bolivia, justo en el momento en que se había restaurado en la Argentina la democracia representativa.
Particularmente desastrosa fue la expedición al Congo en 1965. Guevara apoyó a dos rebeldes -Pierre Mulele en el Oeste y Laurent Kabila en el Este- en su lucha contra el perverso gobierno congoleño, apoyado por Estados Unidos, así como por mercenarios sudafricanos y exiliados cubanos. Guevara pasó la mayor parte de 1965 ayudando a los rebeldes en el Este, antes de abandonar el país ignominiosamente. Luego, muy pronto, Mobutu llegó al poder e instaló una tiranía que duró décadas.
DESASTRE EN BOLIVIA
En Bolivia, el Che fue derrotado nuevamente, y por última vez. Interpretó erróneamente la situación local. La reforma agraria se había realizado años atrás, el gobierno había respetado a muchas de las instituciones de las comunidades campesinas, y el ejército, a pesar de su nacionalismo, mantenía proximidad con los Estados Unidos. "Las masas campesinas no nos ayudan nada", fue la melancólica conclusión que Guevara consignó en su diario de Bolivia. Peor aún, Mario Monje, el líder comunista local, que no tenía estómago para la guerra de guerrillas después de haber sido humillado en las elecciones, condujo a Guevara a un lugar vulnerable en el sudeste del país. Las circunstancias de la captura del Che en el barranco Yuro fueron, como casi toda la expedición a Bolivia, cosas de amateur.
Guevara era sin duda audaz y valeroso, y rápido para organizar la vida sobre una base militar en los territorios bajo su control, pero no era el general Giap. Su libro "Guerra de guerrillas" enseña que las fuerzas populares pueden derrotar a cualquier ejército, que no es necesario esperar las condiciones adecuadas porque un foco insurreccional (o un pequeño grupo de revolucionarios) pueden crear esas condiciones, y que la lucha debe desarrollarse primordialmente en zonas rurales. Sin embargo, el ejército de Batista no era un ejército, sino una corrupta banda de matones sin motivación y con poca organización, y los focos guerrilleros, con la excepción de Nicaragua, terminaron con los foquistas reducidos a cenizas.
En las últimas décadas del siglo XIX, la Argentina tenía el segundo índice de crecimiento del mundo. En la década de 1890, el ingreso real de sus trabajadores era mayor que el de los trabajadores suizos, alemanes y franceses. En 1928, el país ocupaba el lugar número doce en el mundo por su PBI per cápita. Ese logro, que las generaciones siguientes arruinarían, se debía en gran medida a Juan Bautista Alberdi. Al igual que Guevara, a Alberdi le gustaba viajar: recorrió a pie las pampas y los desiertos del Norte a los 14 años, hasta llegar a Buenos Aires. Al igual que Guevara, Alberdi se opuso a un tirano, Juan Manuel de Rosas.
Al igual que Guevara, Alberdi tuvo la oportunidad de ejercer influencia sobre un líder revolucionario en el poder? Justo José de Urquiza, que derrocó a Rosas en 1852. Y, al igual que Guevara, Alberdi representó al nuevo gobierno viajando por el mundo, y murió en el extranjero. Pero a diferencia del antiguo y nuevo mimado de la izquierda, Alberdi jamás mató una mosca. Su libro "Bases y puntos de partida para la organización de la República Argentina" fue el cimiento de la Constitución de 1853, que limitó el gobierno, abrió el comercio, estimuló la inmigración y garantizó el derecho de propiedad, inaugurando así un período de 70 años de asombrosa prosperidad. No se entrometió en los asuntos de otras naciones, oponiéndose a la guerra contra Paraguay. Su imagen no adorna el abdomen de Mike Tyson.
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jeidi
ya está leído de arriba a abajo...
como en todo... PUNTOS DE VISTA..
yo soy una ignorante, y cualquier oinión que tenga, probablemente no esté argumentada y carezca de fundamento... por lo que... leo, me cayo y te agradezco haber puesto este pedazo de artículo, que me ha tenido entretenida un buen rato...
como en todo... PUNTOS DE VISTA..
yo soy una ignorante, y cualquier oinión que tenga, probablemente no esté argumentada y carezca de fundamento... por lo que... leo, me cayo y te agradezco haber puesto este pedazo de artículo, que me ha tenido entretenida un buen rato...
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aitormena
- fitipaldi .com #1

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Esto de los iconos es como todo. Seguro que Ernesto Guevara si lenvantase la cabeza rechazararia de forma tajante el consumismo en el que se ve envuelto esa foto que le sacaron un buen dia, y ahora es el simbolo de la libertad del ser humano y de la lucha contra el poder.
Y digo que es como todo, porque hay miles de iconos, de fotos y de personajes historicos que cada uno los utiliza como le viene en gana. Hoy muchos hacen dinero a costa de personas o momentos, que en su dia nadie daba un duro por ellos.
Y digo que es como todo, porque hay miles de iconos, de fotos y de personajes historicos que cada uno los utiliza como le viene en gana. Hoy muchos hacen dinero a costa de personas o momentos, que en su dia nadie daba un duro por ellos.



bueno... ya lo he terminado, asi he estado un rato entretenida y por supuesto, muchas gracias por ponerlo, parece un tema muy interesante, pero como no se mucho... me voy a ahorrar los comentarios.
Solo k cuando lo empece a leer me acorde de una cancion de Azero, k tb da una vision del tema... asi k aki os la dejo:
Si levantara la cabeza
Hay un nuevo negocio
donde el rico se enriquece más
pero lo peor de todo es que somos nosotros
quien lo hacemos tirar
Camisetas, llaveros,
gorras y hasta papel de fumar
con la cara de un hombre que precisamente dio su vida por salvar
a su gente, a su pueblo,
de toda esta suciedad
de estos sucios negocios peseteros
y capitalistas como el que más.
Si levantara la cabeza
posiblemente se echaría a llorar
si levantara la cabeza
posiblemente volvería a empuñar
si levantara la cabeza su fusil volvería a luchar...
Solo k cuando lo empece a leer me acorde de una cancion de Azero, k tb da una vision del tema... asi k aki os la dejo:
Si levantara la cabeza
Hay un nuevo negocio
donde el rico se enriquece más
pero lo peor de todo es que somos nosotros
quien lo hacemos tirar
Camisetas, llaveros,
gorras y hasta papel de fumar
con la cara de un hombre que precisamente dio su vida por salvar
a su gente, a su pueblo,
de toda esta suciedad
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Si levantara la cabeza
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http://spaces.msn.com/members/tunguskaspain
"Mira, hoy pondremos unos anzuelos, a ver si pica la felicidad." Manilo Kondomanolio Mandolakas
"Libertad, me veo obligado a perseguirte." Pepe Grillo
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"Libertad, me veo obligado a perseguirte." Pepe Grillo
...
No he leido todo el texto, sólo por encima.
Pero de las cosas que he leido, me parece que hay un punto en común, y es que son frases y hechos descontextualizados (la mayoría). Y claro, no estamos en aquella época, ni en Sudamérica.
A mí me gusta la figura de El Ché, pero no hay que olvidar que detrás de una figura (lo que te venden) está la persona, y no hay personas sin defectos. ¿Muchos?, ¿demasiados para ser un icono?, pues quizás sí, pero a lo mejor es cuestión de gustos, o cuestión de pillar una época u otra de la vida de Guevara.
Para mí el camino hasta llegar a Cuba es fascinante. Por hechos y por ideales. Una vez allí... siempre he dicho que según lo veo yo, la revolución en Cuba no llegó a cuajar.
Sobre camisetas, llaveros, pegatinas... el sistema se lo come todo, absolutamente todo. No veo muy claro el problema de comprar una camiseta en un puesto de mercadillo por 900 pesetas (pongo mi caso por ejemplo).
Procuraré volver (sí, es una amenaza, xD).
Un saludo PEÑA...
Pero de las cosas que he leido, me parece que hay un punto en común, y es que son frases y hechos descontextualizados (la mayoría). Y claro, no estamos en aquella época, ni en Sudamérica.
A mí me gusta la figura de El Ché, pero no hay que olvidar que detrás de una figura (lo que te venden) está la persona, y no hay personas sin defectos. ¿Muchos?, ¿demasiados para ser un icono?, pues quizás sí, pero a lo mejor es cuestión de gustos, o cuestión de pillar una época u otra de la vida de Guevara.
Para mí el camino hasta llegar a Cuba es fascinante. Por hechos y por ideales. Una vez allí... siempre he dicho que según lo veo yo, la revolución en Cuba no llegó a cuajar.
Sobre camisetas, llaveros, pegatinas... el sistema se lo come todo, absolutamente todo. No veo muy claro el problema de comprar una camiseta en un puesto de mercadillo por 900 pesetas (pongo mi caso por ejemplo).
Procuraré volver (sí, es una amenaza, xD).
Un saludo PEÑA...
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Mr. Thoreau
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Me ha llamado mucho la atención lo que comenta Furk sobre los hechos descontextualizados. Lei este artículo el otro día (me has robao el post!!!!) y fue lo que mas me chocó, y peor aun, el autor basa muchas de sus conclusiones en esa "forma suya" de contar los hechos.
Me parece un artículo poco objetivo, pero bueno, está interesante.
Me parece un artículo poco objetivo, pero bueno, está interesante.
...
Aquí dejo la respuesta a este texto, escribe Néstor Kohan en Rebelión (el enlace es éste).
Un hijo de un conocido escritor peruano, es decir, un portador de apellido, Álvaro Vargas Llosa (en adelante Júnior) acaba de publicar en el periódico norteamericano The New Republic un libelo contra el Che Guevara (1). Circuló por todo el mundo. En Argentina lo levantó el diario La Nación, la derecha de la derecha más tradicional. En España lo mismo hizo el suplemento "Domingo" de El País (cara progresista de la derecha o derecha del progresismo, ya cuesta distinguirlos). En Internet numerosos sitios, principalmente de derecha, lo han reproducido y difundido.
Portando como muleta el apellido de su padre, el autor se hizo conocido por un pasquín digno de infradotados titulado, cual si fuera literatura autobiográfica, Manual del perfecto idiota latinoamericano. Superficial, desinformado, pretendidamente “provocador”, muy a tono con las —¿ideas?— de los grandes banqueros y promocionado mediáticamente hasta el hartazgo. En suma: Un típico producto de la ideología neoliberal.
El artículo sobre el Che repite el esquema como un calco sólo que, afortunadamente para el lector, en un tamaño menor. A pesar de su cinismo, el autor conserva algo de piedad, debemos reconocerlo.
¿Vale la pena responder estos pasquines, donde se mezclan tergiversaciones históricas, manipulación política, axiomas comunes de la extrema derecha y filosofía de sala de espera de peluquería o de dentista? Tengo mis serias dudas. Algunos amigos, a los que respeto y aprecio, me siguen insistiendo... pero yo conservo mis dudas.
¿Por qué atacan de nuevo al Che?
Primera pregunta que me surge. ¿Por qué de nuevo contra el Che? Primera respuesta. Les sigue molestando, sino, no se tomarían el trabajo. Los sigue incomodando. Cuando la mediocridad ha entrado en crisis junto con la ideología neoliberal que la promovió en los años ‘90, el ejemplo del Che se extiende cada vez más. ¡Qué ilusos si pretenden conjurarlo con un par de insultos y tres o cuatros manipulaciones históricas!
