Si quereis leerla en el propio blog este es el planteamiento y estas las conclusiones. Así mismo, las copio una tras otra, por si no queréis leerla en el blog.
Vivir sin noticias
Una de las cosas que percibo cuando vuelvo una temporada a España es la cantidad de noticias a la que me he visto expuesto al final de la jornada. No me refiero a los asuntos en los que mis amigos me ponen al día (Fulano lo ha dejado con Menganita, Zutanito ha salido del armario) sino al bombardeo mediático al que me veo sometido en lo siempre ha sido mi hogar.
En mi casa siempre hemos estado "muy informados": Se compra el periódico todos los días y se ven todos los telediarios. Cuando estamos cenando viendo la edición nocturna de las noticias, me doy cuenta de que nos estamos tragando la misma información que ya comimos al mediodía, y me pregunto si no podríamos apagar la tele y centrarnos en contarnos un poco más de nuestras vidas. Al fin y al cabo, los políticos que ya habían trincado diez millones de euros esta mañana no pueden haber trincado mucho más durante el transcurso del día.
Con la llegada de internet la cosa no ha hecho sino ir a más. Todos los días llegan hasta nosotros miles de titulares que intentamos asimilar con la mayor eficiencia posible. Lo peor de todo no es que las noticias lleguen a nosotros, sino que la mayor parte de las veces salimos a buscarlas activamente. Somos incapaces de establecer una línea entre las novedades que realmente son importantes y las que son superfluas, así que terminamos abriendo la boca a todo lo que llega e intentamos tragar sin que haga bola. El resultado, por lo menos en mi caso, es estrés informativo.
Hace ya algunos meses encontré en la página de Steve Pavlina un artículo titulado Superando la adicción a las noticias en el que precisamente hablaba del tema.
El amigo Steve tiene un sistema de experimentación que se basa (aunque no lo admita) en mis investigaciones sobre los hábitos. Considera que el tiempo necesario para establecer un hábito es de unas tres semanas, incorporándose después de manera completamente normal a nuestra vida. Yo en realidad estoy más por la regla de los 90 días, según la cual, después de 90 días haciendo algo parece que ese algo haya estado ahí desde que por primera vez vimos la luz del día.
En cualquier caso, él da un margen a sus tres semanas y las convierte en un mes, que es una medida redonda y más fácil de manejar. Los treinta días se convierten entonces en lo que llama 30 day trial period. Este lapso de tiempo lo utiliza para tantear nuevas maneras de vivir la vida, probándolas durante un mes y después evaluándolas para ver si la experiencia es digna de ser integrada en su día a día de manera permanente. Así fue como pasó a dormir de manera polifásica durante más de un año, dejó de ver la televisión, terminó haciéndose vegetariano o, en el caso que nos ocupa, decidió dejar de leer los periódicos.
Tengo previsto pasar el mes de noviembre sin leer un periódico y sin ver las noticias, así que en diciembre estaré en disposición de comentar la experiencia de primera mano. De momento, me voy a tomar la licencia de traducir las conclusiones del señor Pavlina después de vivir 30 días sin noticias.
De acuerdo a su experiencia, los primeros días fueron muy difíciles. Tuvo que borrarse los periódicos de la lista de Favoritos porque se encontraba abriendo las páginas prácticamente sin darse cuenta. Consiguió superar las primeras crisis pero no sin titánico esfuerzo. Casi una semana después se dio cuenta de que seguía desesperado por saber lo que pasaba en el mundo. Fue entonces cuando se le hizo obvio que no estaba tratando con un hábito, sino con una adicción.
Según él, las adicciones son una forma de hábito mucho más poderosa porque cumplen la finalidad de satisfacer una necesidad. Esa necesidad es a menudo importante y no debería quedar sin satisfacer, pero lo que convierte a una adicción en peligrosa es su lado destructivo. Su adicción a las noticias satisfacía su necesidad de sentirse en contacto con lo que sucede en el mundo. El efecto secundario negativo era que le estaba predisponiendo a pensar de una manera más negativa y basada en el miedo.
El método básico para sobreponerse a una adicción consta de dos etapas: control y sustitución. Primero te haces con el control temporal de la situación, por ejemplo sometiéndote a un periodo de desintoxicación de 30 días. Después, identificas la necesidad que cubre esa adicción y la intentas sustituir por una manera alternativa y no destructiva de satisfacer esa necesidad.
