Las exportaciones de armas del G8 fomentan la pobreza y los abusos contra los derechos humanos
Los Estados miembros del G8 están desvirtuando su compromiso de reducir la pobreza, aumentar la estabilidad y fomentar los derechos humanos al llevar a cabo irresponsables exportaciones de armas a algunos de los países del mundo más pobres y asolados por conflictos, según un nuevo informe publicado hoy. Se han exportado armas del G8 a países como Sudán, Myanmar, la República del Congo, Colombia y Filipinas.
Cada año, cientos de miles de personas son víctimas de asesinatos, torturas, violaciones y desplazamientos a causa del uso inadecuado de las armas –ha afirmado Irene Khan, secretaria general de Amnistía Internacional– ¿Cómo pueden tomarse en serio los compromisos del G8 de terminar con la pobreza y la injusticia si precisamente algunos de los gobiernos del Grupo socavan la paz y la estabilidad aprobando deliberadamente transferencias de armas a regímenes represivos, regiones extremadamente conflictivas o países que no pueden permitírselas?
[...]
El informe, titulado The G8: Global arms exporters - Failing to prevent irresponsible arms transfers (El G8: Los exportadores mundiales de armas no evitan las transferencias irresponsables de armamento) expone una serie de lagunas y puntos débiles en los controles de las exportaciones de armas que son comunes a muchos de los países del Grupo, como por ejemplo:
- Las exportaciones militares canadienses a países implicados en conflictos armados o abusos contra los derechos humanos, como vehículos acorazados ligeros y helicópteros a Arabia Saudí y motores de aviación y pistolas a Filipinas;
-Las exportaciones francesas incluidas en la categoría de las Naciones Unidas de bombas, granadas, munición, minas y otros a países sometidos a embargos de armas de la Unión Europea, como Myanmar y Sudán;
- El uso de componentes alemanes en el material militar destinado a países implicados en graves violaciones de derechos humanos, como motores alemanes incorporados a vehículos militares que han acabado en Myanmar;
- La laguna en la legislación italiana que permite que se exporten grandes cantidades de las llamadas "armas de fuego civiles" a países donde se cometen graves violaciones de derechos humanos, como Colombia, la República del Congo y China;
- Las exportaciones rusas de armas pesadas, incluidos aviones de combate, a países cuyas fuerzas han cometido abusos, como Etiopía, Argelia y Uganda;
- La importante ayuda estadounidense a Estados que persisten en llevar a cabo violaciones de derechos humanos, como Pakistán, Nepal e Israel;
- La exportación japonesa de armas pequeñas y ligeras a países con malos expedientes de derechos humanos, como Filipinas;
- La falta de control del material británico que puede utilizarse para torturas y malos tratos y el uso cada vez mayor por parte del Reino Unido de "licencias abiertas" que permiten a las empresas realizar múltiples envíos sin el adecuado examen.
En vista de las numerosas víctimas mortales y de la destrucción masiva de bienes y medios de vida que fomentan las transferencias de armas irresponsables, el G8 debe pasar de las palabras a los hechos presionando para que las negociaciones sobre un Tratado sobre el Comercio de Armas se inicien en 2006. Cualquier otra cosa supondría una lamentable traición para los millones de hombres, mujeres y niños que todos los días son víctimas de violaciones de derechos humanos y de la violencia armada.