Uno de los supuestos motivos que impulsan a Júnior a encabezar su cruzada contra el Che se origina en la película Diarios de motocicleta (dirigida por Walter Salles y producida por Robert Redford), pero su rabieta tiene un alcance mayor (2). Con sabor amargo en la boca, reconoce que: “Las manifestaciones del nuevo culto al Che están en todos lados”. Como eso lo incomoda, a continuación, derrochando elitismo, agrega: “Una vez más, el mito provoca el entusiasmo de gente cuyas causas, en su mayoría, representan exactamente lo opuesto a lo que era Guevara” para terminar rematando, como novio despechado, que: “cuán engañados están tantos de nuestros contemporáneos con respecto a tantas cosas”. Hasta aquí, Júnior no aporta ninguna novedad a las quejas seniles de esos “demócratas” que el pueblo, dándoles la espalda, no reconoce como tales.
Entonces Júnior agrega un balance global, con indisimulable desprecio por los millones de jóvenes que hoy quieren y admiran al Che en todo el planeta: “Es habitual entre los seguidores de una secta no conocer la historia real de la vida de su héroe, la verdad histórica”. ¿La verdad histórica? Pero si de eso se trata, precisamente. Si hay algo que Júnior no conoce es la vida histórica real y el pensamiento real del Che.
La rebeldía hecha imagen
Pasando de las quejas seniles, formuladas en abstracto, a las supuestas impugnaciones particulares, Júnior arremete de entrada contra la proliferación de la imagen del Che. Haciendo gala de un pensamiento dicotómico, esquemático, más propenso al golpe de efecto que a un razonamiento meditado sobre el pulso de las contradicciones actuales (nada nuevo por cierto, dada la aridez intelectual que nos ofrece la derecha contemporánea si la comparamos con pensadores clásicos, que han sido críticos del marxismo pero al menos con altura y erudición), Júnior señala que el Che se ha difundido en millones de imágenes. Muchas veces esas imágenes no escapan al lucro mercantil. Júnior se topa con una contradicción y se detiene frente a ella. No avanza ni penetra. Se paraliza. Se limita, dejando caer su mentón y abriendo la boca con sorpresa, a señalarla con el dedo. Cree haber descubierto algo nuevo. En realidad se tropieza con algo ya conocido y analizado en numerosos lugares.
Y sí, es contradictorio lo de la imagen del Che. Es cierto que el mercado quiere no sólo ganar dinero con su rostro sino también frivolizarlo, neutralizarlo, domesticarlo, fagocitarlo y convertirlo en objeto de consumo pasivo. Es innegable. Pero también es cierto —una mente corta y repleta de resentimiento como la de Júnior no alcanza a comprenderlo— que millones de jóvenes en todo el mundo se encuentran a la búsqueda de ideales y de símbolos que representen una nueva forma de vida. Un alternativa distinta y hasta opuesta a la rutina cotidiana, mediocre y sin proyectos, que el capitalismo neoliberal ha logrado —por ahora— instalar en casi todo el globo.
En esa búsqueda de “otro mundo posible” no es casual que millones de jóvenes se encuentren con el Che Guevara. No es aleatorio que, en forma entusiasta, lo adopten como propio. Quizás sin conocer sus reflexiones sobre El Capital de Karl Marx o sus lecturas de Hegel y de los Manuscritos económico filosóficos de 1844 (En eso no cometen, en todo caso, ningún “pecado”... ya que evidentemente Júnior, a pesar de su fama, tampoco ha estudiado estos textos...). Pero esos millones de jóvenes, aun careciendo de toda la información necesaria sobre la vida real del Che, sobre su internacionalismo militante en varios continentes, sobre su marxismo revolucionario en varios procesos sociales, se encuentran con el ejemplo de vida del Che y lo asumen como un camino posible a seguir.
Partimos entonces de la misma constatación de Júnior. El Che se difunde a través de su imagen. Y a partir de allí preguntamos: ¿por qué los y las jóvenes de todo el orbe no utilizan una remera-camiseta con la cara de Bush o de sus miserables torturadores en Irak y Guantánamo? ¿Por qué los y las jóvenes de todo el mundo no utilizan remeras y camisetas con la imagen de Ratzinger o de los que dirigen el FMI y el Banco Mundial?¿Por qué será? Esas preguntas no se las hace Júnior, quien se limita a constatar una verdad evidente y a quejarse sobre ella.
Creemos que el Che se ha convertido en un modelo atractivo y seductor para la juventud que está harta del neoliberalismo pues porque expresa precisamente algo que ni Júnior, ni Milton Friedman, ni von Hayek, ni Karl Popper ni George W. Bush ni ninguno de estos personajes mediocres ha logrado representar: OTRA FORMA DE VIVIR. Aunque es obvio que el mercado hace dinero con su rostro, también es cierto que esos millones de jóvenes no apelan a remeras y camisetas con un signo del dólar o una imagen del euro. Eso le duele a Júnior, pero más le duele a sus patrones, a los que pagan sus ensayitos y artículos.
El Che y “los jóvenes argentinos”
No sé donde vive Júnior (dicen por allí que, aunque nacido en Perú, fue educado en Londres). Tampoco me interesa. Pero evidentemente no vive en Argentina, el país donde nació el Che. Por eso en su libelo hace una fácil y superficial referencia cuando dice que “los jóvenes argentinos que han creado una expresión que rima perfectamente en castellano: «Tengo una remera del Che y no sé por qué»".
No sé de qué galera mágica extrajo Júnior semejante conejo. Pero sí sé que en la rebelión popular argentina del 19 y 20 de diciembre de 2001, donde miles y miles de jóvenes rebeldes salieron a la calle y le pusieron el pecho a las balas de la policía asesina (que liquidó en un par de días más de 30 personas), muchos de ellos y ellas se aferraban a la imagen de Guevara. En medio de las manifestaciones, de las barricadas, de las piedras, del fuego y de toda la bronca popular, flameaban muchas banderas con la imagen del Che.
Júnior enumera muchos ejemplos puntuales donde Guevara asoma su cabeza en el mundo contemporáneo (algunos interesantes, otros completamente intrascendentes y hasta quizás inexistentes como aquel donde dice que un supuesto “oficial de la policía mexicana que combate el narcotráfico” utiliza una muñequera del Che...). Pero aunque hace de pasada referencia a “los jóvenes argentinos”, no menciona la rebelión popular del 2001. Si no fuera tan soberbio y petulante, Júnior podría preguntarse: ¿por qué en medio de semejante rebelión aparecía el Che Guevara en su país natal del lado de las barricadas? ¿Era ese Guevara un producto comercial y un objeto mercantil —como se desprende del panfleto de Júnior — o por el contrario sintetizaba un abanico muy grande de rebeldías que intentaron vanamente ser aplastadas con balas de plomo, varios asesinatos, gases lacrimógenos y carros de asalto?
En lugar de disparar frases efectistas carentes de fundamentos históricos, Júnior podría al menos invertir tan sólo una tarde viendo, para informarse, algún documental de esas jornadas. Hay muchos y allí intervienen estos mismos “jóvenes argentinos” a los que él hace equívoca referencia. ¡Una tarde, Júnior, una sola no es mucho pedir!
La Cuba previa a 1959
Si Júnior patina en la desinformación cuando hace referencia a “los jóvenes” de Argentina, la cuna inicial de Guevara, no menos sucede cuando habla de Cuba, la tierra donde el Che dio lo mejor de sus energías revolucionarias maduras. Resulta grosera, por no decir, escandalosa, la descripción que hace Júnior de la Cuba pre-revolucionaria, la del prostíbulo y la mafia, la del analfabetismo y la monoproducción. Aquel país donde sobraban casinos pero faltaban médicos y maestros. Sin vergüenza ni decoro, la describe sencillamente como “uno de los cuatro países de mayor éxito económico de Latinoamérica desde antes de la dictadura de Batista”. Hasta los gusanillos más encumbrados de Miami reconocen el cambio cualitativo que significó en términos de educación y salud la revolución cubana, de la misma manera que hasta la burguesía más rancia y escuálida de Venezuela no desconoce los notables cambios que el proceso bolivariano y sus misiones han introducido en la vida de las barriadas humildes de Venezuela. Pero Júnior es más papista que el papa... para lograr eco en la “prensa seria”, tiene que lucir como el gusano más radical de los gusanos. Sino, no cobraría su cuota y nadie le abriría sus páginas.
¿No podría haber invertido aunque sea una sola tarde, nada más que una segunda tarde, leyendo los índices económicos y sociales, en salud y educación, antes de 1959 y luego de esa fecha de las instituciones internacionales tradicionalmente reconocidas? ¿Era mucho pedir apelar a las tablas y estadísticas de la UNESCO, de la CEPAL, de la OMS? Sí, parece que era mucho pedir. No hacía falta. ¿A quién le importa la verdad si lo que está en juego —en palabras de Chomsky— es la manufactura industrial del consenso?
¿Un Robespierre tropical?
Después regalarnos una brillante teoría semiológica sobre la imagen del Che, de afirmar falsedades sobre la juventud argentina y de demostrar una ignorancia olímpica sobre los datos socioeconómicas de América Latina, Júnior nos proporciona una aguda reflexión “filosófica” sobre una conocida frase del Che acerca del odio.
Teniendo en mente los horrores de EEUU en Vietnam, el NAPALM y los soldados estadounidenses que arrojaban guerrilleros del Viet Cong vivos desde los helicópteros —método que luego utilizaron sus alumnos argentinos en el Río de la Plata—; los métodos salvajes de Francia en Argelia (con centenares de miles de torturados y mujeres violadas) y el modus operandi de los paracaidistas de Bélgica en el Congo, Ernesto Guevara escribe esta frase: “un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal”. Intentando sintetizar sus reflexiones Júnior caracteriza esta frase como una “idea homicida de justicia”.
En este rubro Júnior no inventa nada. Repite y recicla calumnias viejas, con la única ventaja de ser portador de apellido prestigioso y escribir en inglés, la lengua franca (como la llamó Fredric Jameson) del dinero y los monopolios de la (in)comunicación. Únicamente por eso su libelo tiene más suerte y difusión que sus predecesores sudamericanos que publican en español.
Mucho antes que Júnior se lanzara a filosofar sobre el Che Guevara y el odio, en Argentina otros dos eximios pensadores habían aportado elucubraciones de idéntico tenor.
Primero fue José Pablo Feinmann, filósofo mediático supuestamente “progresista”, quien en el artículo “El Che y las Torres Gemelas” [Página 12, Buenos Aires, 8 de octubre de 2002] le llegó a atribuir a Guevara un “fundamentalismo terrorista”, comparándolo sin ningún escrúpulo ni reparo, con Osama Bin Laden. [Véase mi respuesta a Feinmann, que el periódico argentino Pagina 12 se negó a publicar, titulada “El humanismo del Che Guevara” –24/10/2002- en la Cátedra Che Guevara de REBELIÓN: http://www.rebelion.org/argentina/kohan241002.htm].
Antes de ese artículo que adelanta casi textualmente los argumentos de Júnior, el mismo Feinmann había caracterizado al Che como un “implacable jacobino”, “un extremista”, “un Superman con kryptonita en los pulmones”, “un Jesucristo superstar” y hasta “un Principito de la izquierda”, en su lamentable libro de ensayo titulado La sangre derramada [Buenos Aires, editorial Ariel-Planeta, 1998]. En aquel libro, Feinmann remataba su visión “progresista” del Che —que también se expresó en una promocionada obra de teatro— preguntándose, sin rubor en el rostro: “¿Quién puede no pensar que Ernesto Guevara es uno de los grandes responsables [sic] de las masacres de nuestro continente?”.