Después de aproximadamente dos semanas, Steve notó que comenzaba a superar la adicción a las noticias. Desde esa perspectiva privilegiada en la que uno se eleva por encima del laberinto en el que se encuentra y lo ve en perspectiva, confeccionó una lista de observaciones:
Las noticias son predominantemente negativas: ¿Qué titular atrae más tu atención?: ¿"Otro día maravilloso" u "Otro tiroteo mortal en la Ostra Azul"? Para conseguir tu dispersa atención, las noticias tienen que golpearte. En la práctica significa que tienen que asustarte o preocuparte. El encargado del márketing en el mundo informativo se llama Miedo.
Leer noticias es adictivo: Si crees que no, intenta dejarlo durante treinta días. Incluso cuando sólo quieres echar un vistazo a los titulares, terminas leyendo artículos sensacionalistas que carecen de cualquier tipo de valor.
Las noticias son miopes: Los informativos presentan una ilusión de completitud. Uno ve un telediario y tiene la sensación de estar al día de todo lo que ha sucedido en el mundo, pero lo cierto es que esta cobertura es ridículamente pequeña. Existen cada día acontecimientos fascinantes que nunca van a llegar a los periódicos. Después de haberte dado tu empacho de prensa escrita y de informativos televisivos tienes la impresión de estar al tanto de lo que pasa en el planeta. Con millones de personas en el mundo, estás equivocado. No tienes ni idea.
Las noticias son márketing: Piensa esto, no pienses esto otro; ten miedo de esto, preocúpate por esto otro. Sí, todos vamos a morir. Asústame para que compre el producto del patrocinador y me sienta mejor. El calentamiento global no parecerá tan demoledor cuando esté conduciendo mi coche nuevo y enchufándome antidepresivos. Acojóname y luego véndeme la cura.
Las noticias son superficiales: Temas complejos son reducidos a un par de palabras que suenan bien y que llenan el espacio del reportaje. Cualquiera que tenga un cierto conocimiento de un tema en concreto y lo haya visto abordado por una publicación o un telediario se habrá llevado las manos a la cabeza al ver los innumerables errores de bulto en los que se incurre. Un periodista es un experto en todo, algo que por definición no existe. Si te interesa un tema, ahórrate las noticias y compra un libro escrito por alguien que sepa de verdad.
No se puede confiar en las noticias: Empieza a buscar la presión de los grupos políticos y los intereses de las grandes empresas detrás de cada noticia. Es imposible encontrar informativos masivos independientes y con opiniones neutrales.
Las noticias condicionan tu manera de pensar: Esto es de lo que se va a hablar ahora, esto es lo que se va a vestir, así son los guapos y guapas de hoy... Haz lo que te decimos y encajarás perfectamente en esta sociedad que estamos creando. Los telediarios moldean tu opinión.
Las noticias no son importantes: Lo que se te presenta como importante generalmente no lo es. ¿Cuántas de las noticias de hoy recordarás en un año? ¿Puedes siquiera recordar las noticias de hace un mes? El cerebro descarta la mayor parte de las noticias porque en realidad no tienen el más mínimo interés para ti. Lo único que queda es la seguridad de que has de tener miedo, aunque todavía no sabes muy bien por qué.
Las noticias son repetitivas: La mayoría de los informativos son repetitivos, redundantes y dicen lo mismo una y otra vez. Repiten las cosas hasta que las convierten en verdades.
Las noticias son irrelevantes: ¿Cuántas de las noticias que aparecen en la tele son personalmente relevantes para ti? En la práctica, virtualmente, ninguna.
Las noticias no ofrecen interactividad: ¿En la resolución de cuántos de los problemas que te ha presentado la prensa hoy podrías participar activamente ahora mismo?
Las noticias sólo se centran en los problemas: A los informativos les encanta sacar los problemas a la palestra. Te darán detalles de todo lo que va mal con una profundidad pasmosa. ¿Cuántos de los desastres presentados en un telediario has resuelto a lo largo de tu vida? ¿En cuántos de ellos te encuentras trabajando activamente ahora mismo? Los telediarios y los periódicos te impulsan a preocuparte por los problemas pero no a solucionarlos. Si dejas las noticias una temporada te darás cuenta de que dedicas más tiempo a resolver problemas que a preocuparte por ellos.
