Fede wrote:No veo que hay de malo en los best sellers.
Que no son arte, sino negocio.
Debo reconocer que tengo una particular cruzada contra los best sellers, pero es que, personalmente, no veo qué puede aportarme una obra cuyo único objetivo es alcanzar el número uno en ventas. El autor no transgrede, no se arriesga, no nos cuenta nada nuevo, sino que se subordina al público (probablemente porque no sabe hacerlo mejor) para crear un libro que, lejos de renovar las formas ya establecidas, se dedica a corroborarlas, a repetirlas una y otra vez mediante la misma fórmula: personajes llanos y una acción (generalmente un enigma) que lleva todo el peso de la obra (lo que se narra es palpable, está ocurriendo, y la psicología del personaje, si es que la hay, pasa a un segundo plano)
En definitiva, la literatura de consumo busca lectores pasivos y, para ello, crea tramas en las que la decodificación sea mínima (descifrar un best seller no requiere mayor esfuerzo que leer lo que se cuenta textualmente) De esta manera, consigue "hace leer a quien nunca lee", como habéis dicho por aquí.
Ojo, que no estoy diciendo que esto sea malo, sino que todo depende de las expectativas que uno tenga cuando se pone delante de un libro. Si lo que se espera de éste es, como dice
Rocío, que "te enganche y te entretenga", perfecto. Ahora bien, si lo que te gusta de la literatura es aquello que no se cuenta, lo que hay detrás de las palabras, un best seller rara vez será una buena opción.
A todo esto, debo decir que, aunque puedan gustarme más o menos, ni Grass, ni Saramago, ni Marías (y ni siquiera Reverte

) son el tipo de escritores a los que me refería al hablar de los best sellers.
Zabío wrote:¿Sabes qué es lo que realmente me jode? Que me regalen las mierdas que me regalan ciertos familiares por mi cumpleaños solamente porque sean las más vendidas y parezca que implícitamente tengan que ser buenas. Eso es lo que realmente me jode.
Aquí una a la que por Navidad le tocó
El ángel caído y por el Día del Libro
El niño del pijama de rayas ¬¬' De todas formas, no creo que las editoriales tengan la culpa de la falta de criterio de la gente que, con toda la buena voluntad del mundo, nos regala libros que no nos gustan.