Al igual que Feinmann, Mario Pacho O’Donnell, otro pensador descollante de estas latitudes (ex ministro de cultura del presidente neoliberal Carlos Saíul Menem) también se le adelantó con los argumentos al promocionado Júnior. En una biografía mercantil, tramposamente titulada Che, la vida por un mundo mejor [Buenos Aires, editorial Sudamericana, 2003] que vendió en supermercados y otros locales de alta cultura decenas de miles de ejemplares, O’Donnell se queja de la influencia de Guevara sobre la izquierda marxista continental, a la que habría conducido “hacia la violencia terrorista”. Allí, apelando a una caricatura del psicoanálisis O’Donnell intenta profundizar en el armado de un Che Guevara salvaje, frío ejecutor, déspota, hombre de acero, fusilador sanguinario y cruzado del medioevo. En suma… un ángel exterminador. A su vez, Feinmann y O’Donnell se apoyan en el ex funcionario estatal mexicano Jorge Castañeda...
Es decir que Júnior se hace eco de toda una cadena previa, donde cada nuevo ensayista o biógrafo que llega, sube la apuesta a ver quien dibuja un Guevara más asesino y perverso. Quienes le pagaron a Júnior por su libelo deberían descontarle un porcentaje porque muchos de sus “argumentos” son prestados de otros autores. Como esta gente tiene el corazón en los números y en los billetes no vendría nada mal que hicieran ese cálculo para que el ensayista no les facture un precio por encima de su valor real.
Y entonces Júnior vuelve a hacer malabarismos con las cifras de los fusilamientos revolucionarios. A medida que pasa el tiempo, los panfletistas a sueldo contra el Che van aumentando las cifras de fusilados... ¿será esa la famosa inflación? Cosa rara en un neoliberal que seguro debe predicar una moneda fuerte y salarios bajos para controlarla... ¿O cada artículo se paga más a medida que aumenta el número de supuestos fusilados por la Revolución Cubana y el Che Guevara?
A la hora de contabilizar los “asesinatos” del Che Guevara... Júnior utiliza como fuente documental, para que nadie dude de su “objetividad” e “imparcialidad” como ensayista, los informes de la embajada estadounidense en Cuba y los del Departamento de Estado norteamericano. Ni siquiera tiene el tino y la mínima cordura de dejar de lado los testimonios de la CIA. ¡No! Júnior hasta apela al testimonio personal de Félix Rodríguez, reconocido asesino profesional de la CIA —que en varios documentales se ha vanagloriado de sus “hazañas” a sueldo de EEUU como el asesinato del Che en Bolivia y sus operaciones de “limpieza” de rebeldes en la selva de El Salvador—.
A Júnior no le falta nada.
Pero, con una mano en el corazón, nos preguntamos: ¿no hay algún amigo cercano de este autor que al menos le aconseje no ser tan bruto en sus escritos? ¿Tenía necesidad de mencionar a la CIA —una institución absolutamente neutral y objetiva, por cierto— como fuente documental? ¿No hay nadie que se acerque al oído de nuestro ensayista y le susurre la necesidad de ser un poquito más sutil? Si no fuera patético y grotesco, daría sencillamente risa.
No obstante, más allá de la grosera y torpe manipulación de la que hace gala Júnior, nos interrogamos: ¿No es justo fusilar a un tirano? ¿Está mal haber fusilado a Benito Mussolini, por ejemplo? Al militante partisano que lo fusiló luego, la “gran democracia italiana” lo consagró como diputado. ¿Estuvo mal? ¿Estuvo mal el ajusticiamiento de Somoza? ¿Cuántos horrores se le hubieran evitado a esta humanidad si hubieran sido efectivos los intentos frustrados de ajusticiar a Adolfo Hitler? ¿No es justo fusilar a los torturadores, a los que violan prisioneras y prisioneros indefensos? Repito: ¿No es justo?
¿La democracia argentina no gozaría de mejor salud, por ejemplo, si en lugar de garantizar la impunidad de los militares vernáculos —sobre los cuales Júnior, defensor de “la libertad individual”, no emite palabra alguna— se hubiera fusilado al general Videla y al almirante Massera, quienes no mataron a 50, 100 o 179 personas... sino a 30.000? Independientemente de esta fantochada impresentable y a sueldo que Júnior nos entrega en bandeja, esa pregunta nos ronda la cabeza desde hace muchos años.
Júnior, como muchos de los hipócritas que defienden las invasiones norteamericanas de nuestros días y se hacen los tontos frente a las evidentes muestras de torturas sistemáticas llevadas a cabo por los “defensores de la libertad” en Abu Ghraib, se horroriza frente al fusilamiento que la Revolución Cubana hizo en el momento del triunfo de algunos pocos torturadores, violadores uniformados y represores institucionales... pero no le molesta en lo más mínimo los miles de niños palestinos o irakíes masacrados a diario e impunemente. Tampoco dice una palabra de los miles y miles de desaparecidos en Guatemala, Perú, Chile o Argentina. Para ellos, los escribas de la derecha, los muertos del pueblo siempre son datos intrascendentes. No cuentan para su curioso y selectivo “humanismo pacifista”. Los “derechos individuales” que Júnior y quienes le pagan dicen esgrimir se apoyan en un criterio demasiado unilateral y sesgado.
¡¡HI-PO-CRE-CÍA pura!!, digámoslo con todas las letras. HIPOCRESÍA. Exactamente la misma hipocresía de Woytila (y de su ideólogo de cabecera, hoy nombrado papa, Ratzinger) cuando predicaban la paz... para los guerrilleros salvadoreños y otros rebeldes similares de este continente mientras al mismo tiempo bendecían al general Videla y a otros genocidas latinoamericanos.
El Che Guevara y la izquierda tradicional
Otra de las tantas tergiversaciones que Júnior difunde impunemente tiene que ver con las relaciones de los principales dirigentes de la Revolución Cubana y el comunismo tradicional. Júnior afirma: “Durante la lucha armada en Cuba, [Guevara] forjó una fuerte alianza con el Partido Socialista Popular (el partido comunista de la isla) y con Carlos Rafael Rodríguez, un elemento clave de la conversión al comunismo del régimen de Castro. Esta tendencia al fanatismo convirtió al Che en un eje vital de la «sovietización» de esa revolución que tantas veces se había jactado de su carácter independiente”.
Mucho se ha escrito y se seguirá escribiendo sobre este tema. Pero lo que ningún historiador serio ni ningún ensayista riguroso hoy discute es que el Partido Socialista Popular se sumó a la lucha armada tan sólo tardíamente. Carlos Rafael Rodríguez se entrevistó en la Sierra Maestra, durante la lucha armada, con Fidel Castro —el máximo líder de los rebeldes—, no con el Che Guevara. Y en todo caso, luego del triunfo, a la hora de decidir el rumbo estratégico de la revolución entre el Che y Carlos Rafael no hubo una alianza sino, por el contrario, una conocida discusión polémica. Entre compañeros, es cierto. Ambos eran partidarios del liderazgo de Fidel y ambos optaban por el socialismo, pero al mismo tiempo polemizaban. Obviamente Júnior, orgulloso de su ignorancia y soberbio en su desconocimiento, ni siquiera se ha tomado el trabajo de estudiar esos debates encendidos y esas discusiones acaloradas. Tan sólo con una tarde le hubiera bastado para husmear en el índice de la polémica. ¡Una tarde, una tercera tarde, Júnior!. Pero bueno. ¿a quién le interesa profundizar si de lo que se trata es de repartir infundios y tratar de ensuciar todo lo posible y a cómo dé lugar?
Guevara y la economía política
Sócrates decía: “Sólo sé que no sé nada”, como preámbulo para luego comenzar a aprender. En cambio, quien está seguro en su falta de conocimientos, no sólo no aprende sino que se desbarranca por la pendiente. Aprieta el acelerador barranca abajo. Por eso Júnior se engolosina a la hora de denostar al Che y se despacha afirmando, apoyándose en Ernesto Betancourt, que “ [Guevara] Ignoraba los principios económicos más elementales".
Si al menos hubiera invertido tan sólo una tarde, una cuarta tarde, podría haber entrevistado —dinero no le debe faltar para comprarse un grabador, ya que ha recogido el testimonio, según nos relata, de agentes de la CIA— a algunos integrantes de los seminarios de lectura de El Capital que compartieron junto con el Che el estudio de la economía política. Uno de ellos es Orlando Borrego, quien ha escrito sobre el tema un libro entero [Véase Orlando Borrego: El camino del fuego (Buenos Aires, Edit. Hombre Nuevo, 2002). Véase también la entrevista que le hice a Borrego, titulada “Che Guevara lector de El Capital”, en http://www.rebelion.org/argentina/030702kohan.htm e incorporada en nuestro Che Guevara: El Sujeto y el poder (Buenos Aires, Nuestra América, 2005)].
Guevara invirtió varios años de estudio de El Capital en un seminario en el cual se reunía semanalmente. Pero, además de polemizar con el célebre economista de La Sorbona Charles Bettelheim, leyó y estudió a Paul Sweezy, a Paul Baran, a Oscar Lange, a Ernest Mandel, a Eugenio Preobrazhensky, a Nicolás Bujarin, a Kalecki y Bobrowski, entre muchos otros economistas. Seguramente esta tradición de pensamiento no sea del gusto de un neoliberal como Júnior, pero eso no equivale a decir que el Che no sabía de economía política...
La Unión Soviética, el Che y la alegre ignorancia
Ya que Júnior le atribuye alegremente al Che la responsabilidad por la “sovietización” de Cuba —vaya uno a saber qué entiende un neoliberal por “sovietización”...— bien podría haber invertido una tarde, tan sólo una quinta tarde, en leer aunque sea por arriba los escritos del Che donde cuestiona explícita y expresamente los métodos soviéticos de construcción del socialismo. El Che hizo públicas sus cuestionamientos en algunos discursos famosos, pero en sus notas críticas al Manual de economía política de la Academia de Ciencias de la Unión Soviética Guevara se explayó largamente —no sólo en el terreno económico, sino también en el político— sobre sus divergencias con el “modelo” soviético. Intentó fundamentar las respuestas desde un punto de vista analítico y teórico. Que Júnior no quiera tomarse el trabajo de investigar esos materiales no lo exime ni lo legitima para atribuirle a una cuestión pasional o coyuntural sus reconocidas distancias frente a la URSS. Si Júnior se hubiera tomado aunque sea una tarde (¡sólo una quinta tarde!, querido Júnior...), desde cualquier computadora podría haber husmeado por internet y allí habría encontrado, por ejemplo en el sitio de la cátedra Che Guevara de REBELIÓN (http://www.rebelion.org/argentina/notas190902.pdf) materiales en los cuales Guevara somete a crítica implacable a la URSS y al mundo cultural que la acompañó. No desde la derecha sino desde la izquierda, no desde la mugre de las bolsas de valores y las grandes firmas capitalistas, sino desde el punto de vista de los pueblos rebeldes y de aquellos que entregan su vida luchando por la revolución mundial. Si quisiera, podría haber consultado las notas críticas del Che a las concepciones económicas de la URSS y sus antiguos socios de los países del Este.
Vinculado precisamente con este cuestionamiento de Guevara a la URSS, resulta incomprensible la sorpresa de Júnior frente al tremendo atractivo del que goza el Che en el mundo contemporáneo luego de lo que nuestro articulista denomina el “colapso político e ideológico de todo lo que Guevara representaba”. Por más superficial, ignorante o bruto que uno sea, esa tesis que asimila al Che al mundo que colapsó con el derrumbe del muro de Berlín no se puede sostener en lo más mínimo.