Las noticias son una pérdida de tiempo: Compara la utilidad de las horas que dedicas a ver y leer noticias con otras actividades y te darás cuenta del poco valor de ese tiempo. Si empleas 30 minutos diarios a informarte en periódicos y televisión, al cabo de un año habrás dedicado a ello un mes laboral (unos 23 días de ocho horas). ¿Realmente resultó tan valioso ese tiempo que dedicaste el año pasado? ¿No lo hubieras podido emplear en hacer nada mejor? ¿Qué tal un mes más de vacaciones?
¿Vale la pena dedicar tiempo a ver telediarios y a leer periódicos? Nuestro amigo plantea algunos escenarios con noticias que en principio no deberías dejar pasar:
Se descubre una nueva cura contra el cáncer. No tengo cáncer, nadie que yo conozca tiene cáncer en la actualidad. Si tuviera cáncer y estuviera siendo tratado ahora mismo, me enteraría del descubrimiento de una nueva cura de fuentes mucho más informadas el periodista experto en todo y que hoy es un oncólogo con barba. La cobertura de los medios en temas médicos es demasiado superficial, y se encuentra tan maleada por la industria farmacéutica, que apenas resulta de utilidad.
Se descubre un nuevo planeta. No soy astronauta ni astrónomo, así que desde mi perspectiva se trata de información poco relevante para mí. Seguro que la noticia es de gran interés para la NASA, pero lo que es de interés para la NASA no tiene por qué serlo para mí. Si de verdad tuviera interés en mejorar mis conocimientos sobre el espacio, adquiriría un par de libros escritos por astrofísicos. Los telediarios ofrecen astronomía para preescolares.
Un nuevo aparato electrónico. Los nuevos gadgets están muy bien, pero próximamente veré a gente con ellos por la calle o en los escaparates de las tiendas. No vale la pena remover toneladas de estiércol en forma de noticia para saber más sobre un cacharro que algún día quizá esté interesado en comprar. Si de verdad alguna vez lo quiero adquirir, entonces empezaré una investigación proactiva.
Actualización sobre el estado de la guerra (la que sea en ese momento). Los combatientes involucrados en la guerra no son ni mis aliados ni mis adversarios. Saber quién ha matado a quién y cómo en un momento particular no es una información necesariamente relevante para mí. Las guerras son asuntos complejos, y la cobertura que el telediario me pueda proporcionar no hace justicia a las verdaderas intenciones y motivaciones que realmente generaron el conflicto en primer lugar. La información que me llega por la televisión y la prensa es demasiado tendenciosa como para que pueda considerarme informado.
Un desastre natural. El huracán Katrina acabó con la vida de algo menos de mil personas. El Tsunami en el océano Índico se llevó por delante casi trescientas mil almas. Grandes desastres, grandes cifras. Lo cierto es que en una semana normal mueren en el mundo un millón de personas, la mayoría de ellas por causas ---hambre o una enfermedad ya olvidada en el primer mundo--- que podrían tener fácil solución si en vez de utilizar el tiempo en preocuparnos por el problema lo empleáramos en resolverlo. ¿Qué importancia tienen unos cientos de muertos por un huracán en comparación con el millón de personas que mueren cada semana por causas evitables? ¿Por qué debería importarme más una persona que muere en Nueva Orleans que otra que muere en algún lugar de África? ¿Porque lo dice la tele?
Después de leer esta exposición realmente uno deja de creer que los informativos tengan alguna utilidad en nuestras vidas. Las noticias frescas vienen ya podridas cuando las compras, y realmente nadie necesita estar al tanto de problemas que no puede resolver. Prefiero ubicar mi cuota diaria de preocupación en los asuntos que yo considere importantes, no en los que me digan que lo son. Si hay un terremoto en mi ciudad, los periodistas estarán tan sorprendidos como yo.