Si se iba a dedicar a escribir un libelo contra Guevara, lo mínimo que podría haber hecho Júnior es informarse.
La derecha siempre es impiadosa y despiadada... ya lo sabemos. Estamos acostumbrados. Pero al menos podría ser ilustrada, ¿no? Como mínimo podría informarse. ¿Siempre tendremos que lidiar con ignorantes? (Todavía nos acordamos de la ignorancia mayúscula de Francis Fukuyama y su triste artículo sobre “el fin de la historia” en el cual se confundía los libros de Hegel que citaba...). ¿Para cuándo una derecha lúcida e informada?
Cualquier lector de filas, mínimamente informado, sabe que el Che no era apreciado en ese mundo que colapsó en 1989... A la hora de emitir juicios superficiales sin el menor respaldo documental o científico no hace falta “perder tiempo” aportando pruebas o estudiando aquello que se va a criticar. Júnior sabe de antemano que su libelo será igualmente difundido a troche y moche por ese inmenso aparato de desinformación masivo y censura sistemática que hoy defiende al capitalismo. ¿Para qué tomarse entonces el trabajo de invertir una sola tarde de lectura?
Júnior y su poco creíble elogio de la disidencia
Tratando de presentar al Che como un totalitario, Júnior escribe: “«Contrarrevolucionario» es el término que se aplicaba a cualquiera que se desviara del dogma. Era el sinónimo comunista de «hereje»”... Interesante observación sobre la disidencia. Al oponerse a quienes estaban en contra de la Revolución Cubana (en contra, incluso con medios armados), el Che se convierte automáticamente en un partidario del totalitarismo. No permite la disidencia radical.
¿Qué opinaría Júnior del monopolio violento que los grandes aparatos de propaganda de EEUU ejercen sobre la opinión pública norteamericana? ¿Habrá invertido aunque sea una tarde —una sexta tarde— en leer las denuncias de Noam Chomsky? ¿Habrá en EEUU, país admirado por Júnior y sus amigos, mucho margen para la disidencia radical? Hoy en día los poderosos del planeta no utilizan los términos “Contrarrevolucionario” ni “hereje”. No... peor aún. Los denominan lisa y llanamente “terrorista”. Cualquiera que disienta con el poder mundial del capital se convierte en un “terrorista”. No hace falta llevar un fusil en el hombro ni andar a los saltos por alguna selva del mundo para ser considerado como tal. Un maestro, un sindicalista e incluso un tímido sacerdote que cuestione dentro de Estados Unidos el poder omnímodo de la plutocracia empresarial que dirige los destinos de la primera potencia del planeta se convierte, automáticamente, en un sospechoso de “terrorismo”. Jamás los medios de comunicación publicarán sus opiniones.
Se le impondrá, en el mejor de los casos, un silencio a la fuerza y, por supuesto, se le vigilará hasta en los detalles más íntimos de su vida cotidiana (por ejemplo qué libros retira de la biblioteca... o qué correos electrónicos envía a sus amigos).
¿Invierte aunque sea media línea Júnior en denunciar semejante totalitarismo que haría sonrojar a Mc Carty y palidecer las antiutopías más sombrías de Ray Bradbury, George Orwell o Aldoux Huxley? La pregunta es, obviamente, retórica. Se contesta por sí misma. Los patrones no pagan por escribir sobre esos temas.
Además ningún medio “serio” —es decir, domesticado por el poder y financiado por el gran empresariado— lo publicaría. Si no estuviera cegado por el odio a los revolucionarios y el amor a los billetes, Júnior podría invertir aunque sea una sola tarde (una séptima tarde) en husmear en la polémica pública donde el Che participó en la “totalitaria” Cuba. En dicho debate, el Che le publicó en sus propias revistas (por ejemplo en Nuestra Industria económica) a sus adversarios ideológicos que lo criticaban con nombre y apellido, tanto a los de origen cubano como a los extranjeros. Curioso déspota este Guevara que publica a quienes lo critican y debate públicamente y por escrito con quienes no piensan como él. ¡Una tarde, Júnior, una séptima tarde! Es todo lo que le pido.
¿Libertad = propiedad privada?
La que sí resulta hilarante es la identidad que plantea Júnior entre libre albedrío y propiedad privada. El Che habría atacado ambas al mismo tiempo, ya que son lo mismo. Si promovió la expropiación... vulneró la libertad. Un lugar común de la ideología liberal. Pero hoy en día los liberales ilustrados, los que han leído un poquito, los que “han perdido” un par de tardes en las bibliotecas para poder hablar con mayor sutileza, presentan ese mismo argumento de manera más fina. No es el caso de Júnior, que arremete contra el Che porque... Guevara no respetaba la propiedad privada. No vale la pena peder tiempo en contestar este lugar común, que cualquier persona analfabeta —de esas muchas que lamentablemente nos deja el capitalismo— podría expresar mejor que nuestro articulista.
Hablemos de campos de concentración
Júnior trata de homologar a Cuba con la URSS stalinizada y para ello trae a colación de manera injustificada el temible nombre de Laurenti Beria. Sin embargo se “olvida” que la Revolución Cubana goza de un consenso que Stalin se ocupó de hacer trizas en su época no sólo con sus campos de concentración sino también con su aniquilamiento de la mayor parte de los revolucionarios que hicieron la revolución de 1917. Falsa analogía, entonces. Forzada, caricaturesca. Basta leer los informes desclasificados de la CIA sobre la Cuba de los ’60 (aquella donde vivió el Che) para apreciar la distancia abismal entre ambas sociedades. Muchas veces hasta los agentes “técnicos” de la CIA se animan a reconocer en sus informes y descripciones aquello que los políticos norteamericanos no pueden reconocer en público: el enorme consenso popular de Fidel, el Che y su revolución. Por supuesto que lo hacen destilando veneno, pero aún así, tienen que reconocerlo.
Si Júnior está tan interesado en reflexionar sobre los campos de concentración como dejaría traslucir su libelo, bien podríamos conversar sobre los campos de concentración que en Argentina permitieron aplastar toda disidencia radical aniquilando a 30.000 personas, incluyendo dentro de esa cifra a miles de jóvenes seguidores y seguidoras de las ideas del Che.
Pero si usted me responde, estimado Júnior, que “eso quedó en el pasado” y “a lo pasado, pisado” –como suelen decir los que legitiman al poder—, entonces podríamos intercambiar opiniones sobre los campos de concentración y tortura que HOY existen en territorio cubano. No en la Cuba de Fidel y el Che sino en la parte de Cuba ocupada ilegalmente por sus amigos, querido Júnior. Las fotos han recorrido el mundo... Ya nadie lo discute. Si usted invirtiera tan sólo una tarde, una octava tarde, podría consultar los testimonios gráficos irrefutables de ese inmenso e ignominioso crimen contra el género humano que se levanta en Guantánamo.
¿Conversamos Vargas Llosa Júnior sobre estos temas? Lo invito cuando quiera. Por la tarde o, ya que evidentemente las tiene ocupadas, por la mañana. Como usted prefiera.
Buenos Aires, 3 de agosto de 2005
NOTAS:
(1) El panfletito fue originalmente publicado en inglés por la revista The New Republic bajo el titulo de “The Killing Machine: Che Guevara, from Communist Firebrand to Capitalist Brand”, en sus ediciones del 11 y 18 de julio de 2005.
(2) Casi tan sofocada como Júnior por la aceptación popular que tuvo el film Diarios de motocicleta está la celebérrima y nunca suficientemente ponderada escritora Zoé Valdés, quien en su notita “Las locas y el Che” lo describe como un “guerrillero y terrorista” utilizando el típico lenguaje de cualquiera de nuestros militares, los más fachos. ¡No iba a ser menos! Esta escritora elegante, culta y exquisita como pocas —casi, casi, casi parangonable por su sabiduría a Júnior— dice estar muy preocupada por la persecución a homosexuales y lesbianas, pero curiosamente nunca he leído una sola línea suya ni una sola declaración solidaria en defensa de las compañeras travestis o prostitutas que en Argentina tortura la policía o encarcela el gobierno “progresista” de Kirchner por oponerse al código de convivencia urbana y al código contravencional. Más simpático aún resulta su defensa de las minorías en un escrito donde se le escapa una incomprensible y bochornosa nota despectiva contra los “negociantes judíos” [sic] de París. ¡Qué amplitud de miras! ¡Qué pluralismo tolerante!
La notita de Zoé no tiene la pretensión del libelo de Júnior. El inmenso aparato de propaganda del sistema realiza una división del trabajo. A cada cual lo suyo. Si Júnior posa de politicólogo, a ella le toca la república de las letras. Y desde ese ángulo apuntala la misma leyenda truculenta del Che fusilador. ¡Pero ella es cubana! Aunque quiera olvidarse o renegar de ese pasado, no puede con su genio. Entonces elabora una divertidísima y colorida pintura del despiadado Guevara. En la caricatura de la guerra fría que nos propone Zoé Valdés sobre el Che (típica de esas series norteamericanas que en Argentina veíamos durante la infancia los sábados a la tarde) el malo ya no es un frío y calculador asesino sino... un apasionado latino que descarga el peine de su pistola en un iracundo y desenfrenado ataque de enojo...
Después de todo los estereotipos de la guerra fría deben “aggionarse” cuando se los ubica en una pintura caribeña, aun cuando la autora sea una cubana con simpatías por Miami como es el triste caso de Zoé Valdés.
Y ya que estamos en una nota al pie, permítasenos una pequeña digresión, de esas que tanto le gustan a Zoé... Al recorrer su notita contra el Che Guevara me divierte leer el refinamiento impostado y artificial con que Zoé describe “su” barrio parisino... —“Vivo en El Marais, bohemio barrio parisino”, nos aclara al comenzar— de la misma forma que lo haría cualquier escritor provinciano y colonial que se siente en “el cielo” por llegar a la metrópoli... Pobre muchacha del tercer mundo, hay que sentir un apabullante complejo de inferioridad para escribir de esa manera.
Un saludo PEÑA...
Un hijo de un conocido escritor peruano, es decir, un portador de apellido, Álvaro Vargas Llosa (en adelante Júnior) acaba de publicar en el periódico norteamericano The New Republic un libelo contra el Che Guevara (1). Circuló por todo el mundo. En Argentina lo levantó el diario La Nación, la derecha de la derecha más tradicional. En España lo mismo hizo el suplemento "Domingo" de El País (cara progresista de la derecha o derecha del progresismo, ya cuesta distinguirlos). En Internet numerosos sitios, principalmente de derecha, lo han reproducido y difundido.
Portando como muleta el apellido de su padre, el autor se hizo conocido por un pasquín digno de infradotados titulado, cual si fuera literatura autobiográfica, Manual del perfecto idiota latinoamericano. Superficial, desinformado, pretendidamente “provocador”, muy a tono con las —¿ideas?— de los grandes banqueros y promocionado mediáticamente hasta el hartazgo. En suma: Un típico producto de la ideología neoliberal.
El artículo sobre el Che repite el esquema como un calco sólo que, afortunadamente para el lector, en un tamaño menor. A pesar de su cinismo, el autor conserva algo de piedad, debemos reconocerlo.
¿Vale la pena responder estos pasquines, donde se mezclan tergiversaciones históricas, manipulación política, axiomas comunes de la extrema derecha y filosofía de sala de espera de peluquería o de dentista? Tengo mis serias dudas. Algunos amigos, a los que respeto y aprecio, me siguen insistiendo... pero yo conservo mis dudas.
¿Por qué atacan de nuevo al Che?
Primera pregunta que me surge. ¿Por qué de nuevo contra el Che? Primera respuesta. Les sigue molestando, sino, no se tomarían el trabajo. Los sigue incomodando. Cuando la mediocridad ha entrado en crisis junto con la ideología neoliberal que la promovió en los años ‘90, el ejemplo del Che se extiende cada vez más. ¡Qué ilusos si pretenden conjurarlo con un par de insultos y tres o cuatros manipulaciones históricas!
Uno de los supuestos motivos que impulsan a Júnior a encabezar su cruzada contra el Che se origina en la película Diarios de motocicleta (dirigida por Walter Salles y producida por Robert Redford), pero su rabieta tiene un alcance mayor (2). Con sabor amargo en la boca, reconoce que: “Las manifestaciones del nuevo culto al Che están en todos lados”. Como eso lo incomoda, a continuación, derrochando elitismo, agrega: “Una vez más, el mito provoca el entusiasmo de gente cuyas causas, en su mayoría, representan exactamente lo opuesto a lo que era Guevara” para terminar rematando, como novio despechado, que: “cuán engañados están tantos de nuestros contemporáneos con respecto a tantas cosas”. Hasta aquí, Júnior no aporta ninguna novedad a las quejas seniles de esos “demócratas” que el pueblo, dándoles la espalda, no reconoce como tales.
Entonces Júnior agrega un balance global, con indisimulable desprecio por los millones de jóvenes que hoy quieren y admiran al Che en todo el planeta: “Es habitual entre los seguidores de una secta no conocer la historia real de la vida de su héroe, la verdad histórica”. ¿La verdad histórica? Pero si de eso se trata, precisamente. Si hay algo que Júnior no conoce es la vida histórica real y el pensamiento real del Che.
La rebeldía hecha imagen
Pasando de las quejas seniles, formuladas en abstracto, a las supuestas impugnaciones particulares, Júnior arremete de entrada contra la proliferación de la imagen del Che. Haciendo gala de un pensamiento dicotómico, esquemático, más propenso al golpe de efecto que a un razonamiento meditado sobre el pulso de las contradicciones actuales (nada nuevo por cierto, dada la aridez intelectual que nos ofrece la derecha contemporánea si la comparamos con pensadores clásicos, que han sido críticos del marxismo pero al menos con altura y erudición), Júnior señala que el Che se ha difundido en millones de imágenes. Muchas veces esas imágenes no escapan al lucro mercantil. Júnior se topa con una contradicción y se detiene frente a ella. No avanza ni penetra. Se paraliza. Se limita, dejando caer su mentón y abriendo la boca con sorpresa, a señalarla con el dedo. Cree haber descubierto algo nuevo. En realidad se tropieza con algo ya conocido y analizado en numerosos lugares.
Y sí, es contradictorio lo de la imagen del Che. Es cierto que el mercado quiere no sólo ganar dinero con su rostro sino también frivolizarlo, neutralizarlo, domesticarlo, fagocitarlo y convertirlo en objeto de consumo pasivo. Es innegable. Pero también es cierto —una mente corta y repleta de resentimiento como la de Júnior no alcanza a comprenderlo— que millones de jóvenes en todo el mundo se encuentran a la búsqueda de ideales y de símbolos que representen una nueva forma de vida. Un alternativa distinta y hasta opuesta a la rutina cotidiana, mediocre y sin proyectos, que el capitalismo neoliberal ha logrado —por ahora— instalar en casi todo el globo.
En esa búsqueda de “otro mundo posible” no es casual que millones de jóvenes se encuentren con el Che Guevara. No es aleatorio que, en forma entusiasta, lo adopten como propio. Quizás sin conocer sus reflexiones sobre El Capital de Karl Marx o sus lecturas de Hegel y de los Manuscritos económico filosóficos de 1844 (En eso no cometen, en todo caso, ningún “pecado”... ya que evidentemente Júnior, a pesar de su fama, tampoco ha estudiado estos textos...). Pero esos millones de jóvenes, aun careciendo de toda la información necesaria sobre la vida real del Che, sobre su internacionalismo militante en varios continentes, sobre su marxismo revolucionario en varios procesos sociales, se encuentran con el ejemplo de vida del Che y lo asumen como un camino posible a seguir.
Partimos entonces de la misma constatación de Júnior. El Che se difunde a través de su imagen. Y a partir de allí preguntamos: ¿por qué los y las jóvenes de todo el orbe no utilizan una remera-camiseta con la cara de Bush o de sus miserables torturadores en Irak y Guantánamo? ¿Por qué los y las jóvenes de todo el mundo no utilizan remeras y camisetas con la imagen de Ratzinger o de los que dirigen el FMI y el Banco Mundial?¿Por qué será? Esas preguntas no se las hace Júnior, quien se limita a constatar una verdad evidente y a quejarse sobre ella.
Creemos que el Che se ha convertido en un modelo atractivo y seductor para la juventud que está harta del neoliberalismo pues porque expresa precisamente algo que ni Júnior, ni Milton Friedman, ni von Hayek, ni Karl Popper ni George W. Bush ni ninguno de estos personajes mediocres ha logrado representar: OTRA FORMA DE VIVIR. Aunque es obvio que el mercado hace dinero con su rostro, también es cierto que esos millones de jóvenes no apelan a remeras y camisetas con un signo del dólar o una imagen del euro. Eso le duele a Júnior, pero más le duele a sus patrones, a los que pagan sus ensayitos y artículos.
El Che y “los jóvenes argentinos”
No sé donde vive Júnior (dicen por allí que, aunque nacido en Perú, fue educado en Londres). Tampoco me interesa. Pero evidentemente no vive en Argentina, el país donde nació el Che. Por eso en su libelo hace una fácil y superficial referencia cuando dice que “los jóvenes argentinos que han creado una expresión que rima perfectamente en castellano: «Tengo una remera del Che y no sé por qué»".
No sé de qué galera mágica extrajo Júnior semejante conejo. Pero sí sé que en la rebelión popular argentina del 19 y 20 de diciembre de 2001, donde miles y miles de jóvenes rebeldes salieron a la calle y le pusieron el pecho a las balas de la policía asesina (que liquidó en un par de días más de 30 personas), muchos de ellos y ellas se aferraban a la imagen de Guevara. En medio de las manifestaciones, de las barricadas, de las piedras, del fuego y de toda la bronca popular, flameaban muchas banderas con la imagen del Che.
Júnior enumera muchos ejemplos puntuales donde Guevara asoma su cabeza en el mundo contemporáneo (algunos interesantes, otros completamente intrascendentes y hasta quizás inexistentes como aquel donde dice que un supuesto “oficial de la policía mexicana que combate el narcotráfico” utiliza una muñequera del Che...). Pero aunque hace de pasada referencia a “los jóvenes argentinos”, no menciona la rebelión popular del 2001. Si no fuera tan soberbio y petulante, Júnior podría preguntarse: ¿por qué en medio de semejante rebelión aparecía el Che Guevara en su país natal del lado de las barricadas? ¿Era ese Guevara un producto comercial y un objeto mercantil —como se desprende del panfleto de Júnior — o por el contrario sintetizaba un abanico muy grande de rebeldías que intentaron vanamente ser aplastadas con balas de plomo, varios asesinatos, gases lacrimógenos y carros de asalto?
En lugar de disparar frases efectistas carentes de fundamentos históricos, Júnior podría al menos invertir tan sólo una tarde viendo, para informarse, algún documental de esas jornadas. Hay muchos y allí intervienen estos mismos “jóvenes argentinos” a los que él hace equívoca referencia. ¡Una tarde, Júnior, una sola no es mucho pedir!
La Cuba previa a 1959
Si Júnior patina en la desinformación cuando hace referencia a “los jóvenes” de Argentina, la cuna inicial de Guevara, no menos sucede cuando habla de Cuba, la tierra donde el Che dio lo mejor de sus energías revolucionarias maduras. Resulta grosera, por no decir, escandalosa, la descripción que hace Júnior de la Cuba pre-revolucionaria, la del prostíbulo y la mafia, la del analfabetismo y la monoproducción. Aquel país donde sobraban casinos pero faltaban médicos y maestros. Sin vergüenza ni decoro, la describe sencillamente como “uno de los cuatro países de mayor éxito económico de Latinoamérica desde antes de la dictadura de Batista”. Hasta los gusanillos más encumbrados de Miami reconocen el cambio cualitativo que significó en términos de educación y salud la revolución cubana, de la misma manera que hasta la burguesía más rancia y escuálida de Venezuela no desconoce los notables cambios que el proceso bolivariano y sus misiones han introducido en la vida de las barriadas humildes de Venezuela. Pero Júnior es más papista que el papa... para lograr eco en la “prensa seria”, tiene que lucir como el gusano más radical de los gusanos. Sino, no cobraría su cuota y nadie le abriría sus páginas.
¿No podría haber invertido aunque sea una sola tarde, nada más que una segunda tarde, leyendo los índices económicos y sociales, en salud y educación, antes de 1959 y luego de esa fecha de las instituciones internacionales tradicionalmente reconocidas? ¿Era mucho pedir apelar a las tablas y estadísticas de la UNESCO, de la CEPAL, de la OMS? Sí, parece que era mucho pedir. No hacía falta. ¿A quién le importa la verdad si lo que está en juego —en palabras de Chomsky— es la manufactura industrial del consenso?
¿Un Robespierre tropical?
Después regalarnos una brillante teoría semiológica sobre la imagen del Che, de afirmar falsedades sobre la juventud argentina y de demostrar una ignorancia olímpica sobre los datos socioeconómicas de América Latina, Júnior nos proporciona una aguda reflexión “filosófica” sobre una conocida frase del Che acerca del odio.
Teniendo en mente los horrores de EEUU en Vietnam, el NAPALM y los soldados estadounidenses que arrojaban guerrilleros del Viet Cong vivos desde los helicópteros —método que luego utilizaron sus alumnos argentinos en el Río de la Plata—; los métodos salvajes de Francia en Argelia (con centenares de miles de torturados y mujeres violadas) y el modus operandi de los paracaidistas de Bélgica en el Congo, Ernesto Guevara escribe esta frase: “un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal”. Intentando sintetizar sus reflexiones Júnior caracteriza esta frase como una “idea homicida de justicia”.
En este rubro Júnior no inventa nada. Repite y recicla calumnias viejas, con la única ventaja de ser portador de apellido prestigioso y escribir en inglés, la lengua franca (como la llamó Fredric Jameson) del dinero y los monopolios de la (in)comunicación. Únicamente por eso su libelo tiene más suerte y difusión que sus predecesores sudamericanos que publican en español.
Mucho antes que Júnior se lanzara a filosofar sobre el Che Guevara y el odio, en Argentina otros dos eximios pensadores habían aportado elucubraciones de idéntico tenor.
Primero fue José Pablo Feinmann, filósofo mediático supuestamente “progresista”, quien en el artículo “El Che y las Torres Gemelas” [Página 12, Buenos Aires, 8 de octubre de 2002] le llegó a atribuir a Guevara un “fundamentalismo terrorista”, comparándolo sin ningún escrúpulo ni reparo, con Osama Bin Laden. [Véase mi respuesta a Feinmann, que el periódico argentino Pagina 12 se negó a publicar, titulada “El humanismo del Che Guevara” –24/10/2002- en la Cátedra Che Guevara de REBELIÓN: http://www.rebelion.org/argentina/kohan241002.htm].