Recuerdo la gripe aviar. De repente estaba en todas partes. El telediario y los periódicos nos bombardeaban a todas horas con noticias de última hora sobre la evolución de la epidemia. Algunos lo comparaban con la peste. De un mes para otro todos íbamos a morir de manera inminente. Los gobiernos se cagaron encima y compraron cantidades ingentes de vacunas falibles a alguien que hizo un gran negocio. Luego, la calma. Todo había pasado, estábamos todos a salvo. Ya no sale en las noticias, ya no existe. Si nunca hubiéramos sabido nada de la gripe aviar, el estado actual de las cosas sería el mismo, sólo que hubiéramos dormido tranquilos por la noche.
Ya no hay SIDA, ya no hay guerra en Irak, ya no hay gripe aviar... Todo eso ya no existe. Bueno, quizá de vez en cuando.
En cualquier caso estoy seguro de que no habré comprendido realmente el alcance de este tema hasta que lo experimente por mí mismo. Es por ello que voy a consagrar el mes de noviembre a vivir sin noticias. Borraré mis Favoritos y me desharé de mis feeds de prensa. A principios de diciembre contaré cómo ha sido la experiencia.
Que alguien me envíe un email si hay que evacuar el planeta
Un mes sin noticias: recapitulando
Hace aproximadamente seis semanas decidía someterme a un mes sin noticias. En esta columna explicaba las motivaciones, que no eran pocas. Éstas se resumen, de manera rápida, en los siguientes puntos:
Las noticias sólo presentan y fomentan puntos de vista negativos sobre el mundo que nos rodea.
Las noticias dan una falsa sensación de control informativo. Uno tiene la idea de estar al corriente de lo que sucede en el planeta, pero la realidad es que no te enteras ni de los trailers de antes de la película.
Las noticias son a menudo simple marketing, y en ocasiones marketing del miedo. Una tele en cada casa es un mando a distancia para cada hogar.
Las noticias son superficiales y rara vez reflejan los hechos tal y como sucedieron.
Debido a la manera en que nos son presentadas, las noticias fomentan una mentalidad negativa y derrotista. Sólo se presentan problemas, y en ningún caso se incita a su resolución.
Las noticias son en su mayor parte repetitivas, irrelevantes y carecen de interactividad. La relevancia de los sucesos depende de lo que haya que contar ese día.
Por todo esto, y para probar cómo se siente uno cuando deja de revisar titulares y de ver muertos en cada comida, decidí pasar el mes de Noviembre sin buscar activamente noticias. El trato era el siguiente: las novedades podían llegar a mí por cualquier medio, pero yo no podía emprender acciones para llegar a ellas tales como escuchar los informativos en la radio, ver los telediarios o leer los periódicos. Tampoco podía, por supuesto, echar mano de sus equivalentes en la red.
Debo confesar que la experiencia me ha resultado mucho más sencilla de lo que había pensado en un principio. Mi página de inicio es Netvibes, una especie de panel que, al margen de otras posibilidades, permite recoger titulares de muchas fuentes de información. Lo primero que hice fue eliminar los periódicos de la lista de favoritos. Después hice lo propio con otros feeds que podían traer información de actualidad del corte de lo que vendría en un periódico. Al final quedaron unas cuantas páginas de novedades relacionadas con el mundo informático, como Barrapunto o Libertonia. Las hubiera eliminado también, pero me interesan para inspirarme a la hora de hacer la tira ecol.
En casa fue fácil. No veo la tele desde que terminó la temporada de fórmula uno, y tampoco tengo ninguna radio desde la Operación Fernseher. Así pues, era complicado que me asaltara la tentación en la calidez del hogar, donde el porno era varios órdenes de magnitud más accesible que las noticias del día.
Los primeros días el mono se dejó notar. Mientras estaba ocupado en el trabajo no había ningún problema, pero en cuanto tenía un rato lo primero era echar mano del navegador e intentar abrir algún periódico. Superado el primer impulso, volvía a la calma. Después de una semana ni me acordaba de que existían las noticias. Me sorprendió lo fácil que había resultado. Supongo que, sin darme cuenta, hacía ya años que venía andando el camino de la tranquilidad.
Una de las cosas que piensa uno cuando se somete a un experimento así es que va a estar "desconectado de la realidad". Lo cierto es que la única manera de desconectarse de la realidad es pegarse un tiro, porque la realidad y las noticias son conceptos muy diferentes. No he echado en absoluto las noticias para nada, y he tenido la oportunidad de disfrutar de la realidad desde una perspectiva mucho más apacible e interesante.