Antes de ese artículo que adelanta casi textualmente los argumentos de Júnior, el mismo Feinmann había caracterizado al Che como un “implacable jacobino”, “un extremista”, “un Superman con kryptonita en los pulmones”, “un Jesucristo superstar” y hasta “un Principito de la izquierda”, en su lamentable libro de ensayo titulado La sangre derramada [Buenos Aires, editorial Ariel-Planeta, 1998]. En aquel libro, Feinmann remataba su visión “progresista” del Che —que también se expresó en una promocionada obra de teatro— preguntándose, sin rubor en el rostro: “¿Quién puede no pensar que Ernesto Guevara es uno de los grandes responsables [sic] de las masacres de nuestro continente?”.
Al igual que Feinmann, Mario Pacho O’Donnell, otro pensador descollante de estas latitudes (ex ministro de cultura del presidente neoliberal Carlos Saíul Menem) también se le adelantó con los argumentos al promocionado Júnior. En una biografía mercantil, tramposamente titulada Che, la vida por un mundo mejor [Buenos Aires, editorial Sudamericana, 2003] que vendió en supermercados y otros locales de alta cultura decenas de miles de ejemplares, O’Donnell se queja de la influencia de Guevara sobre la izquierda marxista continental, a la que habría conducido “hacia la violencia terrorista”. Allí, apelando a una caricatura del psicoanálisis O’Donnell intenta profundizar en el armado de un Che Guevara salvaje, frío ejecutor, déspota, hombre de acero, fusilador sanguinario y cruzado del medioevo. En suma… un ángel exterminador. A su vez, Feinmann y O’Donnell se apoyan en el ex funcionario estatal mexicano Jorge Castañeda...
Es decir que Júnior se hace eco de toda una cadena previa, donde cada nuevo ensayista o biógrafo que llega, sube la apuesta a ver quien dibuja un Guevara más asesino y perverso. Quienes le pagaron a Júnior por su libelo deberían descontarle un porcentaje porque muchos de sus “argumentos” son prestados de otros autores. Como esta gente tiene el corazón en los números y en los billetes no vendría nada mal que hicieran ese cálculo para que el ensayista no les facture un precio por encima de su valor real.
Y entonces Júnior vuelve a hacer malabarismos con las cifras de los fusilamientos revolucionarios. A medida que pasa el tiempo, los panfletistas a sueldo contra el Che van aumentando las cifras de fusilados... ¿será esa la famosa inflación? Cosa rara en un neoliberal que seguro debe predicar una moneda fuerte y salarios bajos para controlarla... ¿O cada artículo se paga más a medida que aumenta el número de supuestos fusilados por la Revolución Cubana y el Che Guevara?
A la hora de contabilizar los “asesinatos” del Che Guevara... Júnior utiliza como fuente documental, para que nadie dude de su “objetividad” e “imparcialidad” como ensayista, los informes de la embajada estadounidense en Cuba y los del Departamento de Estado norteamericano. Ni siquiera tiene el tino y la mínima cordura de dejar de lado los testimonios de la CIA. ¡No! Júnior hasta apela al testimonio personal de Félix Rodríguez, reconocido asesino profesional de la CIA —que en varios documentales se ha vanagloriado de sus “hazañas” a sueldo de EEUU como el asesinato del Che en Bolivia y sus operaciones de “limpieza” de rebeldes en la selva de El Salvador—.
A Júnior no le falta nada.
Pero, con una mano en el corazón, nos preguntamos: ¿no hay algún amigo cercano de este autor que al menos le aconseje no ser tan bruto en sus escritos? ¿Tenía necesidad de mencionar a la CIA —una institución absolutamente neutral y objetiva, por cierto— como fuente documental? ¿No hay nadie que se acerque al oído de nuestro ensayista y le susurre la necesidad de ser un poquito más sutil? Si no fuera patético y grotesco, daría sencillamente risa.
No obstante, más allá de la grosera y torpe manipulación de la que hace gala Júnior, nos interrogamos: ¿No es justo fusilar a un tirano? ¿Está mal haber fusilado a Benito Mussolini, por ejemplo? Al militante partisano que lo fusiló luego, la “gran democracia italiana” lo consagró como diputado. ¿Estuvo mal? ¿Estuvo mal el ajusticiamiento de Somoza? ¿Cuántos horrores se le hubieran evitado a esta humanidad si hubieran sido efectivos los intentos frustrados de ajusticiar a Adolfo Hitler? ¿No es justo fusilar a los torturadores, a los que violan prisioneras y prisioneros indefensos? Repito: ¿No es justo?
¿La democracia argentina no gozaría de mejor salud, por ejemplo, si en lugar de garantizar la impunidad de los militares vernáculos —sobre los cuales Júnior, defensor de “la libertad individual”, no emite palabra alguna— se hubiera fusilado al general Videla y al almirante Massera, quienes no mataron a 50, 100 o 179 personas... sino a 30.000? Independientemente de esta fantochada impresentable y a sueldo que Júnior nos entrega en bandeja, esa pregunta nos ronda la cabeza desde hace muchos años.
Júnior, como muchos de los hipócritas que defienden las invasiones norteamericanas de nuestros días y se hacen los tontos frente a las evidentes muestras de torturas sistemáticas llevadas a cabo por los “defensores de la libertad” en Abu Ghraib, se horroriza frente al fusilamiento que la Revolución Cubana hizo en el momento del triunfo de algunos pocos torturadores, violadores uniformados y represores institucionales... pero no le molesta en lo más mínimo los miles de niños palestinos o irakíes masacrados a diario e impunemente. Tampoco dice una palabra de los miles y miles de desaparecidos en Guatemala, Perú, Chile o Argentina. Para ellos, los escribas de la derecha, los muertos del pueblo siempre son datos intrascendentes. No cuentan para su curioso y selectivo “humanismo pacifista”. Los “derechos individuales” que Júnior y quienes le pagan dicen esgrimir se apoyan en un criterio demasiado unilateral y sesgado.
¡¡HI-PO-CRE-CÍA pura!!, digámoslo con todas las letras. HIPOCRESÍA. Exactamente la misma hipocresía de Woytila (y de su ideólogo de cabecera, hoy nombrado papa, Ratzinger) cuando predicaban la paz... para los guerrilleros salvadoreños y otros rebeldes similares de este continente mientras al mismo tiempo bendecían al general Videla y a otros genocidas latinoamericanos.
El Che Guevara y la izquierda tradicional
Otra de las tantas tergiversaciones que Júnior difunde impunemente tiene que ver con las relaciones de los principales dirigentes de la Revolución Cubana y el comunismo tradicional. Júnior afirma: “Durante la lucha armada en Cuba, [Guevara] forjó una fuerte alianza con el Partido Socialista Popular (el partido comunista de la isla) y con Carlos Rafael Rodríguez, un elemento clave de la conversión al comunismo del régimen de Castro. Esta tendencia al fanatismo convirtió al Che en un eje vital de la «sovietización» de esa revolución que tantas veces se había jactado de su carácter independiente”.
Mucho se ha escrito y se seguirá escribiendo sobre este tema. Pero lo que ningún historiador serio ni ningún ensayista riguroso hoy discute es que el Partido Socialista Popular se sumó a la lucha armada tan sólo tardíamente. Carlos Rafael Rodríguez se entrevistó en la Sierra Maestra, durante la lucha armada, con Fidel Castro —el máximo líder de los rebeldes—, no con el Che Guevara. Y en todo caso, luego del triunfo, a la hora de decidir el rumbo estratégico de la revolución entre el Che y Carlos Rafael no hubo una alianza sino, por el contrario, una conocida discusión polémica. Entre compañeros, es cierto. Ambos eran partidarios del liderazgo de Fidel y ambos optaban por el socialismo, pero al mismo tiempo polemizaban. Obviamente Júnior, orgulloso de su ignorancia y soberbio en su desconocimiento, ni siquiera se ha tomado el trabajo de estudiar esos debates encendidos y esas discusiones acaloradas. Tan sólo con una tarde le hubiera bastado para husmear en el índice de la polémica. ¡Una tarde, una tercera tarde, Júnior!. Pero bueno. ¿a quién le interesa profundizar si de lo que se trata es de repartir infundios y tratar de ensuciar todo lo posible y a cómo dé lugar?
Guevara y la economía política
Sócrates decía: “Sólo sé que no sé nada”, como preámbulo para luego comenzar a aprender. En cambio, quien está seguro en su falta de conocimientos, no sólo no aprende sino que se desbarranca por la pendiente. Aprieta el acelerador barranca abajo. Por eso Júnior se engolosina a la hora de denostar al Che y se despacha afirmando, apoyándose en Ernesto Betancourt, que “ [Guevara] Ignoraba los principios económicos más elementales".
Si al menos hubiera invertido tan sólo una tarde, una cuarta tarde, podría haber entrevistado —dinero no le debe faltar para comprarse un grabador, ya que ha recogido el testimonio, según nos relata, de agentes de la CIA— a algunos integrantes de los seminarios de lectura de El Capital que compartieron junto con el Che el estudio de la economía política. Uno de ellos es Orlando Borrego, quien ha escrito sobre el tema un libro entero [Véase Orlando Borrego: El camino del fuego (Buenos Aires, Edit. Hombre Nuevo, 2002). Véase también la entrevista que le hice a Borrego, titulada “Che Guevara lector de El Capital”, en http://www.rebelion.org/argentina/030702kohan.htm e incorporada en nuestro Che Guevara: El Sujeto y el poder (Buenos Aires, Nuestra América, 2005)].
Guevara invirtió varios años de estudio de El Capital en un seminario en el cual se reunía semanalmente. Pero, además de polemizar con el célebre economista de La Sorbona Charles Bettelheim, leyó y estudió a Paul Sweezy, a Paul Baran, a Oscar Lange, a Ernest Mandel, a Eugenio Preobrazhensky, a Nicolás Bujarin, a Kalecki y Bobrowski, entre muchos otros economistas. Seguramente esta tradición de pensamiento no sea del gusto de un neoliberal como Júnior, pero eso no equivale a decir que el Che no sabía de economía política...
La Unión Soviética, el Che y la alegre ignorancia
Ya que Júnior le atribuye alegremente al Che la responsabilidad por la “sovietización” de Cuba —vaya uno a saber qué entiende un neoliberal por “sovietización”...— bien podría haber invertido una tarde, tan sólo una quinta tarde, en leer aunque sea por arriba los escritos del Che donde cuestiona explícita y expresamente los métodos soviéticos de construcción del socialismo. El Che hizo públicas sus cuestionamientos en algunos discursos famosos, pero en sus notas críticas al Manual de economía política de la Academia de Ciencias de la Unión Soviética Guevara se explayó largamente —no sólo en el terreno económico, sino también en el político— sobre sus divergencias con el “modelo” soviético. Intentó fundamentar las respuestas desde un punto de vista analítico y teórico. Que Júnior no quiera tomarse el trabajo de investigar esos materiales no lo exime ni lo legitima para atribuirle a una cuestión pasional o coyuntural sus reconocidas distancias frente a la URSS. Si Júnior se hubiera tomado aunque sea una tarde (¡sólo una quinta tarde!, querido Júnior...), desde cualquier computadora podría haber husmeado por internet y allí habría encontrado, por ejemplo en el sitio de la cátedra Che Guevara de REBELIÓN (http://www.rebelion.org/argentina/notas190902.pdf) materiales en los cuales Guevara somete a crítica implacable a la URSS y al mundo cultural que la acompañó. No desde la derecha sino desde la izquierda, no desde la mugre de las bolsas de valores y las grandes firmas capitalistas, sino desde el punto de vista de los pueblos rebeldes y de aquellos que entregan su vida luchando por la revolución mundial. Si quisiera, podría haber consultado las notas críticas del Che a las concepciones económicas de la URSS y sus antiguos socios de los países del Este.
Vinculado precisamente con este cuestionamiento de Guevara a la URSS, resulta incomprensible la sorpresa de Júnior frente al tremendo atractivo del que goza el Che en el mundo contemporáneo luego de lo que nuestro articulista denomina el “colapso político e ideológico de todo lo que Guevara representaba”. Por más superficial, ignorante o bruto que uno sea, esa tesis que asimila al Che al mundo que colapsó con el derrumbe del muro de Berlín no se puede sostener en lo más mínimo.
Si se iba a dedicar a escribir un libelo contra Guevara, lo mínimo que podría haber hecho Júnior es informarse.
La derecha siempre es impiadosa y despiadada... ya lo sabemos. Estamos acostumbrados. Pero al menos podría ser ilustrada, ¿no? Como mínimo podría informarse. ¿Siempre tendremos que lidiar con ignorantes? (Todavía nos acordamos de la ignorancia mayúscula de Francis Fukuyama y su triste artículo sobre “el fin de la historia” en el cual se confundía los libros de Hegel que citaba...). ¿Para cuándo una derecha lúcida e informada?
Cualquier lector de filas, mínimamente informado, sabe que el Che no era apreciado en ese mundo que colapsó en 1989... A la hora de emitir juicios superficiales sin el menor respaldo documental o científico no hace falta “perder tiempo” aportando pruebas o estudiando aquello que se va a criticar. Júnior sabe de antemano que su libelo será igualmente difundido a troche y moche por ese inmenso aparato de desinformación masivo y censura sistemática que hoy defiende al capitalismo. ¿Para qué tomarse entonces el trabajo de invertir una sola tarde de lectura?
Júnior y su poco creíble elogio de la disidencia
Tratando de presentar al Che como un totalitario, Júnior escribe: “«Contrarrevolucionario» es el término que se aplicaba a cualquiera que se desviara del dogma. Era el sinónimo comunista de «hereje»”... Interesante observación sobre la disidencia. Al oponerse a quienes estaban en contra de la Revolución Cubana (en contra, incluso con medios armados), el Che se convierte automáticamente en un partidario del totalitarismo. No permite la disidencia radical.
¿Qué opinaría Júnior del monopolio violento que los grandes aparatos de propaganda de EEUU ejercen sobre la opinión pública norteamericana? ¿Habrá invertido aunque sea una tarde —una sexta tarde— en leer las denuncias de Noam Chomsky? ¿Habrá en EEUU, país admirado por Júnior y sus amigos, mucho margen para la disidencia radical? Hoy en día los poderosos del planeta no utilizan los términos “Contrarrevolucionario” ni “hereje”. No... peor aún. Los denominan lisa y llanamente “terrorista”. Cualquiera que disienta con el poder mundial del capital se convierte en un “terrorista”. No hace falta llevar un fusil en el hombro ni andar a los saltos por alguna selva del mundo para ser considerado como tal. Un maestro, un sindicalista e incluso un tímido sacerdote que cuestione dentro de Estados Unidos el poder omnímodo de la plutocracia empresarial que dirige los destinos de la primera potencia del planeta se convierte, automáticamente, en un sospechoso de “terrorismo”. Jamás los medios de comunicación publicarán sus opiniones.
Se le impondrá, en el mejor de los casos, un silencio a la fuerza y, por supuesto, se le vigilará hasta en los detalles más íntimos de su vida cotidiana (por ejemplo qué libros retira de la biblioteca... o qué correos electrónicos envía a sus amigos).
¿Invierte aunque sea media línea Júnior en denunciar semejante totalitarismo que haría sonrojar a Mc Carty y palidecer las antiutopías más sombrías de Ray Bradbury, George Orwell o Aldoux Huxley? La pregunta es, obviamente, retórica. Se contesta por sí misma. Los patrones no pagan por escribir sobre esos temas.
Además ningún medio “serio” —es decir, domesticado por el poder y financiado por el gran empresariado— lo publicaría. Si no estuviera cegado por el odio a los revolucionarios y el amor a los billetes, Júnior podría invertir aunque sea una sola tarde (una séptima tarde) en husmear en la polémica pública donde el Che participó en la “totalitaria” Cuba. En dicho debate, el Che le publicó en sus propias revistas (por ejemplo en Nuestra Industria económica) a sus adversarios ideológicos que lo criticaban con nombre y apellido, tanto a los de origen cubano como a los extranjeros. Curioso déspota este Guevara que publica a quienes lo critican y debate públicamente y por escrito con quienes no piensan como él. ¡Una tarde, Júnior, una séptima tarde! Es todo lo que le pido.
¿Libertad = propiedad privada?
La que sí resulta hilarante es la identidad que plantea Júnior entre libre albedrío y propiedad privada. El Che habría atacado ambas al mismo tiempo, ya que son lo mismo. Si promovió la expropiación... vulneró la libertad. Un lugar común de la ideología liberal. Pero hoy en día los liberales ilustrados, los que han leído un poquito, los que “han perdido” un par de tardes en las bibliotecas para poder hablar con mayor sutileza, presentan ese mismo argumento de manera más fina. No es el caso de Júnior, que arremete contra el Che porque... Guevara no respetaba la propiedad privada. No vale la pena peder tiempo en contestar este lugar común, que cualquier persona analfabeta —de esas muchas que lamentablemente nos deja el capitalismo— podría expresar mejor que nuestro articulista.
Hablemos de campos de concentración
Júnior trata de homologar a Cuba con la URSS stalinizada y para ello trae a colación de manera injustificada el temible nombre de Laurenti Beria. Sin embargo se “olvida” que la Revolución Cubana goza de un consenso que Stalin se ocupó de hacer trizas en su época no sólo con sus campos de concentración sino también con su aniquilamiento de la mayor parte de los revolucionarios que hicieron la revolución de 1917. Falsa analogía, entonces. Forzada, caricaturesca. Basta leer los informes desclasificados de la CIA sobre la Cuba de los ’60 (aquella donde vivió el Che) para apreciar la distancia abismal entre ambas sociedades. Muchas veces hasta los agentes “técnicos” de la CIA se animan a reconocer en sus informes y descripciones aquello que los políticos norteamericanos no pueden reconocer en público: el enorme consenso popular de Fidel, el Che y su revolución. Por supuesto que lo hacen destilando veneno, pero aún así, tienen que reconocerlo.
Si Júnior está tan interesado en reflexionar sobre los campos de concentración como dejaría traslucir su libelo, bien podríamos conversar sobre los campos de concentración que en Argentina permitieron aplastar toda disidencia radical aniquilando a 30.000 personas, incluyendo dentro de esa cifra a miles de jóvenes seguidores y seguidoras de las ideas del Che.
Pero si usted me responde, estimado Júnior, que “eso quedó en el pasado” y “a lo pasado, pisado” –como suelen decir los que legitiman al poder—, entonces podríamos intercambiar opiniones sobre los campos de concentración y tortura que HOY existen en territorio cubano. No en la Cuba de Fidel y el Che sino en la parte de Cuba ocupada ilegalmente por sus amigos, querido Júnior. Las fotos han recorrido el mundo... Ya nadie lo discute. Si usted invirtiera tan sólo una tarde, una octava tarde, podría consultar los testimonios gráficos irrefutables de ese inmenso e ignominioso crimen contra el género humano que se levanta en Guantánamo.
¿Conversamos Vargas Llosa Júnior sobre estos temas? Lo invito cuando quiera. Por la tarde o, ya que evidentemente las tiene ocupadas, por la mañana. Como usted prefiera.
Buenos Aires, 3 de agosto de 2005
NOTAS:
(1) El panfletito fue originalmente publicado en inglés por la revista The New Republic bajo el titulo de “The Killing Machine: Che Guevara, from Communist Firebrand to Capitalist Brand”, en sus ediciones del 11 y 18 de julio de 2005.
(2) Casi tan sofocada como Júnior por la aceptación popular que tuvo el film Diarios de motocicleta está la celebérrima y nunca suficientemente ponderada escritora Zoé Valdés, quien en su notita “Las locas y el Che” lo describe como un “guerrillero y terrorista” utilizando el típico lenguaje de cualquiera de nuestros militares, los más fachos. ¡No iba a ser menos! Esta escritora elegante, culta y exquisita como pocas —casi, casi, casi parangonable por su sabiduría a Júnior— dice estar muy preocupada por la persecución a homosexuales y lesbianas, pero curiosamente nunca he leído una sola línea suya ni una sola declaración solidaria en defensa de las compañeras travestis o prostitutas que en Argentina tortura la policía o encarcela el gobierno “progresista” de Kirchner por oponerse al código de convivencia urbana y al código contravencional. Más simpático aún resulta su defensa de las minorías en un escrito donde se le escapa una incomprensible y bochornosa nota despectiva contra los “negociantes judíos” [sic] de París. ¡Qué amplitud de miras! ¡Qué pluralismo tolerante!
La notita de Zoé no tiene la pretensión del libelo de Júnior. El inmenso aparato de propaganda del sistema realiza una división del trabajo. A cada cual lo suyo. Si Júnior posa de politicólogo, a ella le toca la república de las letras. Y desde ese ángulo apuntala la misma leyenda truculenta del Che fusilador. ¡Pero ella es cubana! Aunque quiera olvidarse o renegar de ese pasado, no puede con su genio. Entonces elabora una divertidísima y colorida pintura del despiadado Guevara. En la caricatura de la guerra fría que nos propone Zoé Valdés sobre el Che (típica de esas series norteamericanas que en Argentina veíamos durante la infancia los sábados a la tarde) el malo ya no es un frío y calculador asesino sino... un apasionado latino que descarga el peine de su pistola en un iracundo y desenfrenado ataque de enojo...
Después de todo los estereotipos de la guerra fría deben “aggionarse” cuando se los ubica en una pintura caribeña, aun cuando la autora sea una cubana con simpatías por Miami como es el triste caso de Zoé Valdés.
Y ya que estamos en una nota al pie, permítasenos una pequeña digresión, de esas que tanto le gustan a Zoé... Al recorrer su notita contra el Che Guevara me divierte leer el refinamiento impostado y artificial con que Zoé describe “su” barrio parisino... —“Vivo en El Marais, bohemio barrio parisino”, nos aclara al comenzar— de la misma forma que lo haría cualquier escritor provinciano y colonial que se siente en “el cielo” por llegar a la metrópoli... Pobre muchacha del tercer mundo, hay que sentir un apabullante complejo de inferioridad para escribir de esa manera.
Un saludo PEÑA...
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ANDALU REVOLUSIONARIO
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Hombre, que en periodista digital pongan un articulo que hable mal del che guevara tp es muy raro... lo poco que he leido de esa pagina demuestra que es un periodico digital semejante a la razon. Por otra parte, que en rebelion.com arremetan contra el articulo, tb es normal, son ideologias contrarias... es logico.
Respecto al che guevara:
Seguro que su vida y sus obras tendran luces y sombras, que habra cosas que estuvieron bien hechas y otras peor. Fue persona, y como tal, no fue perfecto. No fue dios, aunque algunos lo endiosen... fue un lider revolucionario y ya esta. Se le puede criticar, y dependiendo de la ideologia del critico, la critica ira en un sentido o en otro. Tampoco importa mucho... se puede hablar del che en sentido critico, y no pasa nada.