Una de las cosas que más preocupaba a la gente al plantear el experimento, entre ellos a mi padre, era el hecho de no tener de qué hablar con los demás. Creo que se sobreestima el valor de las noticias de actualidad a la hora de iniciar una conversación. En primer lugar a la gente le encanta que la escuchen. Si alguien comienza un diálogo con un "¿te has enterado de que...?", esa persona estará encantada de largarte quince minutos de monólogo para ponerte al día. Tu interés genuino sencillamente redondeará la operación. En segundo lugar, el hecho de no estar al día de temas banales te permite empezar las conversaciones con temas realmente interesantes, lo que en la mayoría de los casos será un punto positivo. Mi padre tacha de La Desiderata la parte que dice "escucha al aburrido y al ignorante", pero sin embargo se preocupa de poder darles conversación. A mí cosas así me confunden.
En ausencia de los instrumentos habituales de captación de información, no tardan en aparecer nuevos canales de adquisición de noticias: las sobremesas, los cafés de media tarde, los emails que te envían los amigos, las llamadas que te hacen tus padres y que aprovechan para comentarte algún asunto de actualidad... Se podría decir que cualquier tema que no sea capaz de llegarte por ninguno de estos medios no tiene ningún tipo de relevancia en absoluto.
El resultado de tanta abstracción es una sensación de bienestar desconocida. Nos hemos venido acostumbrando durante toda nuestra vida a ver fusiles, miseria, cadáveres, tiroteos, accidentes de tráfico, persecuciones policiales, hambre, terror... Todos los días suceden cosas maravillosas fuera de la caja tonta y de los papeles, pero estamos tan condicionados que ya ni podemos identificarlas. A base de olvidar las cosas buenas ya no sabemos ni que forma tienen, y para reconocerlas tenemos que esperar a que la vida nos las señale. La mano apunta a las estrellas y los idiotas miran al dedo.
Lo más grave de todo esto, y a la vez lo maravilloso, es que se trata de una elección que está en nuestra mano y que podemos hacer en cualquier momento. Una tarde llegué a casa y en la caja tonta estaban poniendo el telediario. Los gritos de la novia del Chano me hicieron acudir presto al comedor a ver qué se cocía. Resultó que un chiflado había violado a una menor y, cuando lo habían trasladado al palacio de justicia de Dresden, el tío había aprovechado un descuido para subirse a la azotea del edificio y amenazaba con saltar. La policía, con el rabo entre las piernas, le acercaba con cautela unas mantas y unos bocatas para cenar. En mi casa gritaban indignados y alterados. "Pero... ¿por qué veis estas cosas?" les pregunté yo.
Aquel fue un momento revelador, de esos en los que sale el sol por encima del monolito y con la mano te frotas la barbilla. En aquel instante me pareció que un informativo no era más que un canal de la televisión en el que sólo se mostraban desgracias. Igual que existían programas en los que te enseñaban a hacer una estantería y había otros en los que los videoaficionados grababan a familiares partiéndose la crisma, existían programas en los que sólo se pasaban pequeños cortometrajes cuyo contenido estaba destinado a tocarte los cojones a todos los niveles. Eran los telediarios. La gran noticia era no sólo que se podía cambiar de canal, sino que se podía apagar el televisor.
Ahora mismo, después de un mes sin noticias, no tengo en absoluto la sensación de estar desconectado de nada. En el mundo suceden muchas cosas de las que no tengo consciencia; exactamente igual que hace varios meses. Lo único que he hecho ha sido incorporar unas cuantas cosas más a esa zona crepuscular en la que meto todo aquello que no me interesa demasiado, ya sea la ubicación exacta de Malasia, la guerra en Costa de Marfil o los resultados de la liga de fútbol.
Así pues, tras un mes de desintoxicación informativa y de admirar la realidad desde un punto de vista relajado y privilegiado, he decidido que voy a dejar de buscar titulares todos los días hasta nueva orden. Si alguna vez sucede algo lo bastante gordo como para hacerme cambiar de opinión seguiré narrándolo desde aquí. Mientras tanto me dedicaré a disfrutar de la realidad sin colorantes, conservantes, ni fecha de caducidad.
¿Qué opinais del tema?