Respecto al merchandising (aqui he cierro el capitulo de che, pq el merchandisng NO es el che):
Me parece normal (que no bien), que tiendas Tipo saque una linea de camisetas con la cara del che... ellos buscan venderlas, y se venden. Ahora bien, lo que me parece deplorable, es la gente que las consume, pq si las compran es que se las dan de comunistas... y que hacen entonces beneficiando a una empresa con la imagen de un icono del comunismo? es un contrasentido... en fin, yo conozco a mas de uno que lo hace, y bueno, que compren lo que quieran... yo no comprare un colgante, ni una sudadera a 18 euros, ni una taza (las he visto, doy fe), ni nada de eso... intento conocer su historia, el resto sobra.
Coño, que a este paso construyen un parque de atracciones del che guevara... buagh, me dan ganas de vomitar...
Respecto al che guevara:
Seguro que su vida y sus obras tendran luces y sombras, que habra cosas que estuvieron bien hechas y otras peor. Fue persona, y como tal, no fue perfecto. No fue dios, aunque algunos lo endiosen... fue un lider revolucionario y ya esta. Se le puede criticar, y dependiendo de la ideologia del critico, la critica ira en un sentido o en otro. Tampoco importa mucho... se puede hablar del che en sentido critico, y no pasa nada.
Respecto al merchandising (aqui he cierro el capitulo de che, pq el merchandisng NO es el che):
Me parece normal (que no bien), que tiendas Tipo saque una linea de camisetas con la cara del che... ellos buscan venderlas, y se venden. Ahora bien, lo que me parece deplorable, es la gente que las consume, pq si las compran es que se las dan de comunistas... y que hacen entonces beneficiando a una empresa con la imagen de un icono del comunismo? es un contrasentido... en fin, yo conozco a mas de uno que lo hace, y bueno, que compren lo que quieran... yo no comprare un colgante, ni una sudadera a 18 euros, ni una taza (las he visto, doy fe), ni nada de eso... intento conocer su historia, el resto sobra.
Coño, que a este paso construyen un parque de atracciones del che guevara... buagh, me dan ganas de vomitar...
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elKano (almeriense)
Ambos artículos son patéticos, bastos ataques mutuos con más puntos discutibles que otra cosa.
Pero bueno, no vamos a quedarnos en esos detalles.
Como bien dice el Andalú, el Che fue un líder revolucionario, con sus lados buenos y malos, pues era un ser humano. El hecho mismo de ser un revolucionario implica que era un hombre con ideales fuertes y cierta inclinación a la violencia; basarse en esas evidencias para un fusilamiento de su imagen no tiene mucho interés. Personalmente puede gustarme más o menos, pero no voy a dedicarme a dar mi opinión.
A mi lo que realmente me interesa aquí es la creación del mito. Los mitos son herramientas de control de masas conocidas desde siempre, pensemos en Jesucristo p.ej., o Kurt Cobain, no sé.
El movimiento comunista, desde mi punto de vista, se caracteriza por unos medios propagandísticos rozando la demagogia muy a menudo. Eslóganes, panfletos, símbolos, héroes populares; todas estas herramientas las han utilizado muchos comunistas y lo siguen haciendo ante mis propios ojos. He leído pocos textos del PC que no me pareciesen inmundos panfletos con poca información y mucho manejo persuasorio del lector. Todo el mundo conoce el tema de Stakhanov. El color rojo se ha convertido en símbolo inmediato de comunismo. Hace poco, leí en un cartel del PC de una pared en alguna ciudad española el magnífico e increíble eslógan: 'Piensa, lucha, [no sé qué]'. Imponer la obligación de la libertad de pensamiento mediante eslóganes que juegan con la ausencia de pensamiento (por algo son eslóganes), que maravillosa paradoja.
En fin, lo que quiero decir es que la mitificación del Ché parece un símbolo más, un nuevo mito en el movimiento comunista internacional.
Sin embargo, no todo queda ahí. Los comunistas utilizan de siempre la necesidad de símbolos sencillos, claros y fuertes para guiar a las masas; pero el capitalismo también conoce esa necesidad, y la utiliza de manera opuesta para anestesiar esas mismas masas. Fútbol, jetset, o Operación Triunfo, todo está en la misma linea.
Y también las hojas de maría, los gorros jamaicanos y las imágenes de Bob Marley. Los cinturones de pinchos, las A en circulos, y los palestinos.
El mito Che, y aqui está lo interesante, es el paradigma del símbolo de doble cara: tanto el capitalismo como el comunismo lo explotan a utranza. Simboliza la revolución, muestra el camino; pero dada la naturaleza humana, el símbolo supera su significado y utilizarlo ya colma las ansias revolucionarias de sus portadores. El comunismo se alegra de verse tantos seguidores, el capitalismo se alegra de neutralizar a tanta gente.
Lo que acabo de escribir es muy parcial, muy incompleto, y muy discutible. Pero no me apetece releerme y corregirme. Ahí queda.
Pero bueno, no vamos a quedarnos en esos detalles.
Como bien dice el Andalú, el Che fue un líder revolucionario, con sus lados buenos y malos, pues era un ser humano. El hecho mismo de ser un revolucionario implica que era un hombre con ideales fuertes y cierta inclinación a la violencia; basarse en esas evidencias para un fusilamiento de su imagen no tiene mucho interés. Personalmente puede gustarme más o menos, pero no voy a dedicarme a dar mi opinión.
A mi lo que realmente me interesa aquí es la creación del mito. Los mitos son herramientas de control de masas conocidas desde siempre, pensemos en Jesucristo p.ej., o Kurt Cobain, no sé.
El movimiento comunista, desde mi punto de vista, se caracteriza por unos medios propagandísticos rozando la demagogia muy a menudo. Eslóganes, panfletos, símbolos, héroes populares; todas estas herramientas las han utilizado muchos comunistas y lo siguen haciendo ante mis propios ojos. He leído pocos textos del PC que no me pareciesen inmundos panfletos con poca información y mucho manejo persuasorio del lector. Todo el mundo conoce el tema de Stakhanov. El color rojo se ha convertido en símbolo inmediato de comunismo. Hace poco, leí en un cartel del PC de una pared en alguna ciudad española el magnífico e increíble eslógan: 'Piensa, lucha, [no sé qué]'. Imponer la obligación de la libertad de pensamiento mediante eslóganes que juegan con la ausencia de pensamiento (por algo son eslóganes), que maravillosa paradoja.
En fin, lo que quiero decir es que la mitificación del Ché parece un símbolo más, un nuevo mito en el movimiento comunista internacional.
Sin embargo, no todo queda ahí. Los comunistas utilizan de siempre la necesidad de símbolos sencillos, claros y fuertes para guiar a las masas; pero el capitalismo también conoce esa necesidad, y la utiliza de manera opuesta para anestesiar esas mismas masas. Fútbol, jetset, o Operación Triunfo, todo está en la misma linea.
Y también las hojas de maría, los gorros jamaicanos y las imágenes de Bob Marley. Los cinturones de pinchos, las A en circulos, y los palestinos.
El mito Che, y aqui está lo interesante, es el paradigma del símbolo de doble cara: tanto el capitalismo como el comunismo lo explotan a utranza. Simboliza la revolución, muestra el camino; pero dada la naturaleza humana, el símbolo supera su significado y utilizarlo ya colma las ansias revolucionarias de sus portadores. El comunismo se alegra de verse tantos seguidores, el capitalismo se alegra de neutralizar a tanta gente.
Lo que acabo de escribir es muy parcial, muy incompleto, y muy discutible. Pero no me apetece releerme y corregirme. Ahí queda.
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aitormena
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Claro, despues de leer la respuesta de mi paisano, ¿que escribo yo?
Ya me he leido lo que ha dejado Sig, y la verdad es que dista mucho de lo expuesto por Yeison.
En fin, como todo, diferentes puntos de vista de un mismo asunto. No hay manera de ponernos de acuerdo.
P.D: Dieguito, ¿te has acordado de lo que te pedi?
Ya me he leido lo que ha dejado Sig, y la verdad es que dista mucho de lo expuesto por Yeison.
En fin, como todo, diferentes puntos de vista de un mismo asunto. No hay manera de ponernos de acuerdo.
P.D: Dieguito, ¿te has acordado de lo que te pedi?



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elKano (almeriño)
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ANDALU REVOLUSIONARIO
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Es la primera vez me corro con un hombre... XDDDDelKano (almeriense) wrote:Ambos artículos son patéticos, bastos ataques mutuos con más puntos discutibles que otra cosa.
Pero bueno, no vamos a quedarnos en esos detalles.
Como bien dice el Andalú, el Che fue un líder revolucionario, con sus lados buenos y malos, pues era un ser humano. El hecho mismo de ser un revolucionario implica que era un hombre con ideales fuertes y cierta inclinación a la violencia; basarse en esas evidencias para un fusilamiento de su imagen no tiene mucho interés. Personalmente puede gustarme más o menos, pero no voy a dedicarme a dar mi opinión.
A mi lo que realmente me interesa aquí es la creación del mito. Los mitos son herramientas de control de masas conocidas desde siempre, pensemos en Jesucristo p.ej., o Kurt Cobain, no sé.
El movimiento comunista, desde mi punto de vista, se caracteriza por unos medios propagandísticos rozando la demagogia muy a menudo. Eslóganes, panfletos, símbolos, héroes populares; todas estas herramientas las han utilizado muchos comunistas y lo siguen haciendo ante mis propios ojos. He leído pocos textos del PC que no me pareciesen inmundos panfletos con poca información y mucho manejo persuasorio del lector. Todo el mundo conoce el tema de Stakhanov. El color rojo se ha convertido en símbolo inmediato de comunismo. Hace poco, leí en un cartel del PC de una pared en alguna ciudad española el magnífico e increíble eslógan: 'Piensa, lucha, [no sé qué]'. Imponer la obligación de la libertad de pensamiento mediante eslóganes que juegan con la ausencia de pensamiento (por algo son eslóganes), que maravillosa paradoja.
En fin, lo que quiero decir es que la mitificación del Ché parece un símbolo más, un nuevo mito en el movimiento comunista internacional.
Sin embargo, no todo queda ahí. Los comunistas utilizan de siempre la necesidad de símbolos sencillos, claros y fuertes para guiar a las masas; pero el capitalismo también conoce esa necesidad, y la utiliza de manera opuesta para anestesiar esas mismas masas. Fútbol, jetset, o Operación Triunfo, todo está en la misma linea.
Y también las hojas de maría, los gorros jamaicanos y las imágenes de Bob Marley. Los cinturones de pinchos, las A en circulos, y los palestinos.
El mito Che, y aqui está lo interesante, es el paradigma del símbolo de doble cara: tanto el capitalismo como el comunismo lo explotan a utranza. Simboliza la revolución, muestra el camino; pero dada la naturaleza humana, el símbolo supera su significado y utilizarlo ya colma las ansias revolucionarias de sus portadores. El comunismo se alegra de verse tantos seguidores, el capitalismo se alegra de neutralizar a tanta gente.
Lo que acabo de escribir es muy parcial, muy incompleto, y muy discutible. Pero no me apetece releerme y corregirme. Ahí queda.
(solo por leer tu comentario, eh? es que cada frase que leia iba diciendo: que cabron... pues es verad coño...)
